El pelo, una prueba valiosa y más duradera en casos como los de sumisión química: así es el protocolo de actuación médico-forense

Figura-silueta de una mujer en una discoteca

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Las denuncias de posibles casos de sumisión química por pinchazos se cuentan por decenas en España y se enfrentan a varios desafíos, entre los que se encuentran el miedo que están sembrando especialmente en algunas mujeres jóvenes (tipo de víctima mayoritario), la necesidad de colaboración del ocio nocturno y la dificultad para hallar restos de sustancias químicas.

El rastro de una sumisión química (administración de una sustancia con efectos psicoactivos a una persona sin su conocimiento para anular su voluntad y su conciencia con fines delictivos) se busca sobre todo en la sangre y la orina de la víctima, pero hay un tercer elemento que podría ganar importancia en algunos casos: el pelo.

En este tipo de situaciones, una actuación rápida es clave, puesto que el transcurso de pocos días o de varias horas puede suponer que hayan desaparecido las sustancias administradas; las cuales, además, podrían no tener sabor ni olor.

"El tiempo transcurrido entre el momento de los hechos y el reconocimiento y la toma de muestras es fundamental. Si estos se retrasan, se dificulta la exploración y el análisis toxicológico, ya que las sustancias han podido ser eliminadas del cuerpo de la víctima", explica el Ministerio de Justicia.

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La sospecha de sumisión química debe dar lugar a una respuesta forense protocolizada y multidisciplinar, en la que se coordinan los IMLCF (Institutos de Medicina Legal y Ciencias Forenses) y el INTCF (Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses).

"En este aspecto, la situación en España ha experimentado una mejora sustancial en los últimos años", señala el ministerio en su reciente Guía de buenas prácticas para la actuación forense ante la víctima de un delito facilitado por sustancias psicoactivas: intervención ante la sospecha de sumisión química.

"La medicina forense tiene un papel fundamental por medio de la realización de un cuidadoso examen físico y psíquico de la víctima, y en la toma, conservación y envío de las muestras obtenidas, cuando está indicado. A su vez, el laboratorio forense tiene el reto de identificar y cuantificar las sustancias empleadas, valiéndose de la metodología más apropiada para mejorar la detección y velar por la interpretación de los resultados", describe.

"Ante una sospecha de sumisión química, cuando la víctima refiere un consumo voluntario de sustancias psicoactivas o haber sido «drogada» y hay presencia de al menos uno de los síntomas asociados a la sumisión química, resulta imprescindible, además de la actuación sanitaria, la intervención de la medicina forense con el fin de reconocer a la víctima y de recoger aquellos indicios que conduzcan a la comprobación de los hechos", añade el documento.

En el mismo, el ministerio presenta el protocolo de actuación médico-forense para casos sospechosos de sumisión química, con pasos desde el consentimiento informado de la víctima hasta el informe pericial, pasando por la recogida de muestras para estudio toxicológico.

Esquema de la actuación médico-forense ante la víctima con sospecha de sumisión química.

Esta última se analiza en función de "cada caso, de forma individualizada", y muestra diferencias respecto al tiempo transcurrido:

  • 2 días o menos: sangre y orina
  • 5 días o menos: orina
  • más de 5 días: cabello 
  • otras muestras

En el caso del cabello y de los pelos, a los que apunta como "otras muestras de empleo ocasional", menos frecuentemente elegidas respecto a la orina, la guía diferencia 2 tipos de situaciones.

Por un lado, para la investigación de administración crónica de sustancias, "en el caso de menores y, en general, de personas con dificultades para comprender que están siendo incapacitadas mediante el uso de sustancias químicas"; y, por otro, para investigar la administración puntual de estas.

"En casos muy concretos en los que el presunto delito se haya denunciado con retraso (más de cinco días), o se estime que se ha producido la eliminación del tóxico en sangre y orina, se puede citar a la víctima a las 4-6 semanas después del suceso, indicándole que durante ese tiempo no se corte el pelo ni lleve a cabo tratamientos cosméticos (tinte y decoloración)", establece.

Para ello, se recogen 2 mechones de cabello cortado de la zona occipital y muy próximos al cuero cabelludo —cortados al ras—, de al menos 7 mm de diámetro (grosor similar al de un lápiz), y se depositan sobre un trozo de papel fijado con cinta adhesiva, indicando cuál es cada extremo.

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Así lo indica la guía del Gobierno y lo están incluyendo en la revisión de sus protocolos algunas comunidades autónomas como la valenciana, que recoge estos mismos detalles y apunta a la necesidad de la recogida de pelo en 2 fases: al denunciar si han pasado más de 5 días desde la aparición del pinchazo y los síntomas y al menos un mes después, informa El Mundo.

La recogida de las muestras "debe hacerse en un laboratorio con instrumentación sensible para detectar estas sustancias incapacitantes; si se trata de una sola dosis, de una intoxicación o solo de una exposición. Hay que seguir una metodología muy concreta", ya que tienen "un alto valor forense" y son susceptibles de constituir una prueba, complementa Manuel López-Rivadulla, catedrático de Toxicología Forense de la Universidad de Santiago de Compostela, a El Mundo.

Si se comprueba la sumisión química o una agresión sexual en las primeras exploraciones, los servicios sanitarios han de informar al juzgado de guardia, en un proceso supervisado por un forense, añade el medio, que recoge que la comunidad infiltrará a agentes de paisano de la Guardia Civil esta semana en el festival Medusa Sunbeach de Cullera (Valencia).

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