Una sola persona ya posee los terrenos digitales de la Alhambra y los grandes monumentos de Málaga: así es el 'mercado inmobiliario' en la España de los metaversos

Una persona abre un NFT en un laboratorio artístico en Berlín.

REUTERS/Annegret Hilse

  • De todos los metaversos que ya existen, algunos están creando una copia del mapa del mundo. Así se mueve el mercado inmobiliario de la 'España digital' en ellos.
  • Usuarios compran 'terrenos' en la Sagrada Familia para colocar un escarabajo gigante modelado en 3D en realidad aumentada o para hacer pixel art en la costa.
  • Algunos de estos metaversos ya tienen juegos de realidad aumentada, mientras que otros simplemente permiten comprar parcelas sobre un mapa 2D para especular.
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Cuando el año pasado Mark Zuckerberg anunció que Facebook pasaba a llamarse Meta y se apuntaba a la carrera para construir un metaverso, el entusiasmo de los medios hizo que se le prestase más atención a este fenómeno.

Tanto, que apenas unos días después ya proliferaron titulares que detallaban cómo varias empresas estaban dedicándose a comprar parcelas y 'terrenos' en estos nuevos mundos digitales.

Aunque por el momento poco se sabe sobre cómo es el metaverso que vislumbra Meta para el futuro (más allá de la presencialidad de la que lo quieren dotar con tecnologías de realidad virtual y guantes hápticos que ya están prototipados), lo cierto es que desde hace meses han aparecido mundos digitales más o menos descentralizados que aprovechan la tecnología blockchain.

Son espacios que adelantan una de las grandes tendencias para el futuro de internet, como es la web3, donde la popularidad de lo cripto será todavía mayor. A finales del año pasado Business Insider España desgranaba cómo incluso actores españoles como Álvaro Morte o exfutbolistas como Carles Puyol se habían sumado a la nueva ola de los NFT o tokens no fungibles.

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El quién ya está claro. Al calor de estos anuncios han surgido auténticas inmobiliarias con carteras virtuales como Tokens.com o Republic Realms. Pero con estas grandes plataformas todavía por definirse, pasamos del quién al ¿dónde?

Mundos ficticios, mundos reales y muchos NFT

Más allá de metaversos cerrados y convencionales, como pueden calificarse títulos como Fortnite o Second Life (donde un profesor de la Universidad de Málaga lleva ofreciendo formación complementaria a sus egresados de Medicina desde hace más de 10 años), en los últimos años han aparecido juegos y metaversos descentralizados cada vez más populares.

Todos ellos se entroncan dentro de una tendencia que divide a la industria del videojuego, como es el fenómeno del play to earn por el que grandes distribuidoras como la francesa Ubisoft o la japonesa Square-Enix ya han mostrado su interés.

Un juego play to earn permite a los jugadores ingresar en el título mediante una inversión y jugar para acabar ganando más dinero en función del desarrollo y progreso de sus tareas. Estas mecánicas se han asociado a juegos como Axie Infinity, en la que los usuarios compran una suerte de mascotas (similar a Pokémon) y donde ya se venden, compran y alquilan parcelas.

Axie Infinity no está exento de polémica y ha protagonizado intensos debates en las redes sobre si su modelo de negocio es similar o no al de un esquema Ponzi, un tipo de estafa relacionada con inversiones por la cual un grupo de gente nunca verá beneficios.

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Con todo, junto con Axie Infinity, otros juegos con un componente social más marcado como The Sandbox o Decentraland también ofrecen la compraventa de parcelas. Fue en este último donde se vendió uno de estos terrenos por más de 2,4 millones de dólares en noviembre del año pasado, una cifra que superaba el precio medio de la vivienda en ciudades como Nueva York.

Metaversos como los descritos tienen en común una cosa: sus mundos (y por extensión, sus parcelas de terreno) son ficticios. Pero en los últimos meses también han aparecido metaversos cuyo propósito es comercializar réplicas exactas del planeta Tierra. Se trata de una idea muy ambiciosa, así que no te imagines un mundo 3D que reconstruya todo el globo, porque eso todavía no existe.

Por el contrario, se tratan de mapas del mundo con cuadrículas. Con ese concepto han aparecido plataformas como Earth 2, OVR o Next Earth, en los que también se están comprando bienes raíces con la singularidad de que estos son digitales. Y análogos a los del mundo real.

OVR, un metaverso de realidad aumentada que te permite ver un escarabajo gigante en la Sagrada Familia

Puedes imaginar el metaverso de OVR como un Pokémon Go vitaminado. El fundamento de esta plataforma es la realidad aumentada. La aplicación, disponible para Android o iPhone, permite a los usuarios comprar, vender y visitar terrenos a lo largo de todo el mundo físico, ya sea a pie o mediante un buscador.

El metaverso de OVR funciona mediante dos tipos de tokens. Los fungibles, que son las monedas OVR, y los no fungibles, que son los terrenos en sí mismos, también conocidos como OVRLands. Estas OVRLands pueden variar de precio, en función de lo tensada que esté una zona, como ocurre en el sector inmobiliario convencional del mundo físico. 

Así, por ejemplo, es difícil encontrar solares ocupados en la Puerta del Sol o en la Plaza Mayor de la capital: son más caros. OVR se construye sobre Ethereum y el precio de los tokens OVR está, en el momento en el que se escriben estas líneas, a unos 2,4 dólares por unidad. 

Cada uno de esos terrenos es una celda de la cuadrícula del mapa del mundo y su valor en tokens OVR puede alcanzar hasta los 100 OVR.

Los hexágonos en la Puerta del Sol del metaverso de OVR. En naranja, los comprados. En rojo claro, a la venta. En rojo oscuro, celdas en los que hay un evento de realidad aumentada.

Estas celdas son hexagonales. La catedral de La Almudena, también en Madrid, ha sido comprada por un mismo inversor. Son más de una treintena de celdas ocupadas por la misma persona. Cada celda ocupa unos cuantos metros cuadrados del mundo físico, y su valor es de una media de 25 OVR. Así, un cálculo aproximado arroja que La Almudena le costó a una sola persona más de 310 dólares.

Dado que algunos conjuntos de celdas (o hexágonos, OVRLands) pueden arrojar cifras prohibitivas, también es habitual ver cómo otros monumentos, como la Sagrada Familia de Barcelona, están prácticamente repartidos entre un sinfín de postores. Pero, ¿cuál es el potencial más allá de comprar y vender celdas sobre un mapa del mundo?

OVR está construyendo un metaverso en el que en cada una de esas celdas se permite a los usuarios construir experiencias en realidad aumentada. Por eso, ahora mismo hay dos celdas en la Plaza del Rey Juan Carlos I de Palma de Mallorca en las que un inversor ha dejado unas letras en tres dimensiones ofreciendo un descuento del 10% en joyas mallorquinas.

En una celda de la propia Sagrada Familia, otro usuario de este metaverso ha dejado un insecto gigantesco en tres dimensiones, construido con el motor gráfico Unity.

Dos celdas compradas con eventos de realidad aumentada en el metaverso de OVR. A la izquierda, una celda en Palma de Mallorca con una oferta en joyas. A la derecha, una 'fiesta' en una celda en algún punto del mundo.

La idea es que conforme este metaverso siga desarrollándose, cada vez más marcas o artistas digitales adquieran celdas y ofrezcan experiencias en realidad aumentada, lo que hará que esas celdas se revaloricen. Además, para incentivar la interacción de sus usuarios, el metaverso de OVR cuenta con juegos.

Uno de ellos recuerda, precisamente, a Pokémon Go. Además de poder navegar el mundo como si fuese una aplicación de mapas convencional, salir a la calle con la aplicación encendida permite recorrer las celdas aledañas a tu ubicación geográfica. En algunas de estas celdas hay tesoros, y los usuarios pueden obtener tokens gratuitos de la plataforma en muchas de esas celdas.

Los usuarios pueden acceder a esos tokens gratuitos un número limitado de veces al día, pero es una forma de animar a la comunidad a participar y a entrar asiduamente con el objetivo de poder obtener tokens gratuitos con los que poder adquirir estos NFT que representan los terrenos digitales del mundo de OVR.

La Alhambra o El Retiro, vendidas en Next Earth, un metaverso que ofrece un mapa 2D para especular

Next Earth es otro de los metaversos más populares con un mapa del mundo idéntico al del mundo físico. En este caso las celdas no son hexagonales, sino cuadradas, y además los usuarios tienen la posibilidad de comprar varias de estas celdas de golpe. La salvedad: cada celda no equivale necesariamente a un NFT.

Si un usuario compra en Next Earth una sola celda, obtendrá un NFT. Si compra 100 celdas, obtendrá un NFT que incluirá todas esas 100 celdas.

Next Earth funciona sobre Polygon, un protocolo y marco que se conecta a la red de Ethereum y que ofrece comisiones más bajas. Su token, MATIC, es el que Next Earth usa para que sus usuarios compran y vendan terrenos en su mapa del mundo. Mapa del mundo cuyos precios oscilan en función también de la tensión y de la revalorización del "suelo", como en el mundo real.

En Next Earth, los usuarios pueden optar entre comprar suelo urbano, suelo rural o suelo marítimo. En estos últimos, Next Earth ofrece la posibilidad de que artistas digitales hagan diseños y literalmente pinten sobre el mapa. Esto ayuda a revalorizar gran parte de ese suelo.

La costa de Barcelona ya está pintada por propietarios de parcelas en Next Earth.

Este metaverso pretende convertirse en "la mayor plataforma de ventas y marketing para negocios virtuales". Pero lo cierto es que hoy por hoy el metaverso de Next Earth todavía tiene poco de metaverso: es, más bien, un marketplace de NFT que son fragmentos de una enorme fotografía de todo el mundo hecha desde satélite.

En la hoja de ruta de la compañía reconocen que se aventurarán en experiencias de realidad virtual solo a partir de 2023, lo que invita a imaginar un futuro a medio y largo plazo en el que sí podrían llegar marcas a este suerte de mapa digital de NFT para comprar suelo y ubicar experiencias para sus usuarios e incluso tiendas en línea.

Hasta que eso suceda, el principal caso de uso que se le da a Next Earth es el de la especulación. Y como los precios de los terrenos comprados se arrojan en Tether, la stablecoin de Ethereum que se apalanca sobre el dólar, es fácil comprobar los precios que están alcanzando algunos emplazamientos de esta versión digitalizada del planeta.

Eso ha atraído a varios usuarios sobre diversas ciudades españolas. Un usuario cuyo pseudónimo responde a Last ha comprado varias localizaciones a lo largo del mundo por ser emplazamientos conocidos por series de televisión como Vikings, Juego de Tronos o La casa de papel

Nuevos Ministerios, en Madrid, es la ubicación en la que se rodaron las primeras temporadas de La casa de papel. La ficción de Netflix convirtió uno de los edificios del complejo administrativo en un simulado Banco de España. El usuario adquirió esa zona (633 celdas) por 224 Tether (unos 224 dólares). Su valor de mercado ahora está en 570 Tether. 

También se hizo con el hangar en el que El Profesor, interpretado por Álvaro Morte en la misma ficción, se refugiaba durante sus operaciones. Es una nave cercana al madrileño parque de Quinta de los Molinos, que compró por 8,5 Tether y ahora su valor de mercado supera los 20. En su cartera también está la plaza de toros de Osuna (Sevilla), es decir, las arenas de Meereen en Juego de Tronos.

Los NFT comprados de Nuevos Ministerios, una nave en Madrid y la plaza de toros de Osuna (Sevilla).

Entre tanto, el propietario de la Sagrada Familia de Barcelona en Next Earth (cuyo valor ya ha crecido un 800% desde que adquiriera todas sus celdas por algo más de 20 tethers) también posee otros emplazamientos como un estadio en Yokohama (Japón) o la zona cero de Chernóbil, en Ucrania.

Al sur, un solo usuario ya posee la totalidad de la Alhambra (693 celdas o cuadriculas) y la Alcazaba, el castillo de Gibralfaro y la plaza de toros de La Malagueta, tres de los monumentos más reconocibles de la capital de Málaga. Aunque por el momento, la única utilidad que puede sacar de ellos sea la de especular.

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