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Así cambia el trading cuando pasas a gestionar grandes patrimonios

Como influye el patrimonio de la cartera en la operativa bursátil
Reuters
  • No hay una cifra exacta, pero cuanto más grande es la cartera de inversión, más complejo es invertir.
  • El tipo de activo en que se invierte determina los límites, pero estrategia y capital disponible deben ir siempre de la mano.
  • Cuando el mercado no puede asumir una orden de compra es el momento de buscar otros mercados o estrategias.
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A la hora de invertir el tamaño de la cartera sí importa. La cantidad de dinero que gestiones influye tanto en la forma de operar como en las estrategias que puedas desarrollar. Es algo que la mayoría de inversores noveles suelen pasar por alto y que muchos descubren por el camino más duro, el de las pérdidas.

Javier Alfayate ha recorrido este camino, que empezó como inversor particular con sus propios ahorros. A día de hoy gestiona el fondo GPM Gestión Global que cuenta con un patrimonio de 4,5 millones de euros y asegura que “realmente no hay una cifra mágica” a partir de la cual es necesario cambiar. La clave es “el tipo de estrategias que se empleen” y de los mercados en los que operes.

Coincide Ricardo González, director de Esbolsa.com y gestor de fondos en GPM, para quien “el capital disponible y las estrategias a utilizar deben de ir de la mano”, ya que no es lo mismo operar con 50.000 euros que con 500.000 euros o dos millones.

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Para una cartera pequeña conviene “utilizar sistemas de trading que no generen muchos costes operativos. En cambio, a medida que la cartera crece, los costes fijos con cada vez menores en términos porcentuales y puedes incorporar más sistemas”, precisa el experto. Así mejora la diversificación de la cartera y se consigue más “estabilidad de la curva de beneficios”.

Por su parte, Javier Alfayate añade que el activo con el que operes también es importante. “Si operamos con acciones, el sistema de trading será moderadamente elástico hasta tener que seleccionar un nuevo mercado al que aplicar ese mismo sistema u otro”, recalca el autor de Aleta de Tiburón. En concreto, en acciones pequeñas “el límite puede ser una cartera de entre 10 y 15 valores a 50.000 cada uno”, mientras que con acciones más líquidas o grandes “el límite podría ser de 10 veces más en adelante”.

Todavía hay más margen para quienes operan con ETFs o futuros porque este tipo de productos “admiten mucha más demanda que un valor particular”. En estos casos “se pueden operar varios millones de euros tranquilamente sin alterar precios ni mercados”, estima Alfayate.

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Las colocación, aviso para la operativa

¿Cómo se da cuenta un trader de que debe acudir a otros mercados o cambiar la forma en la que invierte? Los propios mercados tienen la respuesta y más concretamente las órdenes de compra y de venta.

Como inversor particular, se tiende a dar una orden de compra al precio de mercado en ese momento y, si todo va bien, se ejecutará a ese mismo precio. La cosa cambia cuando quieres comprar una cantidad significativa de acciones, algo que no todos los traders novatos saben.

“Te das cuenta de que el volumen que deseas comprar o vender es demasiado elevado cuando introduces la orden limitada con cierta holgura, como por ejemplo un 30% por encima o por debajo del último precio, y el sistema no es capaz de darte lo que querías”, recuerda Alfayate.  Esto ocurre sobre todo en valores pequeños o mediamos o en horas en las que el mercado está más calmado.  

“Cuando notas que "colocar" 100.000 o 200.000 euros de un título al último precio es complicado es cuando tendrás que o bien buscar otro tipo de valores o distribuir el capital adecuadamente en otros sistemas para así reducir la carga de cada operación”, asegura el gestor de GPM Gestión Global.

Su solución fue “idear otros sistemas aplicados a otros activos como índices o ETFs sectoriales”, así como buscar otros mercados en los que trabajar.

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Otro de los grandes cambios al aumentar el capital que gestionas tiene que ver con la psicología de la inversión. Un problema habitual es sentirse abrumado por las cantidades que se invierten, especialmente cuando hay que asumir pérdidas. No es lo mismo dejarse 1.000 euros en una operación que ver 10.000 euros menos en la cuenta.

La mejor forma de evitar esta trampa mental es “medir los niveles de riesgo y rentabilidad en términos porcentuales”, resuelve González. Así se consigue igualar una cartera de 50.000 euros y otra de 500.000 euros a la hora de medir resultados. “Esto que parece lógico y sencillo no lo es para muchos y termina pasando factura”, alerta el director de Esbolsa.com.

El cambio de inversor particular a gestor de fondos

Además de aumentar el tamaño de su cartera, tanto Alfayate como González vivieron el cambio de gestionar sus propios ahorros a ser responsables del dinero de terceros. En ambos casos su faceta formativa impartiendo cursos de bolsa ayudó a esta transición, pero también los dos tuvieron que adaptar sus estrategias.

González indica que la operativa fue lo que menos cambió porque al final “se trata de ser disciplinado con tus sistemas”, algo que explica en su libro El Código de Wall Street. Sí que supuso un reto desde el punto de vista psicológico porque “cuando gestionas tu propio patrimonio, tienes que prestar atención a tu sistema y a tus emociones. Cuando gestionas el patrimonio de terceros se añade la psicología de los inversores a los que administras su dinero, algo que también tienes que saber gestionar”.

En este punto, la clave para él reside en que “el cliente entienda lo que estás haciendo con su dinero”. Y es que si no lo hace “tarde o temprano le van a entrar dudas”.

Alfayate explica que con el fondo y el aumento de patrimonio aumentaron sus opciones de inversión y sentencia que “a partir de un millón de euros en carerta, se hace necesario ampliar el campo de actuación”.

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