Así volamos con Vueling de Londres a Bilbao a pesar del COVID-19: unos pocos pasajeros obligados a sentarnos juntos mientras el resto del avión iba vacío

Avión vacío de Vueling
  • La tripulación limitó que los viajeros se repartiesen por la cabina debido al riesgo de desestabilización, quedando al menos 100 plazas sin ocupar.
  • Parte del pasaje pidió separarse para contar con mayor distancia de seguridad y evitar así posibles contagios.
  • Desde la compañía defienden la medida tanto para “garantizar que el peso y el centrado fuesen los correctos” como para tener localizados a los pasajeros “precisamente por la covid-19”.
  • “El centro de gravedad tiene unos límites operativos dentro de los cuales al aparato puede costarle maniobrar”, confirma un piloto de otra aerolínea.
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Media tarde del lunes 24 de agosto. Aeropuerto londinense de Gatwick. Más de la mitad de las tiendas cerradas, pasillos vacíos y ecos de voces lejanas, pero apenas se ve un alma. Ambiente zombi.

En algunas puertas de embarque se arremolinan los pocos viajeros que se deciden a volar. Pero con cierta distancia, hasta con un punto de recelo. Es la época del coronavirus, ya es lo habitual: nunca se sabe quién puede estar infectado o dónde puede haber anidado el temido microorganismo que es capaz de poner patas arriba la realidad humana.

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Uno de esos grupos lo forman los pasajeros del vuelo VY7293. Apenas una treintena de personas. Son tan pocos que el embarque se realiza con pulcritud, celeridad y eficacia por parte del personal de tierra. Las puertas ya están cerradas, nadie más va a entrar.

A los pocos ocupantes que hay no se les escapa que el avión va casi vacío. Ante la evidencia, un hombre joven que lleva sujeto contra su pecho a un bebe lanza una demanda que puede considerarse lógica en la coyuntura actual. “¿Podemos cambiarnos de asiento?”. Ante la negativa de la auxiliar de vuelo, insiste modificando el planteamiento: “¿Y cuando hayamos despegado?” (El aparato ni siquiera ha echado a rodar). Tampoco estará permitido.

Multitud de filas vacías

Los pasajeros han pasado controles de seguridad, rellenado formularios sobre su estado de salud y se les prohíbe tocar los compartimentos que están sobre sus cabezas.

Por descontado, todos llevan mascarilla. Sin embargo, a pesar de que en la cabina hay sitio de sobra para que cada viajero ocupe una sola fila, deben volar juntos en asientos contiguos, codo con codo. 

“Si se cambian de asiento, el avión puede desequilibrarse”

Mientras el bebé juguetea con el cuello de la camiseta que lleva su padre, el hombre sigue sin comprender que no puedan esparcirse por el interior del avión. Tampoco otro de los pasajeros, que insiste en que la distancia de seguridad puede ayudar a evitar contagios.

La azafata recula, aunque sólo un paso. “Pueden moverse una o dos filas como máximo; más allá, si se cambian de asiento, el avión puede desequilibrarse”. La clave, según la empleada de Vueling, reside en que el pasaje está sentado de acuerdo a cómo se encuentra cargado el equipaje.

Los viajeros que abonan un extra sí pueden sentarse aparte

Esa limitación de permanecer unidos no afecta, en cambio, a los pasajeros que han pagado previamente por la elección del asiento, ya que ocupan las plazas delanteras y las que se encuentran sobre las alas, que ofrecen más espacio y mayor movilidad para las piernas.

Son poco más de media docena, así que parece lógico que no influyan sobre la estabilidad del aparato. A la veintena restante le toca compartir aire. Hay de todo: personas de edad avanzada, niños, hombres y mujeres de distintas nacionalidades, y hasta el lactante ya mencionado.

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Reclamación de un pasajero

Una de las viajeras opta directamente por ignorar las explicaciones de la auxiliar de vuelo y se sienta varias filas adelante. Su enfado resulta obvio.

Otro prefiere pedir una hoja de reclamaciones. Pero la tripulación le asegura que no dispone de la misma, dado que no existe la obligación de llevarlas a bordo, y le facilitan un documento para hacer trasladar sugerencias a Vueling. Si desea reclamar, solo tiene la posibilidad de entregar ese formulario al abandonar el avión o al personal de tierra. El pasajero se decanta por la primera posibilidad.

“En vez de aprovechar para cumplir con el distanciamiento social, vamos hacinados”

Business Insider España ha tenido acceso a esa hoja de reclamaciones, que aquí reproducimos.

“El vuelo de Londres a Bilbao va prácticamente vacío. En vez de aprovechar la situación para cumplir con las normas de distanciamiento social, han puesto a 21 pasajeros hacinados en 4 filas mientras el resto va vacío con sólo una media docena de pasajeros de embarque preferente. Hemos preguntado a la azafata para repartirnos mejor dentro del avión y nos ha contestado que el equipaje se ha cargado de acuerdo a esa distribución y que, si nos movemos más de 2 filas, desequilibraremos el avión. Esta negligencia pone innecesariamente en peligro de contagio a la práctica totalidad de sus pasajeros, así como a sus familias, compañeros de trabajo, etc.”.

Hoja de reclamación del vuelo VY7293 de VuelingHoja de reclamación del vuelo VY7293 de Vueling
Hoja de reclamación del vuelo VY7293 de Vueling

¿Pueden 20 personas desestabilizar un aparato?

El reclamante, que defiende a la azafata porque cree que “hace lo que le dicen que tiene que hacer”, pone sobre la mesa las siguientes cuestiones. “¿Qué pasa si uno de los pasajeros está infectado? ¿Realmente que 20 personas se distribuyan por un avión puede desestabilizarlo?"

"¿Por qué ponen en riesgo innecesariamente mi vida, la de los otros viajeros, la de mi familia, la de mis amigos? Si me he contagiado, puedo fácilmente transmitírselo a otras personas de mi entorno”, remata.

Un mínimo de 100 asientos sin ocupar

Para contextualizar esa cifra, que puede redondearse en 30 viajeros aproximadamente para no quedarse cortos, cabe aportar la capacidad del aparato en cuestión. Se trata de un Airbus A320. Según consta en la página de esta compañía, ese modelo cuenta con dos variantes: ceo y neo. El primero suele llevar entre 140 y 170 plazas, llegando a un máximo de 180; el segundo se queda en una horquilla de entre 150 y 180.

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Atendiendo a esos números oficiales de carácter general, sin tener confirmada la cifra exacta de viajeros del vuelo en concreto por parte de Vueling ni tampoco la variante en la que encaja el aparato, el cálculo es sencillo. Asumiendo que viajaron en él una treintena de clientes, en el vuelo de Londres a Bilbao del pasado 24 de agosto hubo, en el supuesto más ajustado al mínimo de 140 plazas del Airbus A320 ceo, en torno a un centenar de asientos libres.

Asimismo, cabe recordar que la compañía con sede en Barcelona no lleva en sus vuelos carga extra —más allá del equipaje correspondiente—, como sí hacen otras aerolíneas comerciales.

Vueling: “El pasaje no puede cambiarse de asiento por seguridad”

Hasta aquí, el relato del reclamante y los datos técnicos, que, lógicamente, deben completarse con la versión que aporta la aerolínea implicada.

“El transporte o no de carga en los aviones no tiene nada que ver. El pasaje no puede cambiarse de asiento por varios motivos vinculados a cuestiones de seguridad: independientemente de que Vueling no transporte carga, los vuelos se despachan con una hoja de carga que se realiza en base a los asientos que están ocupados y cuya finalidad es garantizar que el peso y el centrado del avión con los correctos. Si los pasajeros se cambian de asiento, la distribución de pesos del avión varía y habría que volver a hacer una hoja de carga nueva”, desarrollan.

“El centro de gravedad del aparato tiene unos límites operativos”

En ese sentido, Business Insider España ha consultado con un piloto de aerolíneas comerciales que vuela para otra empresa con el objetivo de arrojar luz sobre la cuestión técnica que atañe a este caso.

“Efectivamente, el centro de gravedad tiene unos límites operativos dentro de los cuales el avión, no es que se vaya a caer, pero le cuesta maniobrar en determinadas circunstancias. De hecho, en ocasiones hay que mover a los pasajeros de un lugar a otro para que ese centro de gravedad esté dentro de unos límites legalmente establecidos. En un avión pequeño no es tan habitual, pero puede ser si lleva mucha o poca carga o si lleva una cantidad pequeña de combustible”, añade.

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“Los pasajeros deben estar localizados precisamente por el COVID-19”

En lo que se refiere al coronavirus, desde Vueling aseveran que, “para mantener un control de trazabilidad sobre los pasajeros que vuelan en nuestros aviones, precisamente por motivo de COVID-19-, los pasajeros no pueden cambiarse de asiento.

"Si, en algún momento, el Ministerio de Sanidad reclama el número de asiento de un pasajero, así como sus contactos estrechos (las personas sentadas en las filas anteriores y posteriores), debemos tenerlos debidamente localizados. Si el pasajero se ha cambiado de asiento, los datos serán erróneos”, agregan.

Las autoridades no obligas a dejar asientos vacíos

Hay que recordar que tanto la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA) como la Comisión Europea, non obligan a que las compañías aéreas dejen asientos vacíos en los aviones para garantizar la distancia física aunque sí que recomienda que se respete "siempre que sea posible y en la medida que se pueda".

“La tripulación actúa siguiendo la normativa establecida”

Finalmente, desde la empresa propiedad de IAG respaldan la actuación de los empleados que trabajaron en ese vuelo, aunque no mencionasen este último aspecto relacionado con las autoridades sanitarias y el coronavirus. “Nuestros tripulantes son profesionales formados y entrenados para garantizar la seguridad del vuelo, de los pasajeros y de la propia tripulación, y actúan siguiendo las normativas establecidas”, concluyen.

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