Tesla no es Apple, Elon Musk no es Steve Jobs y sus coches no son el próximo iPhone

Asia Martin
| Traducido por: 
Ilustración Elon Musk Apple

Chip HIRES/Gamma-Rapho via Getty Images; Rebecca Zisser/Business Insider

  • Analistas y expertos del sector han comparado a Tesla y a su CEO, Elon Musk, con Apple y Steve Jobs.
  • Pero las similitudes entre Tesla y Apple son superficiales.
  • Las diferencias clave entre las dos empresas y líderes son la razón por la que las comparaciones deberían cesar.
Análisis Faldón

Sobre el papel, Apple y Tesla tienen mucho en común.

Apple no inventó el smartphone y Tesla no inventó el coche eléctrico, pero cada una ha sabido seguir las visiones peculiares de sus máximos responsables para remontar el vuelo y convertirse en parte integral de sus respectivos mercados.

A lo largo de los años, expertos de Wall Street como Gene Munster, de Loup Ventures, y Morgan Stanley han llegado a calificar a Tesla como la Apple de la industria automovilística; algunos analistas incluso se han preguntado si Tesla sería más valiosa que Apple en 2030.

Más recientemente, sin embargo, las comparaciones han empezado a desmoronarse. La adquisición de Twitter por Musk, y su comportamiento en la propia red social, ha espantado a los inversores de Tesla, ya que sus acciones cayeron un 65% en 2022.

Lo que debería preocupar más a los inversores es que cada día está menos claro cómo la propia Tesla puede seguir siendo competitiva en un mercado de vehículos eléctricos que crece rápidamente y que corre el riesgo de dejar atrás a la empresa.

Es decir, mientras Steve Jobs dirigía Apple con mano firme y coherente (aunque ciertamente imperfecta), el estilo de liderazgo errático de Musk y su personalidad extremadamente pública demuestran que las dos leyendas de la tecnología tienen muy poco en común. Y eso es un gran riesgo para el negocio automovilístico de Tesla, que ha dado muestras de no tener el poder de permanencia del iPhone. 

Tesla no es la próxima Apple

Tanto Apple como Tesla tuvieron la ventaja de ser las primeras, otra de las razones por las que a muchos analistas les gusta establecer paralelismos entre las dos marcas. Pero hay diferencias clave entre ellas.

Cuando Tesla lanzó su primer modelo, el Roadster, en 2008, fue uno de los primeros vehículos eléctricos del mercado, pero aún le quedaban años de lucha en el infierno de producción y algunos apuros financieros

Cuando Tesla sacó al mercado los coches eléctricos más vendidos, el Tesla Model Y y el Tesla Model 3, tenía una cuota de mercado dominante en Norteamérica.

Pero ese liderazgo se ha erosionado rápidamente. En 2020, Tesla tenía el 80% del mercado estadounidense de vehículos eléctricos. En 2021, Tesla tenía el 71%. En 2022, la cuota se redujo al 64%. Como el mercado estadounidense por fin empieza a ver competidores reales contra Tesla, S&P Global Mobility pronostica que su cuota de mercado se reducirá al 20% en 2025.

La reducción de la cuota de mercado no es desastrosa para Tesla: parte de la razón por la que la cuota de mercado de Tesla se reducirá es que todos los fabricantes de automóviles venderán muchos más vehículos eléctricos. Pero muchos inversores apostaron por las acciones de Tesla porque veían el mercado de los vehículos eléctricos como un mercado en el que una sola empresa como Tesla podría hacerse con la mayoría del mercado y controlarlo.

Apple, que debutó con el primer smartphone de venta masiva, fue capaz de mantener su dominante cuota de mercado en Estados Unidos incluso cuando competidores más baratos empezaron a inundar el mercado. No está muy claro que Tesla pueda hacer lo mismo.

Por un lado, la industria automovilística, al margen de los vehículos eléctricos, está muy fragmentada. El mayor fabricante de automóviles del mundo, Toyota, solo tenía una cuota de mercado del 10,5% en 2021, nada que ver con el 55% de cuota de mercado que Apple tiene en Estados Unidos.

 

Un coche no puede ser un iPhone

Como señaló Paul Krugman el mes pasado en su columna del New York Times, una de las razones por las que el iPhone resiste a la competencia son los beneficios de los efectos de red: "Todo el mundo usa sus productos porque todos los demás usan sus productos".

En su newsletter, el economista Noah Smith daba un ejemplo del efecto de red de Apple: los desarrolladores crean apps para iOS porque hay un gran número de usuarios de apps. Los clientes compran iPhones porque existe un amplio y dinámico ecosistema de aplicaciones.

Es mucho más difícil que Tesla consiga el mismo tipo de efecto de red simbiótica con sus propios coches.

Como señala Smith, Tesla intentó crear una red nacional de estaciones de Supercargadores que ofrecían una recarga mucho más rápida, pero solo a los propietarios de Tesla. Sin embargo, la amenaza de intervención gubernamental (y la promesa de financiación pública) fue suficiente para convencer a Musk de que abriera las estaciones de Supercargadores de Tesla a todos los propietarios de vehículos eléctricos.

Y aunque el sistema de infoentretenimiento de Tesla tiene algunas aplicaciones exclusivas y ofrece actualizaciones de firmware automáticas, es poco probable que su oferta de software consiga fidelizar a los consumidores del mismo modo que los propietarios de iPhone se resisten a pasarse a Android. 

Elon Musk

Elon no es Steve Jobs

¿Pero qué pasa con el CEO transformador de Tesla? 

Elon fue comparado con Jobs porque los medios de comunicación necesitaban un nuevo CEO, un hombre blanco de mediana edad y profeta tecnológico, tras la muerte de Steve Jobs. Musk parecía encajar, hasta que dejó de hacerlo. Musk es más errático, más distraído y menos dispuesto a delegar de lo que nadie pudo prever en su momento. 

Jobs tomó decisiones que protegían su producto estrella, el iPhone, que genera la mayor parte de sus ingresos, incluso cuando sus competidores intentaban arrebatarle su puesto como principal teléfono estrella.

En un momento en que Musk debería estar haciendo lo mismo, se encuentra envuelto en una interminable debacle en Twitter, con un creciente coro de analistas gritando que la obsesión de Elon Musk por Twitter está perjudicando a Tesla.

Mientras tanto, Tesla ha incumplido sus objetivos de producción, se ve obligada a ofrecer grandes descuentos para vender coches y ve cómo sus competidores sacan nuevos modelos con mejores precios y mejores críticas.

Puede que Tesla no inventara el iPhone, sino la BlackBerry: una innovación valiente que cambió radicalmente el sector y creó una apasionada base de fans, para luego ver cómo su cuota de mercado era barrida por la competencia.

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