Los ataques de 'sextorsión' a ricos y famosos se multiplican: así trabajan silenciosamente los abogados para combatirlos

Sextorsion

Anna Kim / Business Insider

Un joven CEO de Manhattan revisó los mensajes de su teléfono horrorizado. "Voy a destruirte a ti y a tu negocio", decía la pantalla.

Era una mujer que había conocido en Seeking Arrangements, una web de sugar babies y sugar daddies popular en Nueva York. Cuando se conocieron, ella dijo que era mayor de edad. Sin embargo, ahora afirmaba lo contrario.

El CEO ya le había entregado unos 40.000 euros en dinero y regalos, primero por voluntad propia y luego, tras su ruptura, en respuesta a sus amenazas. 

Pero ella ahora pedía más dinero, y de lo contrario amenazaba con publicar fotos íntimas suyas en redes sociales y acusarle de corrupción de menores. Mientras tanto, él ni siquiera sabía su verdadero nombre

"Si no puedes conseguirme el dinero, voy a joder a toda tu empresa", rezaba uno de los mensajes que ha podido leer Business Insider.

"Siempre es lo mismo: 'Págame, o te voy a destruir a ti, o tu matrimonio, o tu negocio'", explica Jeremy Saland, especializado en defensa contra la extorsión sexual, un sector creciente, lucrativo y muy discreto.

"Siempre, siempre es un delito", explica Saland, antiguo fiscal de Manhattan.

Sin embargo, lo último que quieren hacer estos clientes es contárselo a la policía. Les asusta la idea de que su nombre aparezca en una demanda o en el titular de una web de cotilleos.

Ya sean estrellas de la NBA, de Hollywood o millonarios discretos de Manhattan, todo lo que quieren y desean desesperadamente es que la sextorsión termine de la forma más discreta posible. Para conseguirlo, pagan decenas de miles de euros a los abogados que lo hacen posible.

"Para ellos, acudir a nosotros es como entregarnos una bomba de relojería de la que no quieren que nadie se entere", cuenta Herman Weisberg, investigador privado que lleva 12 años trabajando en estos casos junto a Saland.

"Creen que el mundo está a punto de acabarse", añade.

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Costa Este, Costa Oeste

Las extorsiones sexuales a ricos y famosos, como el caso de ese CEO de Manhattan —uno de los clientes recientes de Saland y Weisberg— parecen estar aumentando. El negocio ahora mismo está en auge, según coinciden los abogados especializados en estos casos.

No se trata de casos legítimos como los del movimiento #MeToo, sino de chantajes basados en acusaciones falsas. Los clientes son casi exclusivamente hombres, en su mayoría residentes en Los Ángeles y Nueva York, y en cada costa se observa un patrón diferente de objetivos y ataques.

Los abogados de Los Ángeles afirman que es más frecuente que se trate de estrellas del mundo del espectáculo y del deporte amenazadas con demandas falsas por varios millones.

"Son casos en los que envío a mi investigador y la acusación no suele ser real, se trata de estafas. Normalmente, piden 7 cifras", cuenta la abogada de Los Ángeles Shawn Holley, que considera una gran victoria conseguir negociar un acuerdo extrajudicial de 5 cifras.

A veces el famoso prefiere luchar públicamente contra las falsas acusaciones, explica Holley, socia de Kinsella Weitzman Iser Kump Holley LLP. No obstante, sus representantes no tardan en disuadirles. El daño a su reputación, incluso si se acaba demostrando la inocencia del famoso, sale demasiado caro.

Shawn Holley representando a Lindsay Lohan en Los Ángeles en 2013.

"Yo les digo que se trata del coste de ser ellos", comenta Holley, entre cuyos clientes famosos se encuentran Kim Kardashian, Snoop Dogg y Lindsay Lohan.

"Ha habido un aumento significativo en los últimos 20 años, pero en los últimos 5 o 6 parece haber explotado", subraya Blair Berk, de Tarlow & Berk, otra abogada de famosos de Los Ángeles. 

"Normalmente, está claro que no ha habido ningún delito", dice Berk. "Una de las señales más claras se da cuando quien extorsiona afirma que podría acudir a la policía pero ha decidido no hacerlo", comparte Berk.

Blair Berk en agosto de 2007, saliendo del juzgado de Malibú, California, tras representar a su cliente, Mel Gibson.

"A la víctima se le dice: 'Voy a presentar esto en los tribunales la semana que viene a menos que negociemos'", detalla John B. Harris, de Frankfurt Kurnit Klein & Selz, sobre el tipo de chantaje más habitual a los famosos de Los Ángeles.

"La persona famosa siente un miedo patente" a verse afectada por la mala prensa, explica Harris, razón por la que los acuerdos extrajudiciales suelen incluir cláusulas de confidencialidad y pagos que se prolongan en el tiempo para incentivar el silencio de los autores de la extorsión sexual. 

En Manhattan, las cosas son distintas

Por el contrario, las víctimas de las extorsiones sexuales de Manhattan no suelen ser famosas, sino que más bien son ricos anónimos de la ciudad, habitualmente del mundo empresarial. Los chantajistas sexuales se enfrentan a sus objetivos directamente, sin acudir a un abogado para que les transmita su amenaza de presentar una demanda. 

"Veo a gestores de fondos de inversión, inversores de capital riesgo, abogados de grandes bufetes, médicos muy reconocidos, especialmente si son activos en las redes sociales", dice Saland, que calcula que él y Weisberg han trabajado en unos 200 casos en los últimos 12 años.

Sus clientes suelen residir en Manhattan, aunque los extorsionadores, tanto hombres como mujeres, son de cualquier parte.

"Hemos llevado casos en los que hemos tenido que rastrear a personas en Filipinas, y encontramos a alguien en Kenia que estaba extorsionando a un chico joven en Instagram, después de engañarlo para que enviara fotos desnudo", cuenta Saland.

Las amenazas pueden surgir tras una aventura extramatrimonial, una borrachera en Las Vegas o una "cita" con una trabajadora sexual de webs como Ashley Madison o Eros. A veces ocurre después de un escarceo, incluso sólo online, con una persona transgénero o del mismo sexo.

"Las víctimas son vulnerables, ya sea porque han ocultado sus preferencias sexuales o por sus relaciones familiares", dice Weisberg.

"La sextorsión es un término feo con repercusiones feas", opina Stacey Richman, abogada penalista del Bronx que tiene una cartera de clientes con alto poder adquisitivo.

"Para muchos, es un negocio", subraya, especialmente en los rincones más oscuros del comercio sexual online.

"Para otros, es una lotería. Y el riesgo de exposición es absolutamente aterrador, porque en Estados Unidos la reputación no se recupera una vez dañada", añade.

"Quedas manchado para siempre. Y es trágico porque degrada a las verdaderas víctimas", reflexiona.

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Los jugadores de la NFL y la NBA son el blanco favorito

Los abogados en ambas costas coinciden en que ha habido un aumento de los chantajes a jóvenes deportistas, especialmente de la NBA (baloncesto) y la NFL (fútbol americano).

"Hay chicos que han crecido en familias honradas. Han dedicado su vida al deporte. No son juerguistas", dice Richman. "Y entonces conocen a algunas de estas personas". Richman los divide en dos grupos, "depredadores" y "obsesivos", y puede ser "devastador" para ellos.

"Atacan a los deportistas jóvenes", dice Weisberg. "Tienen 21 años y se encuentran en una ciudad extraña, quizá en Nueva York por primera vez. Estos chicos se sienten realmente solos".

"Y alguien en Instagram dice: 'Oye, ¿qué vas a hacer después del partido de esta noche?'", detalla Weisberg.

"Entonces, de repente, tenemos a un joven que nos llama diciendo que tiene mujer e hijos o una novia embarazada que no puede enterarse de lo que ha pasado, ya sea vía online o en persona. Que tendrá repercusiones en su vida familiar y en su carrera profesional", añade el experto.

Anatomía de una defensa por sextorsión

Todos los casos de defensa de la sextorsión empiezan de la misma manera, según cuentan Saland —el antiguo fiscal— y Weisberg —exdetective de la policía de Nueva York— en una entrevista reciente con Business Insider.

Ellos hablan con el cliente y tratan de tranquilizarlo.

¿El CEO cuya "cita" de Seeking Arrangements amenazaba ahora con "reventar" su negocio? Saland explica que le pidió que respirara hondo, como hace con todos los nuevos clientes, ya que el joven estaba muy alterado.

"No os van a destruir, porque para esa gente sois la gallina de los huevos de oro", les asegura Saland normalmente.

"Tienen una granada en la mano, pero, si la lanzan, pierden toda posibilidad de ganar dinero", explica Weisberg sobre los chantajistas. 

En el caso del CEO, la mujer nunca dio su nombre ni su dirección reales. Saland y Weisberg tuvieron que investigar quién era y que, efectivamente, era mayor de edad, antes de aceptar el caso.

Ambos aseguran que rechazan a los clientes que están siendo extorsionados por conductas delictivas reales, como el abuso de drogas, la violencia doméstica o los delitos sexuales.

Ahora bien, en medio de su estado de pánico, el CEO, al igual que la mayoría de los clientes, bloqueó el número de la mujer y estuvo a punto de borrar sus mensajes de texto, lo cual resulta un obstáculo probatorio, dicen Saland y Weisberg.

"Hay que guardar los mensajes, las llamadas y los registros. No borrarlos. No bloquear al chantajista. Porque todo esto son pruebas", aconseja Saland. 

"Sobre todo, es importante no alterar la historia cuando nos las cuentan. Se lo tenemos que explicar a la gente todo el tiempo. Básicamente estás en la consulta del médico y, si no te quitas los pantalones en la consulta del médico, no te harán un buen examen", explica Weisberg riendo.

De pie, el abogado y ex fiscal Jeremy Saland, junto al investigador privado Herman Weisberg, ex detective de la policía de Nueva York. Ambos colaboran en la lucha contra las sextorsiones.

Tanto Saland como Weisberg lucharon y ganaron sus primeros grandes casos de extorsión mientras trabajaban en la oficina del fiscal de Manhattan.

En 2005, Saland consiguió una condena de 3 años de prisión para un hombre que intentó extorsionar a la estrella de la NBA Carmelo Anthony por casi 3 millones de euros. En 2010, como investigador de la Fiscalía, Weisberg ayudó a resolver el caso de chantaje al famoso presentador televisivo David Letterman. Entonces, un productor de televisión amenazó con revelar las relaciones extramatrimoniales de Letterman con varias empleadas.

Ahora, ponen esa experiencia policial al servicio de las víctimas de la sextorsión, que pagan mucho dinero, generalmente entre 30.000 y 75.000 euros por caso, aproximadamente.

Cada caso es diferente, pero por lo general, ambos empiezan a construir un perfil del extorsionador. Reúnen suficiente información para darle la vuelta a la tortilla, a veces, si el cliente está de acuerdo, presentando discretamente una petición al tribunal de familia si hay una relación doméstica de por medio, y a menudo redactando una larga carta de "cese y desistimiento", cuidadosamente investigada y redactada.

Tanto la petición al tribunal de familia como la carta de cese y desistimiento advierten al chantajista que una investigación ha revelado que sus acusaciones son falsas y que su comportamiento es delictivo. 

"Tener una aventura no es ilegal", defiende Weisberg.

"Pero, ¿sabes qué? Decirle a alguien 'Estoy frente a tu casa a las 4 de la mañana y voy a tocar el timbre y decirle a tu mujer que estamos teniendo una aventura si no me pagas', eso sí es ilegal".

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Una visita sorpresa 

En el caso del CEO, la investigación de Weisberg, que incluyó búsquedas de registros y horas de vigilancia, acabó determinando que la joven sufría adicción a las drogas y vivía fuera de Manhattan con un hombre al que se refería como su "mánager".

"Al principio no pude contactar con ella", recuerda Weisberg sobre la mujer, que se comunicaba únicamente a través de una conexión VoIP, difícil de rastrear.

Pero, finalmente, el personal de Weisberg la encontró, fueron a su apartamento y la vieron salir a fumar marihuana con su "mánager".

"Así que la llamé, y le dije que tenía un vídeo suyo fumando marihuana. Ella puso al hombre al teléfono, que me habló de una forma muy agresiva asegurándome que 'iba a caer', refiriéndose a mi cliente. Yo le respondí que tuviese cuidado, porque tenía pruebas de que en su mochila había drogas", recuerda Weisberg.

El experto continuó la conversación describiendo lo que ambos llevaban puesto. Justo después, les señaló el coche de policía que casualmente estaba aparcado en la misma calle, dándoles a entender que irían a detenerlos.

"Me encanta ese momento en el que ella pensó que nunca iba a encontrarla, y ahí estaba, mirándola", comenta Weisberg.

Lo siguiente que hicieron fue enviarles una carta de 7 páginas, redactada por Saland, en la que se omitía cualquier detalle de identificación del cliente, para que no pudiera ser "utilizada como arma" contra él. Esta carta puso aún más nerviosos a la mujer y a su representante.

"Muy pronto, él huyó con el rabo entre las piernas, y ella volvió a casa con su familia, fuera del estado de Nueva York", relata Weisberg. 

"Yo nunca amenazo. Me limito a exponer la conducta delictiva, y la ley que han infringido, y a explicar que nuestro cliente va a ejercer sus derechos con todo el peso de la ley, igual que con cualquier otro delito", asegura Saland.

No encontrará críticas en internet, dice Saland entre risas. "Nunca escriben: 'Gracias por toda la ayuda con esa extorsión'. 

"Pero la gente está increíblemente agradecida".

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