Dejé de tomar café durante una semana y tengo claro que es algo que no volveré a hacer jamás

  • ¿Necesitas el café para mantenerte despierto? ¿Necesitas café para ser más productivo? Mucha gente cree que es el café lo que les ayuda a aguantar el ritmo desde por la mañana, pero ¿es realmente así o es algo que está en su cabeza?
  • Me encanta el café y me tomo al menos una taza de café al día, pero siempre me he preguntado cómo sería mi vida si no tomara café. Esto es lo qué pasó cuando dejé de tomar café durante toda una semana.
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Esta es la transcripción del vídeo.

Abby Tang: Esta semana ha sido horrible. Lo he pasado y no volveré a hacerlo.

Me llamo Abby. Me encanta el café y voy a dejarlo durante una semana porque Business Insider me obliga a hacerlo. Tomo café todos los días, varias veces y de distintas maneras: frío, caliente… Y voy a intentar dejarlo, creo. No tengo ni idea de cuántas tazas me tomo al día. Es como que tengo muy presente rellenar la taza constantemente. En casa, es mucho más difícil porque tengo que hacerlo yo misma y me da pereza, por lo que me hago mi café en la ‘French Press’ y ya está. Creo que equivale a unas cuantas infusiones frías. Puedo bebérmelo frío mucho más rápido, lo cual es peligroso porque a lo largo del día tomo mucho café y es cuando hablamos del doble de café que se ingiere el doble de veces… Acabo bajando la productividad general de mi equipo. Mi mayor reto va a ser conseguir no beber café. Me costará empezar el día sin tomarme una taza. Mañana será mi primer día sin café. No me entusiasma demasiado la idea, es bastante triste, pero seguro que estaré demasiado cansada como para quejarme.

Hoy ha sido mi primer día sin café. Si tengo que ser sincera, no me he acordado mucho de él. No he podido tomar café porque estoy muy enferma. Lo más duro de no haber podido tomar una taza de café lo he sufrido sobre las 3 de la tarde, cuando me he dado cuenta de que tenía que seguir trabajando. Pero, a medida que vaya avanzando la semana y me encuentre mejor, me irá sentando peor no poder tomar café. Creo que iré a peor.

Es el tercer día sin café. Ya no estoy enferma y siento la ausencia de la cafeína. Justo después de comer es cuando suelo tomarme el segundo o el tercer café del día. Y hoy no he podido hacerlo, así que casi me duermo encima de la mesa. Solo pienso en retomar esa costumbre. Hacia las dos o las tres de la tarde es cuando empiezo a perder la concentración. Hoy me siento bastante más cansada por la tarde. Es entonces cuando quiero un café para aguantar el día. Lo quiero justo cuando llego al trabajo. Es parte de mi rutina: escritorio-cocina-escritorio. Luego me suele apetecer inmediatamente después del almuerzo porque suelo comer bastante y me entra el sueño, así que tengo que combatirlo con otra taza de café. La primera es la más fácil de saltarme porque hay más cosas que hacer al principio del día y eso me mantiene distraída.

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Todo el mundo a mi alrededor bebe café. La que está a la derecha de mi mesa tiene un café. Tiene un escritorio para estar de pie y yo no estoy de pie, lo que deja el café justo a la altura de mis ojos, es una auténtica tortura. Puedo olerlo. Puedo verlo. Por alguna razón, hoy la gente tiene tazas de café de tamaños monstruosos. Parece que es para torturarme. No quiero pasar muchos días más sin café, estoy deseando acabar con esto.

El plan era levantarme sobre las 9 y empezar a ordenar mi apartamento. Ahora son las 11:30 y no puedo superar esta acumulación de cansancio sin una taza de café.

Esta semana ha sido diferente de lo que pensé que sería. No es que las cosas se pusieran muy difíciles para que luego saliera todo bien. Algunos días fueron más difíciles que otros. Los días que pasé en casa fueron los más duros porque no tenía nada en lo que concentrarme más allá de estar deseando constantemente un café. Lo mismo me pasaba alguna que otra tarde en el trabajo, sobre todo porque interrumpía mi rutina. A veces estaba más cansada, pero creo que el mayor obstáculo a superar era simplemente no tener esa taza de café como parte de mi día. Llegaba al trabajo por la mañana, no me tomaba mi café e inmediatamente me ponía de mal humor. Y, luego, acabar el día también se me hacía difícil porque estoy acostumbrada a tener ese segundo estímulo. Era como “realmente no quiero hacer esto, pero tengo que hacerlo”. 

Ha sido más un cambio de actitud que un cambio de productividad. Tuve menos dolores de cabeza esta semana, casi ninguno, probablemente porque he bebido más agua y he reducido la cafeína. Dicho esto, sigo queriendo café. La gente seguía escondiéndome el café, así que al menos sé que no hice que otras personas se sintieran incómodas durante todo este proceso mientras yo misma estaba incómoda. No quiero borrar el café de mi vida. El café y yo somos así, y aún no estoy dispuesta a perder esa relación.

Gracias. Es perfecto, el que se toma con hielo es el mejor.

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