Pasar al contenido principal

Díaz-Canel sucederá a Raúl Castro para concluir el aperturismo económico de Cuba

Miguel Díaz-Canel, futuro presidente de Cuba
Reuters

Cuando Fidel Castro pronunció su famoso alegato de autodefensa tras el asalto al cuartel de Moncada en 1953, Miguel Díaz-Canel aún no había nacido.

Ni siquiera cuando la Historia absolvió al Comandante, respiraba aún el futuro presidente de Cuba: se perdió aquel revolucionario y frenético 1959, cuando Fidel discursó en año nuevo y desde Santiago que la dictadura del general Batista había acabado y tampoco estuvo una semana más tarde entre las multitudes que lo aclamaban cuando hizo su entrada triunfal en La Habana.

Miguel Díaz-Canel no sólo será el primer presidente de Cuba que no lleve el apellido Castro, sino también el primero que ni siquiera vivió la Revolución. 

Orador consagrado y político no dado a las extravagancias, Díaz-Canel (Placetas, Villa Clara, Cuba) asumirá la presidencia de Cuba en un tiempo extraño, aparentemente desnortado, especialmente desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y su endurecimiento del bloqueo económico por parte de EE.UU. Casi se antoja lejano el acercamiento diplomático de la era Obama con Raúl Castro. Pero, en cualquier caso, la tarea principal de Díaz-Canel será la de reconducir las relaciones con el país norteamericano y continuar con el ligero aperturismo económico iniciado por su predecesor.

Leer más: EE.UU. extiende sus sanciones a Rusia a siete oligarcas próximos a Putin

Raúl Castro, de 86 años, ya había anunciado hace unos meses su retirada del plano político, prevista para el pasado mes de febrero. Sin embargo, las inclemencias del huracán Irma obligaron al mandatario a posponer brevemente su adiós, para poder atender aquella situación de emergencia. Eso sí, se trata de una despedida parcial, ya que Raúl Castro seguirá al frente del Partido Comunista de Cuba ─el cual, precisamente, acaba de designar a Díaz-Canel como presidente─ hasta 2021.

El proceso es calcado al que se vivió hace una década cuando Fidel anunció el traspaso de poderes a su hermano Raúl. El Comandante permaneció durante otros tres años más como Primer secretario del Partido Comunista de Cuba, como aquel patriarca otoñal, huraño y ensombrecido por su propia leyenda hasta el punto de que le creían muerto, que describía Gabriel García Márquez en su genial novela. Algo que también turbaba en los últimos meses a Raúl Castro, más atareado en desmentir graves enfermedades que en gobernar.

Reformas económicas y unificación monetaria

Sea como fuere, el relevo de Díaz-Canel representa no sólo savia nueva, sino quizás una conexión más terrenal con el mundo: profesor universitario de Ingeniería Informática, el futuro prócer de la Revolución cubana vivió el éxodo de Mariel ─un brevísimo período de 1980 en el que el gobierno de la isla permitió la salida de miles de ciudadanos─ con edad para embarcarse hacia Miami; como ministro de Educación, ha conocido ámbitos académicos ajenos a Cuba; y, como Primer Vicepresidente, ha estado a la vera de Raúl Castro precisamente durante la época de mayor aperturismo.

Sin embargo, hay quien ve en Díaz-Canel un mero delfín de Raúl Castro, quien lo señaló con el dedo en 2009 y, desde entonces, no ha parado de ascender.

De hecho, su elección en el Consejo de Estado de la República de Cuba no ha contado siquiera con rivales alternativos. Una falta de oposición que levanta suspicacias fuera de la isla, pero que teóricamente asegura cierto continuismo en el aperturismo político y las tibias reformas económicas de Cuba impulsadas por Raúl Castro, desde el acceso a la propiedad privada hasta las inversiones extranjeras, pasando por la creación de microempresas y la flexibilización del mercado inmobiliario y automotriz.

Precisamente en materia económica es donde Díaz-Canel tendrá que lidiar con más frentes: además de las relaciones con EE.UU. y de las reformas internas, la cuestión de la unificación monetaria sigue siendo una cuestión clave para el futuro del país. En la actualidad, conviven dos monedas en Cuba: el peso convertible (CUC), utilizado para pagar las importaciones, y el peso cubano (CUP), de exclusivo uso doméstico. El principal problema es que, aunque el intercambio entre ambas divisas en el país no conlleva recargo alguno, el uso del CUC para productos y servicios extranjeros se grava al 10%, una tasa impuesta a la par que la propia moneda, cursada tras la caída de la URSS.

Evolución de la tasa de crecimiento del PIB en Cuba
Banco Mundial

En términos macroeconómicos, hace tiempo que Cuba le ha cogido el ritmo al mundo capitalista: en los últimos 20 años, la tasa de crecimiento de su PIB ha sido siempre positiva ─del 4% en 2015, el último registro─, con picos de hasta el 12,1%, como en 2006; el turismo se ha disparado también desde la caída de la URSS y en 2015 se registró un récord absoluto de turistas que visitaron la isla, 3,5 millones; es más, su economía basada en recursos naturales y la inversión en servicios públicos como educación o sanidad hacen que Cuba sea, según los datos que maneja la ONU, el único país del mundo que cumple los dos requisitos marcados por WWF para definir el desarrollo sostenible, es decir, un desarrollo humano alto (IDH > 0,8) y una huella ecológica sostenible (huella < 1'8 ha/p).

Un indicador que habla maravillas de Cuba en términos medioambientales, pero tampoco hay que olvidar que, en términos de libertad, el país ocupa uno de los últimos puestos en la mayoría de los indicadores más reconocidos del mundo.

Con este panorama, el futuro de una isla ─y de un presidente─ que no ha conocido otra cosa que la Revolución, se antoja algo incierto. Porque, como sucedía con aquel patriarca sin nombre inventado por García Márquez, la historia de Cuba parece condenada a perpetuarse en un libro sin apenas una coma o un punto, en el que los personajes se entremezclan, se fusionan y se distorsionan mientras el inexorable tiempo agota las vidas de todos menos la de quien ostenta el cetro. Sin embargo, los buenos datos económicos de los últimos tiempos, así como la progresiva liberalización de ciertos sectores, hacen de Cuba un país plagado de esperanza.

Te puede interesar