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¿Electrificar las carreteras en vez de los coches? Pros y contras de esta alternativa para aumentar (ilimitadamente) la autonomía del vehículo eléctrico

Un camión circula por una carretera electrificada, en Suecia
Un camión circula por una carretera electrificada, en Suecia. Scania
  • En Suecia, Francia o Alemania ya existen tramos de carreteras electrificadas, en las que los coches pueden abastecerse de energía prácticamente ilimitada y recargar sus baterías sin detenerse.
  • De este modo, se solucionarían los dos principales escollos del coche eléctrico: el alto coste de sus baterías y la escasa autonomía de las mismas.
  • Pero esta tecnología aún está en pañales y existen numerosos obstáculos económicos, técnicos y regulatorios por superar.
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El coche eléctrico hace tiempo que se ha consolidado como una de las principales alternativas de movilidad sostenible, sustituyendo a los vehículos de combustión cuyas emisiones contaminantes están más en entredicho que nunca. Incluso hay países como Noruega donde ya se venden más automóviles eléctricos que convencionales. Pero aún estamos en los primeros instantes de esta revolución a cuatro ruedas.

Tanto es así que ni tan siquiera hemos resuelto uno de los debates básicos a la hora de cambiar el modelo de movilidad: si debemos seguir profundizando en la electrificación del automóvil en sí (con baterías de mayor capacidad que ofrezcan autonomías comparables a las de un depósito de gasolina) o si apostar, por el contrario, por electrificar las carreteras para abordar este problema de raíz.

Si todavía no sabes de qué va eso de electrificar las carreteras, hablamos de sistemas que permiten abastecer de energía desde la carretera al vehículo en movimiento, ya sea mediante inducción (sin contacto), por medio de un pantógrafo (cual tranvía) o gracias a rieles electrificados. Esa energía le permite al coche moverse sin necesidad de consumir electricidad de su batería, así como cargarla para cuando se mueva por vías sin estas tecnologías.

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De este modo, la autonomía de los coches eléctricos sería prácticamente ilimitada, no haría falta disponer de puntos de recarga y la eficiencia del ecosistema del vehículo sostenible sería mucho más eficiente que en la actualidad.

Pero, ¿cuáles son los beneficios concretos de las carreteras electrificadas? ¿Son viables en la actualidad? ¿O, sin embargo, existen barreras notorias que impiden su despliegue masivo? ¿Existen ya ejemplos de carreteras electrificadas funcionando en nuestro entorno? Contestamos a todas esas preguntas a continuación...

Pros y contras de electrificar las carreteras

A favor:

  • Al eliminar la necesidad de recargar la batería, no hace falta desplegar estaciones ni puntos de recarga, ahorrando ese coste de instalación a las compañías de automoción (Tesla), eléctricas y gobiernos. También los usuarios finales evitarían tener que disponer de enchufes y adaptadores en su hogar para cargar el coche por las noches.
  • Y como se asegura una autonomía absoluta del vehículo, no es imperativo dotar a los vehículos de una batería de gran capacidad. Dado que la batería es la principal causa de los altos precios del coche eléctrico, éstos serían mucho más económicos, eliminando la primera barrera de entrada y facilitando la adopción masiva de esta clase de automóviles.
  • Para los consumidores, electrificar las carreteras supone poder circular sin restricción alguna de autonomía por las principales carreteras del país, prolongando los trayectos posibles y abriendo nuevas posibilidades de movilidad.
  • En las ciudades, electrificar las carreteras puede ayudar a los taxis, autobuses y vehículos de transporte con conductor a ser más eficientes y eficaces, optimizando sus rutas y reduciendo sus costes.

En contra:

  • Todavía no existe un estándar técnico ni está clara cuál de las alternativas (inducción, pantógrafos o raíles electrificados) es la más idónea.
  • Aún no hay prototipos de automóviles que puedan ser escalados a producción comercial a corto plazo.
  • Tampoco existen datos suficientes para garantizar la seguridad de instalar estos sistemas de energía a grandes escalas, especialmente en lo que atañe a los animales o viandantes.
  • Hay un potencial problema de contaminación visual en el caso de los sistemas basados en pantógrafos, ya que requerirían desplegar una red eléctrica sobre todas las carreteras del país.
  • Si bien los nuevos coches eléctricos se beneficiarían de un menor coste en su compra, los vehículos antiguos tendrían que someterse a una adaptación bastante costosa para poder beneficiarse de esta infraestructura.
  • Y, por supuesto, ese coste que se ahorran los conductores lo asume el Estado o las concesionarias de las carreteras al implementar estos sistemas en toda su red viaria. No hay, por el momento, datos específicos de la factura que implicaría electrificar las carreteras de Europa, pero tengan por seguro que no saldría barato (especialmente si se opta por sistemas de inducción o de raíles, que implican una obra completa en el pavimento).
  • Sí existen cifras en el caso de un proyecto de carretera electrificada en Reino Unido. En ese caso, la entidad Highways England estimó que el coste total por cada kilómetro de cada carril de vía por inducción suponía unos tres millones de euros a sumar a los costes habituales de pavimento y señalización.
  • En cualquier caso, quedaría por ver cómo se monetizaría este consumo de energía, si sería asumido por los gobiernos o, por el contrario, se instalarían medidores en los vehículos para calcular su consumo. En caso de que esta labor se ejerciera por parte de empresas privadas, como las eléctricas, sería necesario resolver un arduo y lento proceso regulatorio y de concesiones para permitir su despliegue.

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Dónde hay carreteras electrificadas

Aunque en nuestro país no hay ninguna carretera electrificada, lo cierto es que en muchos países de nuestro entorno ya hay tramos de autovías en los que se han implementado estas capacidades, ya sea de manera operativa o como un test de esta tecnología frente a otras alternativas.

Sin ir más lejos, en Francia se ha desplegado un sistema de carga dinámica por inducción bajo el asfalto en un tramo de 100 metros localizado en Versalles. De la mano de Qualcomm y bajo el amparo de un programa de la Unión Europea, la carretera transfiere la carga a las baterías de hasta 20 kW mientras el vehículo sigue su curso sin detenerse, todo mediante una serie de pastillas colocadas en el pavimento y que consiguen hacer este trasvase de energía sin contacto.

Un convoy de camiones circula por una autovía electrificada en Suecia
Siemens

Algo más ambiciosa es la apuesta germana en estas lides. Y es que en tierras alemanas, concretamente entre las localidades de Langen y Weiterstadt, es donde se ha instalado un tramo electrificado de 10 kilómetros de longitud. En fase de prueba hasta 2022, esta iniciativa ha sido impulsada por el gobierno nacional y el coloso Siemens, teniendo como principal objetivo ayudar a electrificar la flota de camiones y vehículos comerciales en ese país. A diferencia de la carretera francesa, en esta vía no se transmite la energía mediante inducción, sino que los vehículos montan un pantógrafo con el que conectarse a la catenaria dispuesta a tal efecto, como si de trenes o tranvías se tratase.

Más al norte, en Suecia, encontramos a los pioneros europeos en esto de electrificar las carreteras por las que circulamos. Allí se ha optado, de nuevo, por otra forma de transmitir la energía de la vía al coche: usar un raíl electrificado, a más puro estilo de los famosos Scalextric. Con esta propuesta, los vehículos han de montar un brazo móvil que encaje en ese raíl para poder reabastecer su batería y dejar de consumir sus propios recursos mientras permanezca conectado a la red. Por el momento, ya existe un tramo en pruebas de dos kilómetros en los alrededores del aeropuerto de Estocolmo Arlanda.

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