La 'otra' inflación de la que nadie habla: los cargos en las empresas son cada vez más rimbombantes, y la generación Z tiene gran parte de la culpa

Aki Ito
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Los asociados han pasado a 'socios' y cualquiera es 'vicepresidente ejecutivo senior'. ¿Por qué se han vuelto tan rimbombantes los puestos de trabajo?

iStock; George Marks, Sellwell, C.J. Burton/Getty images; Robyn Phelps/Insider

  • La nomenclatura de los puestos de trabajo se ha desdibujado hasta tal punto que ya no significa lo mismo en todas las empresas.
  • Algunas, como Goldman Sachs, reconocen tener entre su plantilla a unos 12.000 vicepresidentes, un título con una intención puramente comercial: así, el cliente tiene la impresión de que quien le atiende goza de mucha autoridad.

En 1993, el Financial Times publicaba una columna en la que se lamentaba de lo ostentosos que eran los puestos de trabajo que estaban apareciendo en Estados Unidos y Reino Unido. "Puede que la inflación monetaria esté bajo control en Gran Bretaña, pero no puede decirse lo mismo de los cargos en las empresas", escribió Adrian Furnham, profesor del University College de Londres. 

"Casi todos los estadounidenses mayores de 23 años parecen tener el título de 'vicepresidente ejecutivo' grabado en sus tarjetas de visita", añadió.

Pero esto es lo que pasa con la inflación: nunca se acaba. Según un nuevo análisis de 2,4 millones de anuncios de empleo realizado por Datapeople, los cargos laborales en EEUU son todavía más pomposos hoy de lo que eran en la época en la que Furnham alzó la voz contra la infinita lista de cargos que habían empezado a inundar el panorama empresarial. 

Desde 2019, las empresas han triplicado el uso de la palabra "líder" en los empleos tecnológicos de menor rango, han aumentado el uso de "director" en un 57% y han reducido el de la palabra "junior" a la mitad. "Me chocó lo radical que ha sido", afirma Maryam Jahanshahi, responsable de I+D de Datapeople. "La tendencia está proliferando en muchos tipos de trabajo".

Pero, ¿qué lleva a las empresas a nombrar estos cargos de forma cada vez más ostentosa? Son 4, los factores que alimentan esta tendencia:

1. Estafar a los empleados respecto al pago de las horas extras. La ley obliga a las empresas a pagar a los trabajadores las horas extraordinarias, a menos que estén clasificados como personal directivo asalariado en Estados Unidos. Aquí, en España, sucede lo mismo con el personal de alta dirección. Las compañías se aprovechan de esta laguna legal para conceder títulos importantes a trabajadores con salarios bajos. 

En un estudio publicado en enero, investigadores de Harvard y de la Universidad de Texas descubrieron que algunos asistentes de recepción son ahora "directores", mientras que los miembros del personal de limpieza se han transformado en "encargados". 

El ahorro es considerable: el estudio calcula que las empresas utilizan los cargos para dejar de pagar a los empleados 4.000 millones de dólares al año en horas extras solo en Estados Unidos.

Los expertos esperan que las empresas tecnológicas desembolsen más dinero para reforzar los paquetes retributivos.

2. Contratación y retención de profesionales. En los puestos mejor pagados, los empresarios recurren a inflar los títulos para atraer a candidatos de mayor nivel y evitar que los empleados abandonen el barco. En comparación con otros alicientes, como sueldos más altos y mejores prestaciones, añadir un "senior" al cargo sale gratis. 

Esta práctica se ha hecho especialmente común durante la Gran Renuncia, que ha dificultado la retención de talento. "Como el mercado está tan ajustado, muchos jefes de contratación se están poniendo creativos con los métodos para atraer a los mejores talentos", explica Michelle Reisdorf, jefa de zona de la empresa de selección de personal Robert Half.

3. Hacer que el personal subalterno y de nivel medio parezca más importante para los clientes externos. Por eso los bancos de inversión dan el cargo de vicepresidente a casi todo el mundo, para dar un aire de autoridad a los banqueros novatos cuyos clientes suelen ser mucho mayores. 

Goldman Sachs reveló en una ocasión que emplea a casi 12.000 vicepresidentes, un tercio de toda su plantilla. El año pasado, Ernst & Young (EY) dio a sus asociados en Reino Unido el título de "socio", con la esperanza de que les ayudara a ampliar el negocio. (El nuevo título no supuso una subida salarial ni la entrega de un paquete de acciones).

He oído hablar incluso de empresas que mantienen una base de datos con 2 cargos para cada empleado: uno normal para fines internos y otro inflado que los comerciales —perdón, los directores de desarrollo de negocio— utilizan en sus llamadas a los clientes. 

Un reciente estudio de marketing descubrió que la táctica funciona, incluso cuando la utiliza la inteligencia artificial. Cuando un chatbot se presentaba como "encargado de atención al cliente" en lugar de "personal de atención al cliente", la gente lo considera más simpático, digno de confianza e informado.

4. Satisfacer las expectativas de la generación Z. A lo largo de los años, a medida que los títulos se han ido inflando, los empleados más jóvenes han llegado a esperar títulos de alto nivel mucho antes de lo que lo hacían las generaciones anteriores. También aspiran a ascender con más frecuencia, lo que infla aún más los títulos.

Cuando JobSage, una web de evaluación de empleadores, encuestó a trabajadores el año pasado, el 58% de los encuestados de la generación Z dijeron que esperaban ser ascendidos cada 18 meses, en comparación con el 20% de los baby boomers y el 27% de la generación X. 

Los trabajadores de la generación Z estiman que se tarda entre 3 y 6 años en llegar a vicepresidente. Los boomers, por el contrario, creen que eso requiere una década o más de experiencia.

Los CEOs de las tecnológicas no merecen su sueldo, sino ser despedidos por su mala gestión.

La inflación de títulos ha llegado a tal punto que las empresas se están quedando sin términos. Algunas ya se están dedicando a mezclar palabras, dando lugar a monstruosidades como "vicepresidente ejecutivo senior", que no debe confundirse con los vicepresidentes senior ni con los vicepresidentes ejecutivos. 

Otros intentan conferir nueva autoridad a palabras que no suenan en absoluto a senior. En las grandes empresas tecnológicas, por ejemplo, los ingenieros de staff suelen estar por encima de los ingenieros senior, y a los de mayor rango se les llama fellows, el título que muchas otras empresas utilizan para los becarios.

Pero el mayor problema de esta inflación en los cargos laborales no es la confusión, sino que en realidad no atraen a los mejores talentos. En un análisis, Datapeople descubrió que añadir la palabra senior a puestos que en realidad son de analistas financieros junior da como resultado un 39% menos de candidatos cualificados. 

Esto se debe a que los candidatos de nivel junior ven el elegante título y piensan que no están cualificados para el puesto, mientras que los de nivel senior leen la descripción del trabajo y se dan cuenta de que están demasiado cualificados. 

"Es un proceso de selección muy ineficaz. La gente se siente engañada", afirma Jahanshahi. Peor aún, el engaño provoca un descenso del 27% en el número de candidatas, lo que dificulta que la plantilla esté diversificada.

También hay peligros para los empleados. En lugar de dar buena imagen con su currículum, puede hacer que se pierdan oportunidades. "A veces, estos títulos tan elevados pueden sacarte de la carrera por un puesto por pensar que el aspirante está demasiado cualificado o que el trabajo no le satisfará", dice Reisdorf, el ejecutivo de Robert Half.

Los despidos están obligando a los trabajadores del sector tecnológico a enfrentarse a una dura realidad: el lugar de trabajo no es lo mismo que una familia.

Sin embargo, a pesar de los inconvenientes de haber creado estos pomposos títulos, creo que también hay cosas positivas. Por ejemplo, yo antes admiraba el espíritu igualitario de Bloomberg, donde a la mayoría de mis compañeros y a mí nos llamaban reporteros, independientemente de nuestro nivel de experiencia. 

Pero desde que me incorporé a Business Insider, he llegado a apreciar la forma en que su jerarquía más transparente, con 6 cargos que van desde reportero junior a corresponsal jefe, ofrece a los redactores un camino más claro y equitativo para la promoción profesional y los aumentos salariales.

El tipo de títulos creativos que hemos llegado a ridiculizar tiene incluso sus ventajas. En un estudio, el prestigioso psicólogo organizacional Adam Grant descubrió que dar a los empleados la oportunidad de denominar sus propios puestos reducía la tendencia a sufrir burnout.

Los títulos adoptados por los empleados de una organización parecían rematadamente absurdos ("diosa de los saludos" (auxiliar administrativo) y "mensajero mágico" (director de relaciones públicas)), hasta que uno se daba cuenta de que trabajaban para la fundación sin ánimo de lucro Make-A-Wish Foundation, que cumple los sueños de niños en estado terminal. Si incluir un título caprichoso en sus firmas de correo electrónico ayuda a estos empleados a sobrellevar un trabajo emocionalmente difícil, ¿quiénes somos nosotros para reírnos?

Esto demuestra que nuestros cargos no son solo un resumen de nuestras responsabilidades diarias o un indicador de nuestro lugar en el organigrama. También conforman nuestra identidad como seres humanos. Significa algo para nosotros que el mundo nos llame por un nombre que refleja cómo nos vemos a nosotros mismos. 

Pero el estudio contenía otro detalle importante: los empleados que ponían nombres estrafalarios a sus puestos de trabajo, mantenían también el cargo tradicional. Una cosa es llamar a alguien mensajero mágico en el trabajo. Otra muy distinta es publicarlo en una oferta.

"Si quieres llamar a alguien director de felicidad internamente, por supuesto. Pero de cara al exterior, hay que utilizar títulos específicos del sector que se correspondan con la antigüedad del puesto. De lo contrario, nadie va a encontrar ese trabajo, a menos que alguien en Twitter decida convertirlo en un meme", dice Jahanshahi.

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