Por qué algunas personas son más calurosas o frioleras que otras, según la ciencia

Mujer en el sofá con un abanico

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En un mismo ambiente las personas pueden sentir temperaturas totalmente diferentes. Algunas notan el calor del verano como un fuego infernal, cuando en realidad la temperatura es alta, pero no tanto. Y otras que cuando ven los primeros indicios de frío ya se están colocando la chaqueta por encima.

La respuesta a la pregunta de por qué algunas personas sienten más calor o frío que otras está en el cerebro. Este órgano es el encargado de regular la temperatura corporal. Aunque hay que destacar que también influyen otros factores para que se produzcan las diferencias.

Cuando hace calor, se activan una serie de mecanismos para contrarrestar la diferencia de temperatura con el exterior, haciendo a las personas sudar. En el caso del frío, es lo que empuja a las personas a tiritar, una manera del cuerpo para generar calor cuando percibe una temperatura baja.

"La sensación de frío o calor se produce por la activación de unos receptores nerviosos que tenemos en la piel que nos permiten identificar los cambios de temperatura", ha dicho Miguel Ángel Acosta, del Grupo de Trabajo de Atención al Mayor de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria, según ha recogido CuidatePlus.

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La genética es uno de los factores que influye a la hora de percibir la temperatura ambiente de una forma u otra. "Una persona que tenga mayor tendencia a la piel grasa tendrá más protección ante las temperaturas externas", ha explicado Jenny Dávalos, miembro del Grupo de Trabajo de Dermatología de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia.

También influye si eres hombre o mujer. Se dice que estas últimas suelen sentir más calor a causa de los estrógenos. Durante la menopausia, se produce una bajada en la cantidad de estas hormonas, derivando en sofocos. Y es que la menopausia cambia en gran medida la forma de funcionar del cuerpo.

Otros factores modificables también pueden contribuir a cómo se perciben las temperaturas. Beber una cantidad mayor de agua, tener una vida activa o hacer ejercicio físico de forma habitual pueden llevarte a sentir menos calor. El sistema nervioso mejora con estas prácticas contribuyendo a la regulación de la temperatura.

Cada persona percibe de una manera el calor o el frío porque se tienen respuestas biológicas diferentes ante la misma temperatura. Y, aunque la mayoría de los factores que intervienen no se pueden cambiar, hay otros que sí.

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