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Por qué los bancos están esquivando los ERTE por el coronavirus: su actividad se mantiene, las plantillas ya están ajustadas y aumentan sus reservas al suspender el dividendo

Ana Botín, presidenta del Banco Santander.
Ana Botín, presidenta del Banco Santander. Reuters
  • Los efectos de la crisis económica del coronavirus ya están empezando a notarse. Para dar a las empresas un balón de oxígeno y tratar de evitar que se produzca una destrucción de empleo definitiva, desde el Gobierno se han flexibilizado los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE). 
  • La banca está pasando de puntillas por los ERTE y no es el único sector. El energético, las telecomunicaciones o la distribución están también evitando estos procedimientos. 
  • En el caso de las entidades financieras, hay varios factores que le llevan a esta situación. Por un lado, la plantilla ya está muy ajustada tras la crisis financiera y eso se suma que su actividad se mantiene. 
  • Los bancos están poniendo en marcha planes de choque para tratar de preservar sus recursos, aumentar sus reservas y poder aguantar el impacto de la crisis económica generada por el coronavirus. 
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Los efectos de la crisis económica del coronavirus ya están empezando a notarse. El confinamiento y el cierre de los negocios no esenciales está afectando a una gran parte de los sectores económicos y solo la duración de la crisis permitirá ver cuál es el impacto final. La liquidez es uno de los problemas a los que deben hacer frente muchos negocios, que ven su actividad paralizada. Para darles un balón de oxígeno y tratar de evitar que se produzca una destrucción definitiva del empleo, desde el Gobierno se han flexibilizado los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE). 

La industria del motor, el turismo, el textil o el transporte son algunos de los sectores que están aplicándolos. Su actividad se ha parado, lo que lleva a una caída de sus ingresos y complica su situación de liquidez. La facturación cae, pero las empresas tienen que seguir haciendo frente a gastos fijos, como alquileres, facturas, vencimientos de deuda o salarios.

En el lado contrario de la balanza, la banca está pasando de puntillas por los ERTE y no es el único sector. El energético, las telecomunicaciones o la distribución están también evitando estos procedimientos. 

El energético mantiene su actividad, aunque empieza a notar el frenazo que supone el cierre de la industria no esencial, mientras que en el otro lado de la balanza, las telecomunicaciones ven cómo se incrementa el uso de sus redes y el sector de la distribución dispara sus ventas a raíz del confinamiento en los hogares. 

En el caso de la banca, hay varios factores que le han llevado al punto actual: 

Las plantillas han vivido un fuerte ajuste frente a los datos precrisis

En 2008, había más de 270.000 personas trabajando en banca. Una cifra que se desplomó un 32% al cierre de 2018, cuando se registraron poco más de 180.000 trabajadores en el sector, según los últimos datos del Banco de España

Esta reducción de empleo se debe a varios factores. Por un lado, durante la crisis, el sistema tradicional de cajas de ahorros acabó quebrando y estas marcas fueron absorbidas, en su mayoría, por otros bancos que, para cuadrar las cuentas, redujeron el número de sucursales y de personal. A la desaparición de las cajas, hay que sumar cómo el sector vio reducido el número de bancos tras la quiebra de Popular y la compra de esta entidad por parte de Banco Santander por un euro. 

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A esta concentración del sector, se suma que la banca ha vivido en los últimos años un importante proceso de digitalización, con el que busca reducir costes y adaptarse a los nuevos hábitos de los clientes. Esto ha supuesto también una reducción de la red de sucursales, que ha ido menguando en los últimos tiempos vinculada a una reducción de plantilla a través de prejubilaciones, ERE u otras fórmulas

"El sector bancario español lleva una década realizando ajustes y racionalizaciones de plantilla después del impacto de la crisis bancaria y conforme al nuevo mix de oferta tecnológico en el que las oficinas, aunque siguen siendo relevantes, han perdido peso. Estos fueron y siguen siendo planes de medio plazo y se han realizado de forma paulatina para evitar ajustes traumáticos", explica Santiago Carbó, director de estudios financieros de Funcas a Business Insider España.  

Los bancos siguen funcionando y son uno de los pilares para mitigar la crisis del COVID-19

Entre los servicios esenciales que siguen abiertos a pesar del estado de alarma se encuentran las sucursales bancarias, con el objetivo de dar servicio a los clientes particulares. Pero, también, para dar soluciones y herramientas a empresarios y autónomos que están viendo cómo la crisis del COVID-19 impacta en su negocio. 

Una de las medidas puestas tomadas por el Ejecutivo ha sido poner en marcha una línea de avales de hasta 100.000 millones de euros en créditos hasta 5 años para autónomos, pymes y grandes empresas. Estas garantías buscan que la banca privada abra el grifo del crédito en medio de la crisis del coronavirus para evitar la asfixia del tejido empresarial. 

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"Ahora mismo, la prioridad del sector es que no decaiga la liquidez a empresas, participando en los planes de financiación del Gobierno. De este modo, se intenta evitar un aumento de la morosidad importante. En todo caso, la cartera de créditos tiene hoy un perfil de riesgo muy moderado y las entidades cuentan con una solvencia muy elevada para hacer frente a estos meses de dificultad", apunta Carbó al hablar de la actividad que están realizando las entidades. 

Por tanto, la actividad de los bancos continúa tanto en su negocio de particulares, donde fomentan la operativa a distancia, como en su negocio de empresas, con las líneas de crédito abiertas. 

Los bancos ponen en marcha su plan de choque: adiós al dividendo y reducción de sueldos de la cúpula

Para evitar una falta de liquidez y poder movilizar los recursos, los bancos están tomando diferentes medidas entre las que se encuentran la suspensión del dividendo o la reducción de sueldos entre los altos ejecutivos. 

"La supresión del dividendo (o su reducción) es una acción en línea con las peticiones del supervisor (entre otros, el BCE), pero marca también la propia voluntad de las entidades de moderar el reparto de beneficios en un momento tan delicado como este. Esto permitirá a las entidades contar con un mayor margen para aumentar sus reservas y absorber este shock", añade Carbó. 

Algunas entidades que ya han decidido implementar esta estrategia en la retribución al accionista son Bankia, Santander o CaixaBank. En el caso de la reducción de sueldos, Santander anunció el recorte del 50% de la remuneración de su presidenta, Ana Botín, y de su consejero delegado, José Antonio Álvarez. Un movimiento al que sumó la decisión de que los consejeros no ejecutivos vean reducida un 20% su retribución. 

Por su parte, BBVA ha anunciado que su cúpula renunciará a la retribución variable en 2020. Una medida que afectará a unas 300 personas, entre las que está su presidente, Carlos Torres, y el consejero delegado, Onur Genç, pero también a los altos ejecutivos y los comités de dirección del grupo en todos los países, que sumarían una retribución variable de alrededor de 50 millones de euros. 

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Cómo aguantará el sector el shock del COVID-19

En el terreno económico, la mayor de las incógnitas es el tiempo de duración de esta crisis que determinará, en parte, cómo será la recuperación tras el duro impacto sufrido. Si la debacle financiera de 2008 se alargó durante 10 años, en este caso parece que el impacto puede ser igual de duro, pero concentrado en el tiempo. 

"Para el sector bancario, que la recesión dure poco (aunque sea puntualmente muy severa) es tan crucial como para el resto. Primero, por la contención de morosidad y la generación de rentabilidad. Y, segundo, porque tiene que ser un participante muy activo tanto de la fase de contención de la actividad (actualmente) como en su relanzamiento posterior", explica el experto de Funcas. 

En este sentido, no es tanto el tamaño lo que determinará el impacto para las entidades financieras, sino su "resiliencia, capitalización y capacidad de respuesta". 

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