Lo único que entiende Elon Musk sobre Twitter es cómo cargárselo

Twitter inteligencia colectiva

Rachel Mendelson / Business Insider

  • Elon Musk ha declarado que Twitter es una "superinteligencia cibernética colectiva". Eso revela lo poco que entiende sobre su nuevo juguete.
  • El multimillonario no parece entender que Twitter no puede convertirse en un cibergenio colectivo si él, como dueño, no le deja tener mente propia.

A principios de noviembre, cuando comenzaron los despidos masivos en Twitter y se multiplicaron las cuentas parodia con tick de verificación haciendo temblar el negocio publicitario de la compañía, el nuevo dueño se puso farruco. A las 1:13 horas de la madrugada de un jueves, Elon Musk tuiteó lo siguiente:

"Debido a que se compone de miles de millones de interacciones bidireccionales al día, se puede considerar a Twitter como una superinteligencia colectiva y cibernética".

Se trata de una idea bastante descabellada, dado todo el caos que potencialmente puede acabar con la empresa y que Musk se estaba preparando para infligir en Twitter. . Pero también reveló algo importante sobre su proceso de pensamiento. Musk lleva mucho tiempo preocupado, de forma muy pública, por los peligros que las superinteligencias cibernéticas todopoderosas podrían suponer para la humanidad. Así que se podría pensar que si Twitter fuera una de ellas, eso habría sido lo primero en su lista de razones para no gastar 44.000 millones en comprar la empresa.

Tal vez no percibiera esa advertencia en particular hasta que fue el emperador. O tal vez el precio que pagó por Twitter no fuera lo único elevado.

En cualquier caso, Elon Musk había tropezado con un marco teórico interesante. Las bandadas de pájaros, los bancos de peces, los rebaños de ganado, los enjambres de abejas, incluso los tumores, los cerebros y, a veces, los drones y los programas informáticos —lo que podríamos llamar colectivamente "colectivos"— hacen cosas extraordinarias cuando trabajan al unísono.

Así que Musk estaba pensando en algo grande. Los biólogos, antropólogos y teóricos de la información creen que las redes sociales, como la app de Musk, muestran al menos algunos signos de ser rebaños. En una red social, todos los me gusta y favoritos, los seguidores y los retuits y los compartidos, nos convierten a los usuarios individuales en algo más grande, más inteligente y más raro. Los científicos confían en que los mecanismos de este funcionamiento puedan ayudar algún día a dominar los aspectos más desagradables de las redes sociales: la polarización, la desinformación, el acoso y el nazismo. 

Entender Twitter como un colectivo podría hacer que las redes sociales sean menos polarizantes y más útiles.

Pero la cuestión es que no creo que eso sea lo que Musk quería decir. Y desde que lanzó la idea de Twitter como una inteligencia colectiva, ha ido equivocándose en todas las implicaciones de ese pensamiento tan amplio. En un nivel básico, él simplemente no entiende lo que ha comprado, o cómo funciona. Y tanto si Musk consigue mantener el equilibrio como si lo hace añicos, su profundo desconocimiento debería preocuparnos aún más de lo que ya lo estamos por el futuro de las redes sociales. 

Si Twitter es un supercerebro colectivo, ese supercerebro podría ser sociópata.

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La resistencia es inútil

He aquí una frase escalofriante: Elon Musk tenía razón.

Un grupo de individuos que actúan aparentemente al azar se convierte en un colectivo cuando sigue un conjunto de reglas sencillas, como "ve hacia la derecha cuando el que está más cerca de ti vaya a la derecha" o "haz un sonido de alarma cuando oigas un sonido de alarma". A partir de estos minúsculos conjuntos de instrucciones, surgen espontáneamente todo tipo de complicadas acciones cooperativas (caza en manada, migraciones), como un tejedor que crea un intrincado patrón de tela de sarga con sólo repetir un par de simples movimientos de su telar. Los científicos lo denominan comportamientos emergentes.

Sin embargo, para que estos comportamientos surjan, los animales tienen que comunicarse. Los peces y los pájaros utilizan señales visuales sobre lo que hacen sus vecinos —girar a la izquierda, bucear rápido, lo que sea— para crear las preciosas murmuraciones fluidas de los estorninos o las rápidas ondulaciones en masa de los bancos de anchoas. Las hienas utilizan sonidos para comunicarse. Las hormigas dejan rastros de feromonas. 

¿Y las personas? Tenemos el lenguaje. Así intercambiamos información.

Los grupos de animales, como este banco de 50.000 sardinas, pueden actuar de forma sofisticada y unida basándose en unas pocas y sencillas reglas de comportamiento, como "evitar al tiburón".

En ese sentido, las redes sociales son sin duda colectivas. ¿En qué otro lugar se comunican tantos humanos con otros tantos humanos que en Twitter y Facebook y TikTok? Son colectivas, y surgen cosas como los memes virales o las primaveras árabes. "El comportamiento colectivo se produce allí donde hay reglas de interacción entre individuos. Se producen comportamientos emergentes", dice Joe Bak-Coleman, investigador del Centro Craig Newmark de Ética y Seguridad Periodística de la Universidad de Columbia, que estudia estas cosas. "Pero eso es muy diferente a la pregunta de, a estas escalas tan grandes, ¿estamos procesando información y tomando buenas decisiones?".

El tuit de Musk atrajo la atención de Bak-Coleman porque lleva años trabajando en la idea de que comprender la naturaleza colectivista de las redes sociales podría mejorarlas. Sí, las personas se comunican en las redes sociales. Pero el giro, advierte Bak-Coleman, es que "las redes sociales cambian la forma en que se propaga esa información". Nuestras palabras llegan más lejos, más rápido. No recibimos ninguna de las señales de fiabilidad que nuestros cerebros han evolucionado para buscar. Si el que está más cerca de ti dice "tiende a ir a la derecha", puede que sólo esté intentando engañarte para que votes a Donald Trump.

Y como todos somos más propensos a difundir señales que son nuevas, sorprendentes o cargadas a nivel emocional, la desinformación y la ira se mueven más rápido en internet que la verdad o la belleza

Pero hay un lado positivo. Como Bak-Coleman y un grupo de colegas señalaron el año pasado en un artículo titulado "Stewardship of Global Collective Behavior", todas esas ideas que circulan tan amplia y rápidamente significan que un simple ajuste podría hacer que una red social fuera mucho más agradable. Todo lo que se necesita es pisar el freno: añadir un poco más de fricción al sistema, dificultando mínimamente que cualquier expresión individual se convierta en viral.

En la mayoría de las redes que funcionan bien, las señales empiezan a degradarse después de sólo tres o cuatro grados de separación. Los amos y señores de Twitter o Facebook podrían configurar sus sistemas para que, cuando una idea amenace con infectar internet, los interruptores se cierren. Piénsalo como el uso de mascarillas y la ventilación, pero para hacer frente a los memes. Las ideas frescas podrían tardar un poco más en propagarse. Pero los gérmenes se acabarían filtrando.

El deseo de un mejor sistema de filtrado puede ser la razón por la que tantos usuarios de Twitter están yéndose hacia la nueva red social Mastodon como si fueran botes que huyen de una gran embarcación que se hunde. Los numerosos servidores (o "instancias") de Mastodon, cada uno con sus propias reglas de comportamiento, hacen que la comunicación a gran escala sea algo menos fácil que en Twitter. Esto se traduce en una especie de "antiviralidad", como dice el escritor especializado en tecnología Clive Thompson. La red no favorece la velocidad ni la distancia, lo que hace que la experiencia general sea más agradable.

Pero Musk no está haciendo nada de eso. Sí, se ha dado cuenta de lo que es Twitter. Pero no ha entendido cómo funciona, ni por qué.

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El logo de Mastodon.

Las reglas no son simples

Lo que nos lleva a una frase más conocida: Elon Musk se equivocó. 

Las comunidades sólo surgen cuando siguen reglas simples establecidas por la física y la biología: cuando el propio grupo decide un curso de acción. Pero las redes sociales están construidas sobre raíles, gobernadas por algoritmos, lo que interfiere en la autoorganización. Musk no parece entender que Twitter no puede convertirse en un cibergenio colectivo si él, el dueño, no le deja tener mente propia.

"El tuit de Elon es, básicamente, una apología de la mano invisible sobre el comportamiento social", dice Bak-Coleman. "¿Simplemente conectamos a todo el mundo y la mano invisible de la inteligencia colectiva dará paso a una utopía con libertad de expresión y sin violencia? Eso podría sonar bien en el podcast de Joe Rogan para un oyente fumado, pero no se diferencia de la afirmación de que la economía se arreglará por sí misma".

Al igual que una economía, las redes sociales tienen reglas y normas. Y las normas actuales de Twitter están diseñadas para potenciar los conflictos.

Al igual que una economía, una red social tiene reglas y normas. Y las reglas actuales desplegadas por Twitter y la mayoría de las otras redes sociales dominantes están diseñadas para potenciar sutilmente el conflicto. El termostato está un poco alto; las sillas son un poco estrechas. ¿Por qué? Porque todas esas opciones algorítmicas nos obligan a hacer clic. "Aumentan el engagement y explotan nuestra atención para enviarnos anuncios, con los que interactuamos y compramos cosas, y eso genera ingresos para la web", dice Bak-Coleman.

Ningún grupo puede desarrollar una cognición colectiva si todos sus miembros se están trolleando unos a otros. "Un cerebro que se pelee entre sí y sea incapaz de llegar a un consenso sería incapaz de funcionar", dice Iain Couzin, experto en comportamiento colectivo y director del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal de la Universidad de Konstanz. "En Twitter no opera la selección natural, así que la analogía falla. Facebook, Twitter... todas las redes sociales humanas no tienen esa propiedad".

En esta construcción, una red social podría haberse convertido en una superinteligencia colectiva, si los inversores la hubieran dejado a su —¿nuestra?— suerte. Pero los algoritmos y los anuncios que la hacen rentable excluyen la posibilidad de una cognición colectiva emergente. Matan a la superinteligencia en su infancia, y en su lugar obtenemos una máquina muda optimizada para extraer beneficios de nuestra atención.

El sentido común

La verdad está probablemente en algún punto intermedio. Tal vez Musk tenía razón, pero se equivocó en la forma de tenerla. Una red social sobre raíles algorítmicos podría ser un supercerebro emergente y también ser terrible, es decir, una superinteligencia cibernética extremadamente dura en la búsqueda de beneficios.

La naturaleza de la superinteligencia de Twitter, como la de Musk, sigue siendo una cuestión de fe.

La ciencia de la colectividad sugiere que las redes sociales tienen dos sabores: amable y gentil, o rentable. Piensa en todos los diferentes enfoques de las redes sociales: vídeos cortos, artículos largos de blogs, textos cortos, imágenes fijas, con o sin moderación, anónimos, etc. Hasta ahora, todas las que tienen fines comerciales han acabado siendo un caos. Pero incluso los principales expertos en la materia son los primeros en reconocer que no saben realmente por qué es así, ni cómo solucionarlo. 

"No tenemos ni idea de lo que produce la inteligencia colectiva entre los seres humanos, especialmente a gran escala", dice Duncan Watts, un científico social computacional de la Universidad de Pensilvania que ha trabajado como investigador en Yahoo y Microsoft. Encontrar alguna técnica para domar las redes sociales sería estupendo, por supuesto: "Es una cuestión superimportante, tanto para la ciencia como para la sociedad", dice Watts. "Pero está tan lejos de lo que la mayoría de las ciencias sociales han determinado que no estoy seguro de que sepamos nada útil".

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Estudiar los colectivos es una tarea difícil. ¿Y cuando las redes son gestionadas por empresas cotizadas y tienen 100 millones de usuarios? Olvídate de ello. "Tenemos cero pistas", reconoce Bak-Coleman. "Bueno, ni idea. Pero si Elon Musk decidiera que el actual sistema de recomendación es malo, digamos, y lo sustituyera por un sistema completamente nuevo, y compartiera el código y los datos con los científicos, y nos diera un año y medio con él, aún no podríamos decirte cómo afecta eso a una democracia."

Couzin dice más o menos lo mismo. "Sería útil que hubiera una apertura sobre estos algoritmos", dice. "Hay un aspecto ético interesante en el control, en los botones sutiles que tienen para controlar la estructura de la información".

Entonces, ¿qué hizo Musk en cuanto se hizo con el control de Twitter? Despidió al equipo que estudia estas cosas y comparte los datos con investigadores externos. Así que la naturaleza de la superinteligencia de Twitter, como la de Musk, sigue siendo una cuestión de fe.

Por desgracia, estamos todos juntos en esto

La prueba más tentadora que apoya la proposición de que Twitter es una superinteligencia positiva, mejorada y emergente viene, quizás irónicamente, de lo que parece ser su acto final: el hecho de que tanta gente la está abandonando.

Una de las cosas más básicas que hace un colectivo es moverse, ya sean bacterias que atacan un nuevo órgano o elefantes que caminan hacia el agua. Así que la forma en que todo el mundo en Twitter parece estar caminando a duras penas por el terreno digital hacia Mastodon, dice Couzin, "es una migración colectiva, que comparte muchas de las características que vemos en las redes de animales".

Pero no una red animal cualquiera. En concreto, todos actuamos como abejas que buscan un nuevo nido. Cuando una colmena se rompe, un enjambre de abejas envía exploradores con las instrucciones para encontrar el nido perfecto grabadas en sus cerebros, como el tamaño de la entrada, la ubicación, los metros cuadrados, etc. Los exploradores son los agentes inmobiliarios del mundo de las abejas. Encuentran sitios potenciales y luego vuelan de vuelta al grupo de abejas que buscan un nuevo hogar, donde argumentan su caso. Bailando.

La coreografía de cada explorador indica la dirección y la distancia del lugar que está promocionando. Cuanto mejor sea el lugar, más tiempo y más vigorosamente baila el explorador, reclutando a otros exploradores y abejas no exploradoras para sus movimientos. La escena acaba convirtiéndose en un concurso de baile de toda la colmena - "Step Up: El enjambre", hasta que sólo queda un equipo. Todas las abejas se alinean en un enorme número de Bollywood del colmenar que también enseña a todos las coordenadas del nuevo nido. Luego, todas se van zumbando.

Así que: ¿Ser o no ser abeja? Con Musk, Twitter ha entrado en la fase de baile. Probablemente paso demasiado tiempo allí, pero mi experiencia de las últimas dos semanas ha sido la de una abeja que ve regresar a los exploradores. Algunos se acercan a Mastodon; otros se acercan a Cohost. Incluso he aprendido algunos pasos de baile nuevos. Me entristeceré si la superinteligencia de Twitter empieza a cantar una versión kubrickiana de "Daisy" e implosiona en un montón de chips aislados que se derriten. Pero estoy deseando formar parte de un nuevo colectivo, dondequiera que decidamos ubicar nuestra próxima mente-colmena.

La analogía no es perfecta, por supuesto. Y como los científicos se apresuran a señalar, no se puede equiparar a las personas con los insectos. "Los humanos", dice Couzin, "son mucho más inteligentes que las abejas".

Sí. Claro que lo somos.

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