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El habitáculo del coche es el lugar tóxico en el que pasas más tiempo, según los estudios

Humo en el habitáculo del coche
GettyImages
  • El interior de los coches se hace con materiales como el poliuretano que emiten gases cancerígenos tiempo después de su formación.

  • Este fenómeno, además, se acentúa por la temperatura por lo que en verano es mucho peor. 
  • El olor a coche nuevo, cuando no es un perfume creado como fragancia de marca, puede no ser para nada una buena señal. 

Estrenar coche en verano no es una buena idea porque, según numerosos estudios, el habitáculo del coche es el lugar tóxico en el que pasas más tiempo. Y esta toxicidad del interior de los vehículos es mucho mayor cuando estos son nuevos y sube con la temperatura.

Estas son las principales conclusiones sobre sustancias peligrosas en los coches a las que numerosos estudios científicos han llegado en los últimos años. Como el del Automotive Research and Development Institute de Polonia, este otro estudio basado en los coches japoneses o el informe, algo más antiguo, publicado en 2003 en el Journal of Exposure Analysis and Environmental Epidemiology.

En algunos casos, el número de sustancias nocivas medidas en el interior de un vehículo se mueve entre 57 y 103. La lista incluye materiales que por ley no deberían estar ahí, como retardantes de la llama basados en bromo, cloro, plomo; otros metales pesados en armazones y tejidos y, sobre todo, el amplio y peligroso grupo de los compuestos orgánicos volátiles —conocidos como VOC por sus siglas en inglés, COV, en español—.


En este último caso, la presencia de tóxicos en el interior de un vehículo está regulada durante el proceso de fabricación por la directiva 2004/42/CE. Esta limita el contenido de  contenido compuestos orgánicos volátiles en pinturas y productos de renovación del acabado de vehículos. Pero no hay una norma para que debería haber en el interior del coche una vez sale de fábrica, ni durante el resto de su vida útil. 

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Por suerte, tanto fabricantes como las pocas multinacionales químicas que proveen de estos componentes no son ajenos al problema y, en los últimos años se han producido mejoras importantes.

Sin embargo, todavía se está bastante lejos de poder eliminar por completo los compuestos orgánicos volátiles del coche y lo peor es que el agujero legislativo no permite tener una información fidedigna y completa de cuántos COV pueden estar presentes en el habitáculo de tal o cual modelo. 

De ahí que existan estudios tan contradictorios como uno de la Universidad Técnica de Múnich, que aseguraba en 2007 que la presencia de estos tóxicos en coches había bajado drásticamente. Otro, del laboratorio berlinés ALAB, cifró los COV encontrados en un vehículo en 15.000 microgramos por metro cúbico, un valor 1.500 veces por encima del umbral de toxicidad señalado por algunos organismos independientes. 


Qué son los compuestos orgánicos volátiles y por qué están en el coche

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Todo lo que hay bajo el plástico del salpicadero suele ser poliuretano. BMW.

Los COV reciben este nombre porque se convierten en vapor a temperatura ambiente; la lista de estos compuestos es superior a mil, pero son hidrocarburos. En su mayoría, tienen menos de doce átomos de carbono, unidos a moléculas de oxígeno, flúor, cloro, bromo, azufre y nitrógeno. 

Entre los COV hay sustancias tan dañinas y famosas como el benceno o el cloruro de vinilo; otras lo son algo menos tóxicas, como el acetaldehído; y otras, todavía menos nocivas, pero tan extendidas como la acetona. En todo caso, una u otra medida, todos los compuestos orgánicos volátiles son peligrosos para la salud. Pero además, los COV en combinación con los rayos ultravioleta del sol y los óxidos de nitrógeno, generan ozono. 

Los efectos que estas sustancias tienen en el organismo van desde la irritación de ojos, piel o vías respiratorias a náuseas, dolores de cabeza, falta de concentración o fatiga y, a largo plazo, dañan los riñones, el hígado o el sistema nervioso central, además de ser cancerígenos.

La combustión —sobre todo, del diésel, pero también, por ejemplo, la de un cigarrillo— es una de las fuentes de COV más importantes en una ciudad o en ambientes cerrados, por lo que difícilmente el interior de un automóvil va a estar exento de estas sustancias peligrosas.

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También dentro de las casas pueden estar presentes estos químicos, debido, fundamentalmente, al uso de productos de limpieza, disolventes... Sin embargo, en los coches el problema es mayor por ser espacios más cerrados y más reducidos y, sobre todo, porque también pueden generarse en su interior. 

Además, por las oquedades de los habitáculos, los COV pueden embolsarse indefinidamente si no ventilas bien el vehículo. Componentes acústicos, asientos, volante, panel de instrumentos, puertas... todos ellos se conforman con poliuretano y son fuentes de COV. Especialmente, en las fases posteriores a la creación de la espuma de poliuretano que hay bajo las molduras, aunque después también en menor medida. 

A más temperatura, más gases dentro del coche


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La espuma de poliuretano genera compuestos orgánicos volátiles a partir de 20 ºC. IAC.

La desinformación legislativa genera un vacío también respecto a los gases que puede haber en el interior de un coche, ya que algunas fuentes hablan de que el poliuretano sigue durante unos seis meses produciendo una elevada cantidad de COV, cuando otras  reducen este período a semanas y, alguna más, a días. 

Aunque pueden empezar a formarse estos gases a 20 grados o menos, el aumento de temperatura no hace sino acrecentar su producción y, teniendo en cuenta que con el coche al sol el habitáculo puede alcanzar cerca de 60 grados y la superficie del salpicadero llegar a los 120 ºC, el poliuretano que hay allí debajo o en los asientos puede tardar mucho tiempo en alcanzar una total estabilidad. 

Entonces, ¿de dónde viene ese olor a coche nuevo?

El olor a coche nuevo proviene de la combinación de los aromas que producen las más de 200 sustancias distintas que puede haber en el habitáculo, entre las que hay productos químicos, como adhesivos, plásticos o disolventes, y los cauchos y tejidos del interior. 

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De ahí que los fabricantes de coches tengan equipos de químicos encargados de que esta mezcla aporte a la gama una pequeña fragancia marca de la casa, pero nada más. Por suerte, en Europa ya no se hace, pero en países como China hasta hace poco se seguían utilizando agentes nocivos, aquí prohibidos por su toxicidad, para encurtir las tapicerías de piel. 

Aunque debido a este fenómeno todavía hay asociaciones medioambientales que aconsejan comprar un coche de ocasión en lugar de uno nuevo, lo cierto es que es un problema difícil de cuantificar. Además, la mayoría de los fabricantes de vehículos emplean hace tiempo poliuretanos más estables, cuyas emisiones de compuestos volátiles se reducen drásticamente en cuanto han pasado apenas dos meses después de su montaje en el vehículo.

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