De vivir acostumbrados a una inflación por los suelos a que los precios cambien constantemente en el supermercado: esta es la nueva normalidad hasta nuevo aviso

compra en supermercado

Entrar en el supermercado ha pasado de ser una tarea rutinaria a una misión compleja. Desde hace meses, hacer la compra de siempre y que cueste lo mismo que antes es una utopía, una ciencia del ahorro para la que muchos utilizan excel

El precio de los productos cambia continuamente. Acostumbrados a vivir con una inflación por los suelos, la tensión de precios ha sacudido la economía de los hogares. 

"Antes, ni mirábamos cuánto valían los productos. Los hogares consumían dentro de lo que era el presupuesto familiar", explica José Emilio Boscá, catedrático de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad de Valencia e investigador asociado de Fedea. 

En la última década (2011-2021), la inflación media anual se ha situado en el 1%. En el último mes, en cambio, la subida fue del 8,9%, después de haber encadenado 3 meses por encima del 10%. No se veía algo igual desde la crisis del petróleo de los años 80.

Y la situación no tiene visos de cambiar en el corto plazo. El año pasado, la inflación cerró el año subiendo por encima del 3%. Este año llegará a superar el 8% y, para el que viene, la mayoría de organismos descuentan que las tensiones de precio continuarán, rondando el 5-6%. 

Habrá que ver si, para 2024, la economía logra converger al objetivo del 2% marcado por el Banco Central Europeo. Pero, por lo pronto, todo apunta a que la nueva normalidad pasa por una montaña rusa de precios hasta donde alcanza la vista.

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El universo conocido de inflación y tipos de interés por los suelos se ha terminado, y los hogares luchan ahora contra un escenario insólito en décadas. 

"Es difícil encontrar una situación similar en el pasado reciente. Hay que remontarse a la Transición, cuando el gobierno podía jugar con la política fiscal y monetaria", apunta Jesús Ruiz-Huerta, director del Laboratorio de Fundación Alternativas.

Mirando a otros países, la postal no es mucho más alentadora. 

"De la experiencia en países de Latinoamérica hemos observado que, cuando la inflación sobrepasa el doble dígito, la situación se complica y hay riesgo de caer en una espiral de precios. Cuando es persistente, se convierte en un impuesto silencioso que se paga a costa de ahorro", señala Fernando Castelló Sirvent, economista, profesor e investigador en ESIC Business & Marketing School.

La señal de precios deja de ser percibida cuando éstos cambian continuamente

"Esto supone un proceso nuevo al que cuesta adaptarse. Consumimos muchos productos cuyo precio varía incluso en función de la marca y hay que adaptarse a nuevos precios", explica Boscá.

Según Boscá: "La inflación, al alcanzar determinados niveles, es tanto o más destructiva cuanto más cambian los precios relativos. La señal de lo que son los precios deja de ser percibida cuando éstos cambian continuamente". 

En otras palabras, cuando la inflación sube, con ella también cambian los precios relativos: unos cereales de una marca concreta pueden subir más que otra marca, pese a ser el mismo producto. "Antes te sabías la información de memoria, porque los precios no cambiaban. Ahora hay una distorsión. No hay un anclaje de precios", añade.

Una nueva cesta de la compra

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"El problema de mantener tasas altas de inflación es la pérdida de capacidad adquisitiva, que resulta en que haya hogares que no pueden llegar a final de mes, lo que provoca que el consumo se retraiga", afirma Ruiz-Huerta. 

La demanda de algunos productos percibidos como menos prioritarios, cae, y el consumidor busca una nueva cesta de la compra adecuada a su presupuesto. "La situación actual obliga a la gente a tomar muchas decisiones de consumo, cambia sus demandas de unos bienes por otros, y eso afecta mucho a las empresas", apunta Boscá.

En los últimos meses, por ejemplo, las ventas de productos de marca blanca se han disparado hasta alcanzar un máximo histórico. Si antes de la pandemia éstos suponían en torno al 25% de la cesta de la compra; en junio su peso alcanza el 49,4%, según datos de Nielsen IQ.

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Más allá de los supermercados, Boscá pone el ejemplo de la industria de pavimentos y azulejos en Castellón: 

El encarecimiento del gas ha sido tal, que muchas empresas están haciendo ERTE o cerrando temporalmente. Un problema de costes que se traslada al consumidor que quiere reformar su cocina: ante la subida de precios, el consumidor tiene que buscar alternativas más baratas o que procedan de otros países.

"Todos los agentes deben reconocer que, a corto plazo, el aumento en el precio de la energía supone un empobrecimiento. Esto va a hacer que tanto el gasto en consumo como inversión se vean negativamente afectados", avisa Miguel Cardoso, economista jefe para España de BBVA Research.

Consumir antes de que el dinero pierda poder de compra

Cuando todo lo que los hogares ven en el horizonte es inflación desbocada, uno de los primeros efectos es un frenazo en la demanda. Sin embargo, también puede darse justo el efecto contrario: un aluvión de compras anticipadas, especialmente en bienes de consumo duradero.

"Hay hogares que, teniendo dinero ahorrado y conscientes de la pérdida de poder adquisitivo, piensan: si dentro de un año la lavadora va a ser un 10% más cara, prefiero comprarla ahora, antes de que mi dinero pierda poder y la lavadora cueste más", observa Boscá.

Tanto estas compras, como el consumo de los próximos meses, podrían verse apoyados por el ahorro acumulado durante el gran confinamiento, que, según explica Cardoso con estimaciones de BBVA Research, podría haber llegado hasta los 130.000 millones de euros.

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