Pegarse maratones de series puede perjudicar seriamente tu salud: descubre cuáles son sus efectos negativos y cómo mantenerlos a raya

Un fotograma de la Temporada 5 de 'La Casa de Papel'

NETFLIX / Tamara Arranz

Las plataformas de streaming han cambiado de manera radical la forma de ver series de televisión. No hace tanto las series se sufrían semana a semana y nos acompañaban a lo largo de varios meses. El estreno de las temporadas completas de golpe ha propiciado un cambio de paradigma en el consumo

Tener al alcance todos los episodios ha acelerado el visionado y lo que nació pensado para ser consumido ahora apenas ocupa unos días. Maratonear una serie (o de hacer binge watching, en su expresión anglosajona) ya es un hábito plenamente consolidado entre la población, tal y como se desprende del último barómetro de GECA. El 67,60% de los encuestados dicen que prefiere empezar a ver la serie una vez están disponibles todos los capítulos. 

Ahora bien, la satisfacción de ver tu serie favorita de una sentada, aunque placentera, no está exenta de riesgos. 

¿Por qué nos gusta pegarnos un maratón de series? 

Varios factores explican esta tendencia al visionado compulsivo. Uno de ellos es la comodidad. El binge es más cómodo para el usuario porque permite eludir la rigidez de la parrilla, adaptándose mejor a su estilo de vida y ofreciendo control sobre los horarios y sobre el número de horas que se le quiere dedicar a esa actividad. El maratón también es una práctica que permite mitigar el aburrimiento o la ansiedad.

La inmersión en la historia que propician sesiones de visionado tan intensas es una forma de escapar temporalmente de las obligaciones del mundo que nos rodea, poniendo la rutina en pausa mientras se disfruta de una actividad que no requiere esfuerzo, ya que la mente entra en una suerte de piloto automático. 

El FOMO (acrónimo de la expresión en inglés fear of missing out) es otro de los motivos que impulsan los maratones. El miedo a quedarse fuera de las conversaciones de las series que están de moda genera una sensación de urgencia por ver el contenido lo antes posible. Los maratones, en última instancia, alimentan una sensación de camaradería con el resto de personas que están viendo el mismo programa. La comunidad que se genera gracias al intercambio de impresiones y a las conversaciones que impulsan programas muy populares refuerzan la sensación de no estar solo y de estar viviendo el momento presente

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Existe, por último, una cuestión biológica que predispone a hacer maratones de contenidos: generan una sensación muy placentera. La responsable es la dopamina, un potente neurotransmisor que usan las neuronas para comunicarse entre ellas, al que se asocian sensaciones agradables. Varios estudios constatan que, cuando vemos series de manera compulsiva, nuestro cerebro genera grandes cantidades de dopamina e induce una suerte de colocón similar al que provocan las drogas. Por este motivo cada vez terminas un episodio y tu plataforma te pregunta si quieres ver el siguiente la tendencia natural es a hacer clic en “reproducir”. La dopamina le está diciendo a tu cerebro: “¡¡Esto mola!! ¡¡Sigue haciéndolo!!”. 

En casos extremos podría hablarse de adicción. Investigaciones académicas recientes han descubierto que el número de horas que dedicamos a maratonear aumenta a medida que pasa el tiempo porque cerebro desarrolla tolerancia a las descargas de dopamina. Y, para obtener el mismo resultado que antes, necesita más horas de binge

Los efectos secundarios 

Pegarse un atracón de series, aunque satisfactorio a ciertos niveles, puede afectar de forma negativa a nuestra salud general. Estas son algunos de ellos: 

Dormimos peor

Según un estudio publicado por el Journal of Clinical Sleep Medicine, la mala calidad del sueño, el cansancio crónico o el insomnio son algunas de las patologías más comunes entre la gente que se pega maratones de series.  

Además del tiempo que, de forma voluntaria, le robamos al sueño para ver un episodio más, están los efectos derivados del uso de pantallas electrónicas. Emiten luz de amplio espectro, incluyendo luz azul, y pueden retrasar la liberación de melatonina, lo que mantiene el estado de vigilia. La luz azul también puede llegar a reprogramar y retrasar tus ritmos circadianos de sueño, el proceso natural relacionado con la luz que le dice a tu cuerpo que hay que dormir por la noche y estar despierto durante el día. 

Fomenta el empeoramiento de nuestra condición física

Existen múltiples estudios e investigaciones que han permitido establecer una relación directa entre el consumo compulsivo de series y estilos de vida poco saludables, como el sedentarismo y la mala alimentación. La combinación de ambos factores durante períodos de tiempo prolongados puede aumentar el riesgo de padecer algunas de las patologías vinculadas al síndrome metabólico, como enfermedades coronarias, diabetes o demencia, entre otros.

Nos aísla

Son muchas las personas que buscan en el binge esa evasión de la rutina diaria. Llevado al extremo, la desconexión y la pérdida de la noción del tiempo puede tener un impacto sobre nuestras relaciones interpersonales e, incluso, alterar la percepción de uno mismo. Al tratarse de una actividad que se suele realizar en solitario, puede conducir estados de disociación que nos llevan a percibir la vida de la pantalla más atractiva que la nuestra propia. Además, varios estudios aseguran que maratonear puede elevar la probabilidad de padecer depresión, y otros trastornos de la conducta.

Puede alterar nuestra manera de pensar

Las series juegan a conectarnos con los personajes que vemos en pantalla pero, llevado al extremo, puede alterar nuestra opinión sobre las cosas.  La empatía, esa capacidad de identificar emociones ajenas, puede desencadenar estados más profundos, como la denominada empatía cognitiva.  Este término alude al fenómeno por el que el espectador adopta la perspectiva psicológica de la persona que ve en pantalla, alterando su propia visión de las cosas. 

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Afecta a nuestra memoria

Los atracones de series tienen efectos significativos sobre nuestra memoria, lo que explica que nos cueste más recordar la serie que maratoneamos que la que vimos semana a semana. Esto se debe a que afectan a los dos procesos que permiten consolidar un recuerdo. De un lado, impide que codifiquemos la información de manera adecuada, relacionándola con información que ya tenemos en nuestra cabeza, para que el recuerdo sea fuerte. De otro, la compresión del visionado sustenta los recuerdos en la memoria a corto plazo, mucho peor a la hora de perdurar en el tiempo. 

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Algunos remedios

No hace falta que te des de baja en las plataformas para evitar las consecuencias indeseables del maratón. Basta con poner en práctica algunos consejos para que ver series sea un poco más saludable: 

  • Para de vez en cuando. Basta con romper el bucle de encadenar episodios cada cierto tiempo, levantarse del sofá y estirar las piernas. También puedes buscar contextos en los que el maratón pueda simultanearse con otras actividades que te hagan estar más activo, como cocinar, doblar la colada, pedalear en la cinta… la lista es amplia. 
  • Busca el equilibrio entre el contenido que maratoneas y el que reservas para ver a un ritmo más pausado. Si ver un episodio a la semana te parece demasiado, limítate a ver uno al día. 
  • Diversifica. Ver varias series a la vez permite romper esa tendencia al maratón y a disfrutar de la diversidad de registros narrativos. 
  • Interrumpe el maratón al menos una hora antes de irte a la cama para preservar la calidad de tu sueño. 
  • Si puedes, convierte el maratón en un acto social. Invita a amigos y comenta lo que estás viendo. 
  • De vez en cuando, desconecta la pantalla y reconecta con el mundo real

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