"Invertir en innovación sin fracasar no tiene nada de innovador": estos son los secretos del capital riesgo, según uno de los mayores expertos del mundo

Startups: ilustración sobre éxito y fracaso

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  • Ilya Strebulaev es profesor de la prestigiosa escuela de negocios de la Universidad de Stanford, donde los jóvenes aprenden qué tienen las empresas que entran en Fortune 500, la lista de las compañías que más ingresos generan.
  • Para él, buena parte de la clave de la inversión disruptiva se encuentra en trazar una estrategia que asuma el fracaso a cambio de acertar cuando hay que hacerlo.

No se trata de acertar mucho. Tampoco de fallar poco. Ni siquiera hace falta que los aciertos sean más que los errores: estos últimos pueden ser muchos más que los primeros, de hecho. Eso sí, cuando de verdad llega la oportunidad, hay que acertar. Tan simple, tan definitivo, tan cruel. Es el secreto de la inversión en innovación disruptiva.

Quien postula esta idea no es un advenedizo en el mundo del emprendimiento ni uno de tantos gurús de ideas difusas que se limitan a repetir lo que creen que han escuchado aquí y allí. Se trata del economista Ilya Strebulaev, profesor en la prestigiosa escuela de negocios de Stanford, cuna de una buena cantidad de empresas que hoy figuran en la lista Fortune 500.

Strebulaev se ha dedicado con disciplina monacal durante las últimas dos décadas de su vida a una sola tarea: tratar de entender el mundo del capital riesgo y el emprendimiento

Sus conclusiones verán la luz en mayo del año que viene en el libro The Venture Mindset: How to Make Smarter Bets and Achieve Extraordinary Growth (La forma de pensar de la empresa: cómo hacer apuestas más inteligentes y lograr un crecimient extraordinario), que publicará junto con el empresario de Amazon y McKinsey Alex Dang.

Antes, Strebulaev se acercó el pasado viernes a la sede de Google for Startups en Madrid para compartir parte de sus conclusiones.

Para el experto, el origen de los problemas de los fondos radica en una manera de funcionar ineficiente. Este se resume en un sistema de dos pasos en el que quienes forman parte del propio fondo son los que investigan y un comité de inversión es quien decide si se invierte o no.

"Quien tiene de verdad la información no toma las decisiones. A veces sucede que los que van a proponer una startup se dedican a hablar uno por uno con los miembros del comité para garantizarse su sí. Esto es todavía peor".

Para Strebulaev, la palabra que los fondos deben conjurar es unanimidad. 

La búsqueda de la aprobación de todos y cada uno de los miembros de un grupo heterogéneo de expertos cierra las puertas a las apuestas más controvertidas, que suelen ser las más arriesgadas y, por ende, las que más pueden merecer la pena para los fondos.

"Lo entendí estudiando los casos más exitosos. En 40 años, las mejores apuestas siempre fueron aquellas que despertaron el rechazo de al menos parte del equipo inversor. Cuando en un fondo todos están de acuerdo en que hay que invertir, la empresa en cuestión suele fracasar".

Las leyes de Moore, Metcalfe y potencial: los secretos de la innovación disruptiva

En 1965, viendo la que se avecinaba en el mundo de la computación, el cofundador de Intel Gordon Moore postuló lo que se conoce como ley de Moore, que vino a postular que, a la velocidad a la que avanzaba la tecnología, el número de chips de un microprocesador se duplicaría cada dos años.

El principal efecto de la ley es que los avances tecnológicos con capacidad para cambiar el mundo llegarían con cada vez más frecuencia. Aunque matizada por teóricos posteriores, para Strebulaev los inversores deben considerar la ley de Moore para entender que en cualquier momento puede saltar la liebre.

"Un ejemplo es la IA. Antes, una tecnología revolucionaba solo una industria, pero esta va a revolucionarlas todas. Y solo llevamos 18 meses con ella".

La segunda ley a considerar por los inversores es la ley de Metcalfe, que postula que el valor de una red de telecomunicaciones aumenta a un ritmo proporcional al cuadrado del número de sus miembros. 

En la era de internet, las aplicaciones y las redes sociales, significa que la unión hace la fuerza.

"Una vez vinieron dos alumnos de Stanford a pedirme consejo porque habían desarrollado un algoritmo un 25% más eficiente que la mayoría de las aplicaciones de GPS tipo Google Maps. Les dije que era muy improbable que tuvieran éxito. El motivo es que la fortaleza de Google Maps no viene de lo bueno que es su algoritmo, sino de cómo cruza la información de sus muchos usuarios".

Finalmente, la tercera ley que debe considerar todo inversor, tal vez la más importante, es lo que en español se conoce como ley potencial: postula que, en determinados ámbitos, el primer elemento de un ranking tiene más valor que la suma de todos su seguidores. 

Los fondos de capital riesgo exigen cada vez más cifras que respalden su inversión en startups

Descubierta en el estudio de catástrofes naturales como los terremotos (a más nivel de devastación, menos posibilidad de que ocurran), la ley potencial aplica también en el mundo de los negocios y quiere decir sencillamente que el ganador se lo lleva casi todo. 

"En EEUU, el valor de Amazon es superior al de todos los competidores que vienen por detrás. Pero pasa en más sitios y en más sectores. Detrás de Uber, Cabify y Bolt, ¿hay una tercera empresa de movilidad que ustedes conozcan? ¿Y una cuarta? ¿Y una quinta?", ha preguntado Strebulaev sin hallar respuesta.

Esta última ley, por tanto, debe ser, a ojos del experto, la que guíe la manera de actuar de todo fondo. 

"Salid de las cuatro paredes de la oficina, hablad con los clientes. En estos 20 años, todas las historias de éxito son muy distintas entre sí, pero tienen un factor común: todo sucede fuera", ha animado finalmente el profesor de Stanford. "Al fin y al cabo, si invierto y pierdo, pierdo 1x lo que haya invertido. Sin embargo, si dejo de invertir en Apple, pierdo 10.000x lo que haya dejado de apostar. Invertir sin fracasar no tiene nada de innovador".

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