Un equipo de científicos de la NASA prepara un nuevo mensaje para lanzarlo al espacio en busca de vida inteligente, aunque no todos los expertos creen que la humanidad deba intentarlo

Saludar alienígenas

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Como quien escribe un papel, lo mete en una botella y la tira al mar, en noviembre de 1974 la humanidad emitió un mensaje al cosmos con la esperanza de que alguna forma de vida inteligente lo reciba, lo descodifique y, en última instancia, lo responda.

Este, que ha pasado a la posteridad como el mensaje de Arecibo por haberse emitido desde el Observatorio de Arecibo, en Puerto Rico, tenía una longitud de 1.679 bits. 

Diseñado, entre otros muchos, por el popularísimo divulgador científico Carl Sagan, leído de izquierda a derecha, el mensaje presenta los números del uno al 10 y los números atómicos del hidrógeno, el carbono, el nitrógeno, el oxígeno y el fósforo, componentes del ADN del Homo sapiens sapiens, la especie que envía el mensaje.

Además, contiene información sobre cómo es el ser humano y su altura, cuál es la población de la Tierra y qué sabemos del sistema solar. Aproximadamente, el mensaje tardará unos 25 milenios en llegar a algún lugar interesante. 

Estos, sumados a los 25 milenios que tardaría cualquier especie en responder, suman 50.000 años en los que la humanidad no pasará del "Hola, ¿qué tal?" con ninguna especie alienígena.

Hay quien no está dispuesto a esperar tanto.

Un grupo de científicos de la NASA liderados por el investigador Jonathan Jiang se han propuesto mandar un nuevo mensaje a la infinidad del cosmos que aproveche lo que ha avanzado la tecnología humana en los casi 50 años que han pasado del primer intento.

Por ahora, Jiang, junto con un nutrido grupo de expertos tan interesados como él en dar con vida en otros planetas, han dejado negro sobre blanco los fundamentos de este nuevo mensaje cósmico en un artículo publicado en el repositorio arxiv.org.

A la espera de que este pase la pertinente revisión por pares, este a su vez ha sido recogido por la revista especializada Scientific American, que ha hablado con un esperanzado Jiang. 

"La motivación del nuevo diseño es entregar la máxima cantidad de información sobre nuestra sociedad y la especie humana en la mínima cantidad de mensaje", ha dicho el investigador en declaraciones recogidas por esta publicación. "Con las mejoras en la tecnología digital, podemos hacerlo mucho mejor que en 1974".

Razones no le faltan para el optimismo. En su nueva versión del mensaje, el equipo de Jiang toma muchas de las lecciones aprendidas durante los últimos años sobre mensajes humanos para alienígenas y las aplica para mejorar su comunicación.

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Esta, por supuesto, descarta de inicio como código cualquier lengua humana. También esquiva la representación humana de los números, que no deja de ser arbitraria (basta con pensar en la forma tan distinta que tenían de representarlo los romanos y la cultura arábiga, por ejemplo).

En vez de eso, toma como base los bits, el 0 y el 1, que en realidad remite a una noción que está presente en la naturaleza: encendido y apagado. 

A partir de ahí, empieza la magia. Tras una transmisión inicial de un número primo para marcar el mensaje como artificial, el mensaje de Jiang utiliza el mismo alfabeto alienígena para introducir el sistema numérico de base 10 y las matemáticas básicas. 

Con esta base, el mensaje utiliza el concepto de transición de giro de átomo de hidrógeno para explicar la idea del tiempo y marcar cuándo se envió la transmisión desde la Tierra, introducir elementos comunes de la tabla periódica y revelar la estructura y la química del ADN. 

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Si los potenciales receptores del mensaje consiguen llegar hasta aquí, desde luego ya será todo un logro. Sin embargo, el mensaje reserva para sus últimas páginas la información más interesante, sin duda. 

En un apartado final, el mensaje incluye un dibujo de un hombre y una mujer, un mapa de la superficie de la Tierra, un diagrama de nuestro sistema solar, la frecuencia de radio que los extraterrestres deberían utilizar para responder al mensaje y las coordenadas de nuestro sistema solar con respecto la a los cúmulos globulares, que son grupos estables y apretados de miles de estrellas que deberían ser familiares para todo alienígena mire desde donde mire.

"Conocemos la ubicación de más de 50 cúmulos globulares", explica Jiang. "Si hay una civilización avanzada, apostamos a que, si saben de astrofísica, también conocen las ubicaciones de los cúmulos globulares, así que podemos usar esto como una coordenada para precisar la ubicación de nuestro sistema solar".

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Pero el proyecto de Jiang no goza, ni mucho menos, de consenso entre los científicos. 

Por una parte, entre los detractores de la idea destacan quienes piensan que se trata de un tiempo, una energía y unos recursos empleados inútilmente, dadas las escasísimas posibilidades que existen de que formas de vida inteligente tal y como aquí las conocemos y las imaginamos respondan a un mensaje así.

En la otra cara de la moneda están quienes creen que, aunque demos con un destinatario para estos mensajes, nada garantiza que quien lo reciba vaya a tener buenas intenciones con nosotros. 

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En otras palabras, hay quien teme que los seres humanos, en nuestro intento de no sentirnos solos en mitad de la galaxia, justo vayamos a dar con la especie alienígena que quiera esclavizarnos o destruirnos.

Ante los primeros, Jiang y su equipo argumentan que, aunque es verdad que las posibilidades de éxito en la misión son escasas, esto no debería apartar a la humanidad al menos de intentarlo. 

Ante los segundos, los investigadores han encontrado un argumento más simple: en realidad, ya nos hemos delatado

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Las ondas de radio que los seres humanos llevamos emitiendo más de un siglo a la atmósfera y, por tanto, también al espacio exterior, son una señal evidente de la existencia de vida inteligente en el planeta. Cualquier especie alienígena capaz de viajar a la Tierra, arguye Jiang, es más que capaz de interpretar que esas ondas han sido creadas artificialmente por una forma de vida inteligente.

El primer contacto con vida inteligente más allá de la Tierra, argumenta finalmente el estudio, sería una recompensa tal que su magnitud excede en mucho los potenciales riesgos, aunque Jiang y su equipo dejan en realidad una puerta abierta a la discrepancia

"Esta es una invitación a todos los habitantes de la Tierra para que participen en un debate sobre el envío de este mensaje", afirma Jiang. "Esperamos que, con la publicación de este artículo, podamos animar a la gente a pensar en esto".

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