Estos son los posibles efectos secundarios del cloro de las piscinas en la salud de los niños

Niño bañándose en una piscina

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El verano ya está aquí. Y con él también la apertura de las piscinas. Es el momento en el que las personas, sobre todo los niños, pueden divertirse en el agua mientras acaban con el calor sofocante del Sol. Sin embargo, hay que tener cuidado con las piscinas, al menos cuando pueda haber un exceso de cloro en el agua.

La mayoría de las piscinas contienen cloro para mantener el agua limpia. El cloro es un elemento químico que se emplea en productos desinfectantes como la lejía. Sus efectos actúan sobre bacterias y hongos, pero el problema radica en que no solo afecta a esos microorganismos, también al ser humano. Por eso hay que tener cuidado con los niveles de cloro que hay en las piscinas.

¿Qué sucede si hay un exceso de cloro?

La cantidad correcta de cloro en piscinas oscila entre 0,4 y 2 miligramos por litro. La suma varía según las administraciones pero nunca ha de superarse este intervalo. Niveles adecuados aseguran que el agua mantenga sus propiedades desinfectantes. Esta puede sufrir contaminaciones procedentes tanto del ambiente como de los propios bañistas.

"Si bien un nivel residual aceptable de cloro es garantía de desinfección, un nivel excesivo de cloro o sus derivados puede generar irritaciones en los ojos, e incluso problemas respiratorios, sobre todo en niños y en ambientes cerrados como pueden ser las piscinas climatizadas o spas", ha comunicado el Ministerio de Sanidad.

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La función respiratoria de los niños es más propensa a reaccionar ante un elemento irritante como es el cloro. La inhalación de cloro ataca a los pulmones. Las posibilidades de que los pequeños padezcan asma entonces se multiplican. También interviene el tiempo que pasan metidos en la piscina. No es lo mismo que un niño esté cinco minutos en el agua que varias horas.

Otros factores como la cloramina, sustancia que se mezcla con fluidos humanos de la piscina, como el sudor o la orina, afectan también a los pulmones. Por eso aquellas piscinas en las que más niños hay el riesgo es mayor. Cuantos más niños, más orina en el agua, y más perjudicial para la salud.

Estos son los síntomas del exceso de cloro en la piscina

Lo primero que se puede observar en un niño que ha estado expuesto al cloro de la piscina es la irritación de las mucosas nasales. En algunos casos puede incluso producir un dolor agudo en la garganta. La tos recurrente también se puede manifestar. En casos extremos puede producir hasta un edema pulmonar.

La Sociedad Española de Neumología ha dicho que no existen motivos para alarmarse pero sí hay que estar pendiente de los niveles de cloro que tienen las piscinas donde los más pequeños se bañan, según ha recogido GuiaInfantil. No es necesario prohibir a los niños el disfrutar de un buen chapuzón en verano.

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