Pobreza energética: cómo vivir en un hogar frío dispara los problemas de salud

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  • La crisis energética encamina a millones de hogares a un invierno sin calefacción. Lo cual está lejos de ser una mera cuestión de comodidad.
  • La pobreza energética lleva asociados graves problemas para la salud. Vivir en un hogar frío pone en riesgo de ictus, infecciones respiratorias e incluso de muerte entre otras nefastas consecuencias. 

"No usamos la calefacción para nada", confiesa a la BBC Mica Fifield, quien vive en Lancashire, Inglaterra. Debido al incremento de los precios del gas y la electricidad, ella y su marido no saben exactamente cuánto podría costar poner la calefacción y no se permiten el lujo de averiguarlo.

Aquí, cada noche con el radiador encedido puede costar unos 4,8792 euros. Eso quiere decir que ese hábito te supondrá 131,7384 euros al mes. Un coste que cada vez más hogares no pueden permitirse. 

No encender el radiador o tener miedo al gasto energético es más que una cuestión de comodidad. Algunas de las actividades más fundamentales de la vida de Fifield, que sufre síndrome de Ehlers-Danlos, que en su caso le causa dolor crónico, se han visto pausadas. El horno ha dejado de utilizarse y coger la moto que utiliza para sus sesiones terapéuticas de piscina se ha vuelto una preocupación.

No quiere compasión, declara al medio británico, "quiere concienciar sobre el dolor crónico y sobre cómo vivir en una casa fría puede empeorarlo".

La sombra de la pobreza energética se cierne cada año sobre más hogares

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Se calcula que 36 millones de personas en Europa  (aproximadamente el 8% de la población) no pudieron mantener sus hogares adecuadamente calientes en 2020. En Estados Unidos, el 16 % del país sufre pobreza energética. En nuestro país, son más de 3,5 millones de personas las que no pueden llegar a la temperatura de entre 18 y 22 grados que recomienda la Organización Mundial de las Salud (OMS) en una vivienda en invierno.

El Observatorio Europeo de Pobreza Energética (EPOV, por sus siglas en inglés) establece 4 indicadores para este problema: la incapacidad de mantener una temperatura adecuada en el hogar, el retraso en el pago de las facturas, un gasto energético excesivamente bajo o un gasto en suministros energéticos que es desproporcionado sobre el nivel de ingresos. 

En 2020, un 10,9% de la población española no pudo mantener su hogar a una temperatura adecuada durante el inverno y el 9,6% tuvo retrasos en el pago de las facturas de los suministros de su vivienda. Ambos indicadores crecieron respecto a 2019 en 3,3 puntos y 3 puntos, respectivamente.

Si bien parte del aumento podría atribuirse a los confinamientos de la pandemia, las cifras muestran que la sombra de la pobreza energética se cierne cada año sobre más hogares.

 

De acuerdo al Informe Indicadores de Pobreza Energética en España en 2021 de la Universidad Pontificia de Comillas, en 2021 hubo 6,7 millones de personas que no pudieron calentar correctamente sus domicilios, 1,6 millones más que 2020, un porcentaje que abarca al 14,3% del total de hogares del país.

El estudio recalca además un aumento del número de viviendas que sufren pobreza energética oculta, cuando su gasto en energía desciende más de la mitad del necesario para sus necesidades debido a que no pueden asumir ese gasto. Esta situación ha pasado de afectar al 25,2% de hogares en 2019 al 31,2% en 2021. 

Es factible pensar que los altos precios del gas y luz de este 2022 podrían disparar la pobreza energética en España. A más del 17%, estima Invertia.

La ayuda del bono social térmico está comprendida entre los 25 y 123,94 euros. Junto con lo percibido en concepto del bono social de la luz, esta medida busca permitir a los consumidores vulnerables afrontar el gasto de energía destinada a calefacción, agua caliente sanitaria o cocina.

De acuerdo a la radiografía elaborada por Cruz Roja en nuestro país la pobreza energética afecta sobre todo a mujeres (68%), y tiene una incidencia muy grande en hogares con menores de 16 años (48,9%). También se ceba con las familias monoparentales (14,4%) y las familias numerosas (15.3%). 

La salud se resiente al vivir en una vivienda fría 

Aunque en Francia el jersey de lana se haya convertido en un símbolo de ahorro energético después de que su ministro de Economía comentara "ya

no me veréis con corbata, sino con cuello alto
", no tener dinero para calefacción está lejos de ser una cuestión de abrigarse un poco más. 

Como enfatiza la institución humanitaria las consecuencias directas de la pobreza energética afectan a la salud de las personas. "Vivir en una casa con temperaturas bajas o con humedades de forma prolongada está relacionado con el desarrollo de enfermedades físicas y mentales". También con aspectos indirectos como absentismo laboral, bienestar o el rendimiento educativo. 

Algunas investigaciones han llegado a vincular los hogares fríos con consecuencias incluso mortales para sus ocupantes.

El frío puede contraer los vasos sanguíneos, lo que eleva la presión arterial. También puede espesar la sangre, lo que puede provocar coágulos. Se pierde más calor corporal, por lo que el corazón tiene que trabajar más, lo que crea un esfuerzo extra para las personas con afecciones cardíacas existentes. Así, las bajas temperaturas exponen a mayor riesgo de derrames cerebrales.

Un estudio publicado en 2016 en la revista European Journal of Epidemiology calcula que por cada descenso de 2,9 grados centígrados de la temperatura en 24 horas, los ictus aumentaban un 11%, en mayor proporción para aquellos que ua estaban en riesgo.

Los datos sugieren que la exposición al frío aumenta la incidencia y gravedad las infecciones respiratorias. La humedad y el moho, más frecuentes en las casas con poca calefacción, irritan los pulmones y pueden agravar enfermedades como el asma. Especialmente en los niños.

Se ha detectado una asociación entre el clima más frío y un aumento en las hospitalizaciones relacionadas con la demencia. Crecer en un hogar frío impacta con más fuerza en los bebés, afectando al aumento de peso y la susceptibilidad a las enfermedades. Los efectos sobre la salud mental aparecen como significativos en la mayoría de los estudios revisados sobre pobreza energética y salud.

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"El frío puede además descompensar patologías crónicas, típicamente insuficiencia respiratoria, enfermedad pulmonar obstructiva crónica e insuficiencia cardíaca", aseguró a Verne Fernando Rodríguez Artalejo, catedrático de Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid.

Un estudio publicado en 2003 en el Journal of Epidemiology and Community Healthy encontró que el frío causa más muertes en regiones de climas suaves, que "tienden a tener una baja eficiencia térmica doméstica. Debido a esto, a estos países les resulta más difícil mantener calientes sus hogares cuando llega el invierno". 

Este es especialmente el caso de Portugal y España, que lideran la lista de excesos de muertes invernales, mientras que Suecia, Noruega y Finlandia se posicionan a la cola. 

"La alta mortalidad estacional en el sur y el oeste de Europa podría reducirse mediante una mejor protección contra el frío en el interior, un mayor gasto público en atención médica y mejores circunstancias socioeconómicas que resulten en una distribución de ingresos más equitativa", concluye la investigación.

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