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El día a día de un paciente con coronavirus dentro del macrohospital levantado en Ifema: "Aquí no sabes si es de día o de noche, si hace sol o nieva"

Jonan Basterra, paciente con coronavirus en Ifema.
Jonan Basterra, paciente con coronavirus en Ifema. Jonan Basterra
  • Madrid ha reconvertido Ifema en un enorme hospital de campaña para contagiados por coronavirus con 5.500 camas.
  • Jonan Basterra, periodista de 50 años, fue uno de los que el pasado sábado estrenó el pabellón 9 del recinto ferial.
  • "El ambiente es bueno y diría que positivo. Los que estamos aquí sabemos que dentro de lo malo de esta salimos, que todo es cuestión de días”, comenta.
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Jonan Basterra es, por su trabajo, un habitual de las ferias de tecnología y videojuegos en Ifema. Está familiarizado con esos pabellones, pero nunca se hubiera imaginado ocupando una de las 5.500 camas que se han instalado en este hospital temporal de la Comunidad de Madrid.

Era 20 de marzo cuando el periodista de 50 años empezó a notar escalofríos y dolores articulares tras volver de hacer la compra, lo único para lo que salía de casa cada 3 o 4 días.

Los 3 primeros días no fueron nada difíciles. Después vino la tos y la diarrea”, explica a Business Insider España. Tras varios días de tos seca, comenzaron las contracturas y la fiebre llegó a alcanzar los 39,9 ºC. “Solo tomaba paracetamol y los sudores eran terribles”.

Asustado, Basterra llamó dos días seguidos al número de atención que la comunidad ha habilitado para personas que presenten síntomas. “'Ya le llamarán', me decían, pero nadie llamaba”, comenta. Finalmente, su médico de cabecera le confirmó que sus pulmones no estaban bien y fue ingresado el viernes pasado en el Hospital Ramón y Cajal con un cuadro médico claro: coronavirus y neumonía. 

En menos de 24 horas le trasladaron en una ambulancia junto a otros pacientes al pabellón 9 de Ifema, ahora reconvertido en un hospital temporal, donde estos días el personal sanitario trata a pacientes que no son de alto riesgo o que no presentan patologías previas, “gente que tiene la enfermedad y la irá superando”, con el fin de aliviar el colapso de los hospitales de la capital. "Pese a que se han instalado varias UCI, de momento, estas están vacías", explica. 

Esas “habitaciones” cuentan con entre 12 y 24 camas ampliamente separadas. Sus compañeros y él van hablando a lo largo del día sobre su evolución, pero siempre manteniendo la distancia física.

Basterra fue uno de los pacientes que estrenó el pabellón 9. Cuando llegó aún ni siquiera había perchas para el gotero, por lo que los colgaban con celó o del propio oxígeno, algo que "ya está solucionado”.

Aunque admite que hay pequeños fallos de organización, Basterra considera que para pacientes como él, las instalaciones de ese pabellón son la mejor solución.

Las condiciones parecen mejores que las que hubiera vivido en el hospital: “La comida es mucho mejor. Todo viene al vacío y caliente y está bastante bien. Hoy comí un arroz con verduras, unas salchichas de pavo con cuscús, y un kiwi. En el Ramon y Cajal eran bolsas de papel con un sándwich, un zumo y una crema de frutas”. 

Para llegar a los baños tiene que caminar un poco, pero son suficientes para todos "y se limpian constantemente". 

Son los mismos inodoros que hay cuando acude a los eventos de tecnología, pero algo ha cambiado para siempre:A partir de ahora, Ifema será para mí un lugar mágico, porque no solo puedes ver juegos, probar móviles o animar a tu equipo de League of Legends, si no que además te pueden curar”.

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“Los sanitarios de aquí se lo están currando a tope, tanto o más que sus compañeros de hospitales. Son muy buenos médicos y enfermeros y le están poniendo mucha fuerza. Aquí no vienen los coches de policía a las 20:00, y sale el personal para los aplausos, pero se los merecen igual. Tengo a dos médicos y varias enfermeras que luchan para que me ponga bien y me pueda marchar de aquí cuanto antes”, señala. Además, insiste en que todos están “con muchas ganas de trabajar y de ayudar”. 

Basterra siente que el ambiente dentro de Ifema es bueno e incluso positivo. "Los que estamos aquí sabemos que dentro de lo malo de esta salimos, que todo es cuestión de días”, apunta. 

Pese a eso, cada jornada se le hace muy larga. “Aquí no sabes si es de día o de noche, si hace sol o nieva, no hay ventanas. El móvil es mi mejor y único entretenimiento. Me paso el día hablando con mi familia y amigos por chat, es una gran ayuda”, comenta.

Basterra no tiene grandes planes para cuando le den el alta más que recoger su coche y meterse en casa para pasar la quincena de cuarentena. Pero añade: “Es probable que me ponga el Nessun Dorma de Pavarotti a todo trapo... ¡Vincerò!”.

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