Uno de los primeros inversores de Uber dice que los miles de millones que la empresa ha gastado en conducción autónoma fueron "una pérdida de dinero"

Uber launched its own self-driving team in 2015.
Uber launched its own self-driving team in 2015.

Jeff Swensen/Getty Images

  • Uno de los primeros inversores de Uber, Bill Gurley, ha dicho que la empresa "quemó" miles de millones de dólares en tecnología de coches autónomos. 
  • Ese dinero se habría aprovechado más si se hubiese gastado en la parte de reparto de comida a domicilio, ha asegurado Gurley al periodista Eric Newcomer. 
  • Uber ha vendido su negocio de coches autónomos a finales de 2020, asolado por la caída de sus ingresos. 
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El negocio de reparto de comida a domicilio de Uber ha sido de gran ayuda para la empresa durante esta pandemia, ya que el virus provocó que los ingresos de sus coches con conductor cayeran en picado y que los pedidos en su app de Eats se dispararan.

Uno de los primeros inversores en la empresa, Bill Gurley, de Benchmark, ha asegurado ahora que la empresa debería haber invertido más en el reparto de comida que en intentar crear vehículos autónomos. 

En una entrevista con el periodista Eric Newcomer en su newsletter Friday, Gurley ha lamentado que Uber volcase tanto dinero en su negocio de coches autónomos, llamado Advanced Technologies Group (ATG). La empresa de Gurley, Benchmark Capital, invirtió por primera vez en Uber en 2011, según datos de Pitchbook. Gurley formó parte del consejo de administración de Uber hasta 2017. 

"Probablemente quemamos 2.500 millones de dólares en conducción autónoma que fueron una pérdida de dinero", ha afirmado Gurley, añadiendo que, en retrospectiva, esa suma se habría gastado mejor en el crecimiento de Uber Eats. 

Sin embargo, ha puntualizado, habría supuesto grandes riesgos invertir tan fuerte en el reparto de comida a domicilio. 

"Estas ideas en las que se utiliza el capital como arma para crear liquidez y luego salir de ahí más tarde es un juego realmente difícil y peligroso, y se necesitan los mercados de capitales para apoyarlo", ha apuntado Gurley. "Y si no hubiéramos pasado de un mercado burbujeante hace 5 años a un mercado súper burbujeante ahora, tal vez no se habría creado ese nicho".

Uber ha luchado históricamente para conseguir ser rentable (en 2019 comunicó que había perdido 8.500 millones de dólares, por ejemplo-, lo que le llevó a redoblar sus esfuerzos en sus negocios principales y a recortar algunos proyectos secundarios que exigían quemar capital, conforme la pandemia recortaba los ingresos). En diciembre, la compañía anunció sus planes de vender su unidad ATG a su competidor también del sector de los vehículos autónomos Aurora, y su programa de taxis voladores a Joby Aviation.

El atractivo de los vehículos autónomos para una empresa de transporte es evidente: si Uber pudiera desarrollar robotaxis capaces de transportar a pasajeros de forma fiable y sin un conductor, teóricamente se ahorraría un montón de nóminas y otros costes asociados a la contratación de conductores humanos. Pero es mucho más fácil decirlo que hacerlo. 

Desde su fundación en 2015, Uber ATG tuvo dificultades para avanzar de forma significativa en la construcción de un taxi autónomo, quedando por detrás de competidores como Waymo, de Alphabet, y Cruise, de GM. La firma se vio asolada por las luchas internas, acusaciones de que su principal ingeniero robó secretos comerciales de Google (más tarde fue condenado e indultado por el presidente Donald Trump), y un accidente fatal en 2018 que se considera el primer incidente mortal que involucra a un coche autónomo.

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