El metaverso ya está en boca de todos, pero la mayoría no lo entiende: este filósofo pincha la 'burbuja' de conceptos web3 que infló el anuncio de Zuckerberg

Visitante en la instalación del artista Refik Anadol en la Feria de Arte Digital de Hong Kong (China) en 2021.
Visitante en la instalación del artista Refik Anadol en la Feria de Arte Digital de Hong Kong (China) en 2021.

REUTERS/Tyrone Siu

  • Aunque ya existen algunos metaversos, la mayoría están lejos de ser lo que prometió Zuckerberg en octubre del año pasado, y se han convertido en espacios para especular con NFT y otros criptoactivos.
  • Dirigentes políticos como el vicepresidente del Govern catalán se han sumado a la ola del metaverso anunciando uno propio para Cataluña, que no difiere demasiado de ser una sala de chat en tres dimensiones.
  • Este filósofo señala cómo mucha gente no entendió su momento la web 2.0 y expone cómo conceptos como el NFT buscan crear "una falsa necesidad de escasez" impropia del mundo digital.
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Hace unos días, el vicepresidente del Govern de Cataluña, Jordi Puigneró, intervino en una enorme sala agitando los brazos y con una camiseta amarilla. En realidad no era él, sino su representación en forma de avatar en un nuevo metaverso, el metaverso CatVers que ha lanzado la Generalitat catalana con el apoyo de la Cámara de Comercio de Barcelona y el Centro de Blockchain de Cataluña.

También hace unos meses Vodafone presentaba en una sesión con periodistas su nuevo metaverso. Al igual que CatVers, los usuarios podían emplear unos cascos de realidad virtual junto con sus habituales periféricos de control para acceder a un mundo digital tematizado sobre un parque de atracciones ficticio e interactuar los unos con los otros.

Con el 2022 recién empezado, todo apunta a que el año seguirá la misma dinámica que el 2021. El metaverso y sus posibilidades sigue copando titulares en todos los medios de comunicación y ya se han visto transacciones cada vez más grandes por la compra de parcelas en terrenos ficticios e incluso en representaciones digitales de España.

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La declaración de intenciones que Mark Zuckerberg hizo en octubre tiene bastante de culpa. El CEO de Facebook anunció que su compañía pasaría a llamarse Meta para construir este metaverso. En los últimos meses se han popularizado cada vez más conceptos de la web3 que parece que irán aparejados a este fenómeno: tokens no fungibles (NFT), criptoactivos y descentralización.

Desde entonces este mundo no ha hecho más que popularizarse y arraigarse en varias comunidades de la red. Aunque mucho de lo que ofrecen en realidad no es nuevo y no está tan claro que termine por consolidarse.

El tecnosolucionismo y la charlatanería inundan los discursos políticos

Jaime Gómez-Obregón es un hacker que está trabajando con ahínco en auditorías sobre aplicaciones desarrolladas por y para la administración pública, así como para el análisis de las licitaciones públicas en los portales de transparencia de diferentes instituciones. En una entrevista con Business Insider España, Gómez-Obregón denunció la "charlatanería" alrededor de las tecnologías.

En especial por parte, a menudo, de los políticos. 

Entonces, Gómez-Obregón había auditado cómo en 2017 el Ayuntamiento de Lepe (Huelva) había destinado 200.000 euros de un proyecto cofinanciado con los fondos FEDER para crear una plataforma de "smart turismo". Uno de los lotes conllevaba la creación de una app y un geovisor inteligente.

Ese geovisor inteligente no fue más que un mapa con puntos de interés turísticos que los usuarios podían consultar a duras penas a través de una plataforma digital. A duras penas porque la plataforma ni siquiera estaba indexada en los principales motores de búsqueda, como Google. Pero sin duda alguna, un "geovisor inteligente" hoy podría licitarse como "un metaverso".

Mark Zuckerberg está creando un futuro que parece una versión peor del mundo que ya tenemos

La tecnología evoluciona rápido, pero a menudo ciertos discursos tratan de azuzarla a unas velocidades improbables. Igual que ocurre con el ejemplo del Govern catalán y su metaverso, desarrollado sin atender en realidad a qué será el metaverso tal y cómo se esboza en el futuro para que sea una verdadera disrupción (y no una simple plataforma de chat en 3D).

Es lo que se ha venido a denominar en tecnosolucionismo. A menudo muchas decisiones políticas buscan respuestas tecnológicas a problemas que probablemente no requieran tecnología. Este fenómeno también ocurre en la implementación de modelos de inteligencia artificial con sus consecuentes riesgos, como ha denunciado la experta Gemma Galdon.

Otro de tantos ejemplo de ese tecnosolucionismo que acaba en nada fue el ocaso de las famosas smart cities españolas.

El metaverso y la web3 no cambiarán esas dinámicas

Zuckerberg, en su comparecencia de octubre, aseveró que el metaverso sería una plataforma descentralizada. Esto lleva a hablar actualmente de la web3. En una tribuna publicada hace unos días en el diario El País, la periodista Marta Peirano analizaba algunos de los límites de estos nuevos desarrollos, llamados a ser "el futuro de internet".

Por ejemplo, Peirano, en su artículo, se sorprendía cómo las criptomonedas, "para ser un mercado tan descentralizado", su principal plataforma de intercambio fuese "más grande que todas las demás juntas". También se refirió a la concentración actual del mercado de los NFT o tokens no fungibles o sobre las ínfulas democratizadoras de estos despliegues.

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Solo en los últimos días, algunas personalidades como el músico de Linkin Park, Mike Shinoda, han llegado a sugerir que el NFT no tiene por qué ser una simple imagen, sino que también puede soportar una skin de un videojuego como Minecraft y hacerla interoperable con otros títulos, ahora también considerados metaversos, como Fortnite o Call of Duty.

Por supuesto, esto es algo improbable: las compañías de videojuegos, aunque también están protagonizando sus singulares aproximaciones a este ecosistema, tratan de maximizar sus márgenes y la idea de la interoperabilidad está lejos de ser una realidad tras la ola de la web 2.0 (previa a la web3) que prometía la misma eliminación de intermediarios.

Como recuerda Peirano en su columna en El País, hoy la red está en manos de unos pocos grandes intermediarios como son Google, Amazon, Apple, o Facebook. Este tecnosolucionismo lo bautiza la propia Peirano como criptogatillazo, aunque otra fuente consultada por Business Insider España la resume entre risas a charlatanería.

"No hay nada como visitar la historia"

David Casacuberta, uno de los primeros ciberactivistas españoles.

Se trata de David Casacuberta. Es profesor de Filosofía en la Universidad Autónoma de Barcelona, y está especializado en las implicaciones sociales, culturales y cognitivas de las tecnologías digitales. El filósofo también es conocido por fundar el desaparecido capítulo español de la emblemática fundación Fronteras Electrónicas, por lo que ya fue entrevistado en este medio.

Cuando se le pregunta sobre metaversos y conceptos de la web3, Casacuberta responde ágil, aunque sin perder el tiempo para soltar alguna que otra carcajada. Para responder al potencial disruptor de estas tecnologías, el experto resume rápido qué requisitos deben reunirse para hacer este análisis: "No hay nada como tener cierta edad y visitar la historia".

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Preguntado por el CatVers catalán, Casacuberta alude a Second Life. "Fue una locura: que si comprar terrenos, que si iba a ser el futuro de la educación, universidades haciendo serias apuestas... Ahora, básicamente, Second Life son cuatro avatares con penes gigantescos paseando", ríe.

Por eso, intuye que muchos de los futuros metaversos que se irán abriendo "serán como Second Life al principio: muchos usuarios entrarán, verán que no tienen un hardware lo suficientemente potente como para poder acceder a él, y saldrán". "Es un intento de crear la presencialidad cuando claramente esta no está".

¿Los metaversos tendrán aplicaciones prácticas? Casacuberta no lo duda. "Las personas con movilidad reducida ya se encontraban más cómodas en Second Life, donde podían salir, pasear, hacer cosas". Pero al final los metaversos serán una nueva excusa para hacer que los usuarios "adquieran equipos más caros, periféricos más caros y volver a sobrecargar la red".

El NFT responde a la "falsa necesidad" de contar con "escasez"

"Recuerdo que hace años cada uno tenía su visión de lo que sería la web 3.0", recuerda el filósofo. "Uno hablaba de la web con inteligencia artificial. Otro, de la web con olores. Como ves, es algo que se ha cumplido totalmente", dice entre risas. "El NFT es la enésima representación de una lucha histórica".

John Perry Barlow es un conocido ciberactivista estadounidense que falleció en 2018. Suya es la Declaración de independencia del ciberespacio (1996) o un ensayo titulado Vender vino sin botellas (1994), que publicó en Wired. El autor anticipó cómo sería la economía con la llegada del internet masivo, e incluso planteó el potencial de la criptografía entonces.

Pero también concluyó que hasta entonces "los derechos de la invención y de la autoría se vinculaban a actividades del mundo físico". "No se pagaban las ideas sino la capacidad de volcarlas en la realidad. A efectos prácticos, el valor estaba en la transmisión y no en el pensamiento transmitido".

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Por eso David Casacuberta entiende que el fenómeno de los NFT es la enésima demostración de esa "obsesión" por tokenizar los activos digitales, "que son radicalmente distintos a los físicos". "Esa obsesión de convertirlos en objetos únicos para poder especular con ellos. Es todo lo que hay en esta historia".

"La gracia aquí supongo que es más seguro porque está cifrado o es más difícil de seguir, pero aparte de eso no hay ningún tipo de interés y es responder a esa falsa necesidad de convertir algo en único que por definición es ilimitado y copiable múltiples veces sin problemas. Es crear una sensación falsa de escasez, de objeto único finalmente".

Y no es la primera vez que se intenta, rememora.

"Ya cuando apareció la web 2.0 todo el mundo decía que tenía una web 2.0, y si rascabas veías que lo que tenía era una página con un botón que enviaba la información a Facebook o Twitter. ¡Eso no es 2.0! El 2.0 era la construcción colectiva", algo que sí lograron fenómenos como el de las wikis.

En el pasado el mundo se imaginaba un futuro "con aspiradoras que funcionarían con energía atómica" y "plantas radioactivas que brillarían en la oscuridad". Para Casacuberta, no todo, pero buena parte de los nuevos fenómenos de la web3 responden a la necesidad de "sacarle el jugo a cualquier cosa, aunque no tenga ningún tipo de sentido".

"El blockchain puede servir para descentralizar, para hacer certificados, transacciones". Otra cosa será el tecnosolucionismo o la charlatanería, ejemplifica, riendo una vez más, el filósofo: "Turismo vía blockchain o recetas de cocina en blockchain, ¿qué sentido tiene esto?".

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