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Hasier Larrea, el ingeniero vasco que enamoró a Ikea con sus muebles robotizados, explica cómo ve la casa del futuro: "Tendremos que repensar oficinas, tiendas, restaurantes y hoteles"

La directora de producto de Ikea con Hasier Larrea, CEO de Ori
El CEO de Ori, Hasier Larrea, con Seana Strawn, la desarrolladora de producto de Ikea Reuters
  • En 2015, el ingeniero vasco Hasier Larrea fundó la startup de muebles robotizados Ori. 
  • El proyecto supuso la culminación a 4 años de investigación para transformar el paradigma estático que dominaba la arquitectura y apostar por los "espacios inteligentes". 
  • Ahora, tras haber levantado más de 27 millones de dólares (unos 25 millones de euros) y respaldado por Ikea y Alphabet —matriz de Google—, Ori se consolida como la startup que diseñará la casa del futuro. 
  • "Esta crisis nos ha hecho darnos cuenta de las limitaciones de nuestro espacio", asegura Hasier Larrea, reflexionando sobre el impacto del confinamiento por la pandemia del coronavirus en nuestra forma de relacionarnos con el espacio. 
  • El ingeniero cree que la crisis acelerará la adopción del tipo de soluciones habitacionales por las que apuesta Ori: "Tenemos mucho que decir en este nuevo mundo y estas tecnologías y estos sistemas han venido para quedarse". 
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La clave del éxito para un emprendedor es "enamorarse de un problema", cuenta Hasier Larrea, ingeniero vasco y consejero delegado de Ori, startup de muebles robotizados y soluciones tecnológicas para transformar los hogares en espacios inteligentes.

"Cuando estás enamorado de un problema, querer solucionarlo será lo que te marque los pasos", reflexiona el emprendedor. La búsqueda de una solución a la falta de espacio para vivir que estaba provocando la urbanización masiva hizo que el ingeniero fundara Ori en 2015 para empezar a aplicar la tecnología de muebles robotizados que llevaba investigando en el MIT desde hacía 4 años.

"Pude ir a Boston a hacer mi proyecto de final de carrera", relata Larrea. Allí, se asoció al arquitecto Kent Larson y juntos desarrollaron un área de investigación en el Media Lab que buscaba combinar la arquitectura con la ingeniería y la robótica. 

"Íbamos viendo además el contexto en el que vivíamos", añade Larrea. Por un lado, las casas se estaban haciendo cada vez más pequeñas como consecuencia de la urbanización masiva. Por otro, el mundo físico empezaba a digitalizarse con tecnologías como el Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés). 

Y, al filo de esa convergencia, está Ori: "Vimos que esos conceptos de digitalización y de robótica se podían llevar al mundo de la arquitectura de diseño para cambiar el paradigma".

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Larrea asegura que la arquitectura ha seguido un paradigma estático, diseñando los espacios según las funcionalidades: "Esta es la cocina, porque aquí se come; esta es la habitación, donde se duerme". Sin embargo, con la reducción de metros cuadrados en el hogar, el ingeniero vio la necesidad de que el espacio "se adapte a nosotros y no nosotros a él". 

Así nació lo que, al principio, el equipo liderado por Larrea llamaba "muebles y arquitecturas con superpoderes": una cama que desaparece para dejar hueco a un salón, que unos segundos después puede transformarse por completo en una oficina. Básicamente, una vivienda a la carta. 

La idea de la que parte Ori es que "el espacio puede cambiar para darte lo que necesitas". El ingeniero asegura que ellos no creen que lo ideal sea vivir en espacios tan reducidos, simplemente intentan ofrecer una solución tecnológica que aumente la funcionalidad del hogar independientemente de sus metros cuadrados. 

En 2017, la startup recibió una inversión de 6 millones de dólares (5,53 millones de euros) liderada por Khosla Ventures que impulsó la empresa. Además, Larrea asegura que se dieron cuenta de que su mercado clave en Estados Unidos eran los promotores inmobiliarios.

Así se consolidó el negocio principal de Ori: "La venta de productos y soluciones a promotores para que sus edificios sean funcionales". 

"Cuando se trata de espacios pequeños, la gente tiende a alquilar, por lo que vimos que nuestro negocio podía apuntar a vender nuestro producto a los promotores", explica.

Un par de años después, Ori, que emplea a 25 personas, ha conquistado con su tecnología a las grandes compañías y, el pasado ejercicio, levantó 20 millones de dólares (18,45 millones de euros) en una ronda liderada por Ingka Group —la matriz de Ikea— y Sidewalk Labs —la división de arquitectura y urbanismo de Alphabet, dueño de Google—. 

Ahora, Ori cuenta con apartamentos totalmente equipados con su tecnología. "Estamos empezando a hablar de volúmenes reales, de una tecnología que ya se está aplicando". En Boston, por ejemplo, hay un edificio con 40 apartamentos con las soluciones de Ori y, en Chicago, otro con 45 pisos. 

En paralelo a su actividad principal, Ori tiene un acuerdo de colaboración con Ikea, a la que ha prestado su tecnología para aplicar su multifuncionalidad a los muebles de la cadena sueca.

Rognan es el producto nacido del trabajo entre las dos compañías, que es básicamente un mueble de Ikea "powered by Ori", explica el CEO. El mueble optimiza un espacio de 3 por 3,5 metros y, aunque las fechas de su lanzamiento no están claras todavía, podría debutar en mercados como Hong Kong y Japón.  

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La crisis del coronavirus ha puesto de manifiesto las limitaciones de los espacios

Con miles de millones de personas confinadas en todo el mundo por culpa de la pandemia de coronavirus, el CEO de Ori asegura que se va a transformar la manera en la que nos relacionamos con el espacio. 

"Situaciones como esta muestran las limitaciones del statu quo y aceleran la adopción de tecnologías que, de otra forma, habrían tardado más años", explica. 

Los espacios inteligentes por los que apuesta Ori son un gran ejemplo de eso, asegura Larrea. "Esta crisis nos ha hecho darnos cuenta de las limitaciones de nuestro espacio", asegura. 

La falta de privacidad y de distinción entre estancias de ocio y trabajo que se está viviendo pone en cuestión el paradigma que se ha seguido hasta ahora en el diseño de los hogares.

"La tendencia natural era hacer los espacios más pequeños pero utilizando las mismas soluciones habitacionales que se usaban en los espacios más grandes", explica. "Eso funcionaba porque teníamos la oficina, la biblioteca, los bares...", señala. 

Sin embargo, el confinamiento ha eliminado esos espacios alternativos y Larrea cree que "el consumidor va a empezar a demandar y esperar más de sus hogares".

"La próxima vez que alguien vaya a alquilar un nuevo espacio, sea cual sea la nueva normalidad, pensará en lo que ha vivido y en las necesidades que eso le ha creado", asegura Larrea. 

"Estamos empezando a ver la necesidad de que los muebles y las paredes se adapten a nosotros", señala. "En ese sentido, sí creo que vamos a ver una aceleración en la adopción de estas tecnologías", afirma. 

"Tenemos mucho que decir en este nuevo mundo y estas tecnologías y estos sistemas han venido para quedarse", concluye. 

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Imaginando la casa del futuro 

Ori Studio Suite
Ori

De cara al futuro, Larrea asegura que "no podemos perder la customización" y apuesta por una casa del futuro en la que casi podrás descargarte aplicaciones como haces con el móvil. 

"Los smartphones han demostrado que dos personas pueden tener una misma tecnología, pero una experiencia totalmente diferente gracias a las aplicaciones ", asegura. 

"Esa metáfora es la que aplicamos a la casa", señala. "Podemos tener esa base tecnológica que hace que la casa se adapte a nosotros, pero el uso que haremos de ella será muy diferente", asegura.  

"Si tú utilizas más tu casa como una oficina o como un espacio social, esa casa interactúa contigo de una forma diferente a si sólo buscas un lugar donde relajarte", detalla. 

En cuanto a sus planes para Ori, el ingeniero quiere consolidar su posición en el mercado estadounidense y su colaboración con los promotores inmobiliarios, pero ya tiene la vista puesta en la internacionalización. 

"Más del 60% de los mensajes que recibimos son internacionales", admite, con mercados más obvios para la startup como Japón. Para acometer esa fase, Larrea reconoce que hay que tener músculo y buenos socios. 

Y señala que "los espacios urbanos no son sólo la casa: vamos a tener que repensar oficinas, tiendas, restaurantes y hoteles". Así, el futuro de Ori pasa por aplicar su tecnología a todos estos espacios.  

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