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Así es cómo las grandes compañías pueden aprender de las startups para ser más ágiles y reducir la aversión al riesgo, según el máximo directivo de emprendimiento de Telefónica

Miguel Arias, director de emprendimiento de Telefónica.
Miguel Arias, director de emprendimiento de Telefónica. Telefónica
  • Desde hace siete años, Wayra es un hub de innovación de Telefónica que pone en contacto a la teleco con startups en los mercados alrededor del mundo. 
  • "Las startups son máquinas de aprender", señala Arias, que añade que las startups "aprenden, desaprenden y vuelven a aprende".
  • "Creo que me arriesgo porque lo intento, cuando si no te reinventas perpetuamente vas a morir", señala al hablar de la aversión al riesgo de las grandes empresas. 

En un momento en que la línea que separa a las operadoras telefónicas y a los grandes gigantes tecnológicos cada es más fina, Wayra se perfila como un punto de conexión de ambos mundos. El hub de innovación de Telefónica dio un giro a su rumbo hace unos meses, cuando explicaron que se enfocaban en la "innovación abierta" y querían centrarse en escalar empresas, ayudarlas a crecer. 

"Nos gusta la palabra hub porque un hub es un lugar donde se conectan cosas”, explica Miguel Arias, Global Enterpreneurship Director de Teléfonica en su stand del 4YFN, la hermana pequeña del MWC, donde se dan cita los emprendedores, pero también los inversores que buscan al próximo Mark Zuckerberg o las grandes empresas con sus líneas más centradas en el emprendimiento. 

Arias apunta que el rol de Wayra no es solo traer startups de fuera, sino que es una tarea bidireccional. Por un lado buscan startups interesantes para que puedan crecer, lo que en el argot del emprendedurismo denominan scale-up, y lo hacen a la vez que les permiten utilizar algunos de los servicios de Telefónica como puede ser la red de IOT. 

"Hay dos caminos muy claros uno es cuando Wayra hace scouting y encuentra innovación y la acerca a la compañía para que se pueden integrar sus servicios para llevarlos al cliente final, es decir, la búsqueda. Y hay otro otro componente que hemos enunciado más aquí justamente hoy aquí en el stand que es escoger tecnologías dentro de Telefónica, innovación interna, y sacarla al ecosistema", explica el directivo. 

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Arias, que desde hacer algo más de un año es director global de emprendimiento de Teléfonica, tiene ADN de emprendedor y una carrera ligada a las startups. Antes de entrar en la teleco, era director de operaciones de CARTO, una de las startup españolas más conocidas, especializada en mapas y geolocalización había logrado levantar una ronda de 21 millones de euros.

Un cambio importante en la forma de trabajo.  "Para mí ha sido un cambio muy grande, de trabajar en una startup toda mi vida ha entrar en una corporación hay un cambio de cómo son los procesos, un cambio también cultural", apunta. 

Pero, ¿qué pueden aprender las grandes compañías de cómo trabajan las startups? 

"Las startups son máquinas de aprender", señala Arias, que no niega que en cierta manera es por una necesidad y por el diseño intrínseco de estas compañías emergentes, pero el resultado es que las startups "aprenden, desaprenden y vuelven a aprende".

"Y ¿cómo aprenden? Probando directamente con el cliente porque no se pueden permitir el lujo de hacer un comité para probar algo. No, la prueba es siempre con el cliente directamente", señala y apunta que esto es lo que tiene que aprender una gran corporación.

"Tiene que learn to unlearn (aprender a desaprender). Como lo hayas hecho antes, eso no importa, hazlo distinto y prueba muy pronto con el cliente aunque te arriesgues. Y es que esa es la mayor enseñanza que me llevo de trabajar con una startup", remata. 

Además, apunta que la aversión al riesgo es casi una falacia porque en realidad, señala que el riesgo está en no intentarlo. "Creo que me arriesgo porque lo intento, cuando si no te reinventas perpetuamente vas a morir. Pero como no te das cuenta al minuto uno, te parece que estás más seguro pero es un riesgo percibido casi más que riesgo real", señala y añade que todo esto salvando las distancias en casos concretos donde las pruebas puedan generar riesgos catastróficos. 

En el lado contrario de la balanza está la capacidad de cambio que pueden tener las grandes empresas. "En la startup es todo muy informal y eso está muy bien cuando estás empezando. Pero cuando quieres llevar cosas a escala de muchos países, necesitas operacionalizar lo que haces y eso lo hace muy bien la corporación", apunta.

"Hay que aprender de cómo Telefónica es capaz de llevar un servicio a millones de clientes y que no falle. Los sistemas de aseguramiento de calidad, los sistemas de hacer operaciones de facturación o de trabajo con miles de clientes o la venta a escala. Cómo es capaz la corporación de ofrecer un producto a miles de pymes o de miles de personas en tan poco tiempo. Eso es algo que las startups todavía tienen que aprender", añade. 

El ecosistema emprendedor todavía tiene camino que recorrer

En los últimos tiempos el ecosistema emprendedor en España ha madurado, aunque todavía queda camino por andar.

"Si pensamos dónde de dónde venimos hay un avance muy fuerte en estamos en el camino correcto de madurez de ecosistema. Hay mucha más financiación que antes. Hay emprendedores más sofisticados, hay gente que ya lo ha hecho una primera y una segunda vez, hay más interés por la gente joven por el emprendimiento. El camino es adecuado", apunta Arias, que además añade que ya empieza a haber exits (cuando un gran inversor sale del capital de una empresa) de más de 100 millones, lo que también alimenta al ecosistema.  

"Ya empieza a haber exits —como se denomina en el argot del sector a la venta o a la salida a bolsa— relevantes de más de 100 millones que eso alimenta luego al ecosistema con emprendedores o gente que ha hecho cosas a mayor escala. Entonces la evolución es muy positiva y hay cada vez más inversores extranjeros que invierten también en España con lo cual el gap de inversión que estaba antes en una horquilla entre 2 y 5 millones ahora puede estar entre 20 y 30 millones", añade. 

¿Qué es lo que falta entonces? Por un lado, señala que faltan las grandes scales up, esas grandes startups que consiguen crecer. Algo que también se ha venido a denominar unicornios cuando su valoración supera los 1.000 millones. Pero no solo eso, Arias apunta que también falta que el ecosistema sea "un ciclo completo". 

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"Tenemos ya mejores compañías y tenemos inversión razonable, aunque haría falta un poco más para igualarse con los grandes ecosistemas de Silicon Valley o China, pero nos falta que más corporaciones compren productos de startups. No que compren startups, sino que compren a startups. Nos falta que los gobiernos también sean grandes compradores a startups, algo que no ocurre en Europa, y nos falta que seamos cada vez más un solo mercado único digital en Europa. En esto hay un gran esfuerzo de la Comisión Europea, pero aún no lo hemos conseguido", apunta como retos. 

Así, mientras Bruselas sigue trabajando en conseguir crear un ecosistema propicio para que el próximo gran unicornio sea europeo, Wayra lo hará para poner en contacto a las empresas emergentes con una gran corporación. 

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