La inflación vuelve a apretar en mayo por la subida de gasolina y alimentos, y la tasa subyacente se dispara al 4,9%, marcando un máximo desde 1995

Compra en supermercado y ticket con precios

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La inflación vuelve a apretar en mayo, después de un abril en el que parecía haber tocado techo.

El precio de los productos aumentó un 8,7% interanual en mayo, según el avance del IPC publicado hoy por el INE. Se trata de una subida mayor al 8,3% de abril, cuando parecía que las subidas empezaban a calmarse, tras dispararse un 9,8% en marzo, un máximo no visto desde 1985.

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Según el INE, este pico de nuevo se debe al encarecimiento de los alimentos, las bebidas no alcohólicas y la gasolina. En cambio, el precio de la luz sí ha bajado respecto al año pasado.

La semana pasada, la gasolina en España tocó un nuevo máximo histórico al situarse en 1,94 euros por litro, una cifra inédita por segunda semana consecutiva. Aún así, el consumidor no percibe completamente este repunte por la rebaja de 20 céntimos por litro en el precio de la gasolina que aprobó el Gobierno.

La alerta ahora está en la inflación subyacente

Sin embargo, ahora la alerta está en la inflación subyacente, que en mayo se disparó al 4,9%, un máximo no visto desde 1995. En abril fue del 4,4%, y enero, la tasa era la mitad, y estaba a niveles de 2012.

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Esto es un signo de alerta, porque indica que las subidas de precio podrían estar contagiándose a otros sectores de la economía.

La inflación subyacente mide cuánto se han encarecido de media los productos sin tener en cuenta la energía y los alimentos no elaborados. Es como sacar estos 2 elementos de la cesta de la compra para calcular cuánto más nos cuesta consumir cada mes.

La razón por la que se excluyen energía y alimentos no elaborados del cálculo es porque, en comparación con otros bienes y servicios, son enormemente volátiles. Su precio sube y baja constantemente influido por factores tan cambiantes como el propio clima (si hay heladas, mucho viento o sequías, por ejemplo).

Qué es la inflación subyacente y por qué es un peligro que se incruste en la economía

Cabe recordar que la inflación subyacente en enero, hace sólo 4 meses, era casi la mitad, del 2,4%. La escasa diferencia entre la tasa general y subyacente es peligrosa, porque si la inflación no se modera ni siquiera excluyendo los productos que más suben, significa que el descontrol de precios ya podría haber contagiado a otros segmentos de la economía. 

"La persistencia de las presiones inflacionistas durante más tiempo del previsto tiene un límite, y parece que ese límite ha llegado. Contener esta inflación (subyacente) es un proceso más complejo", avisa María Romero, socia directora de Economía de Analistas Financieros Internacionales (Afi).

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