Este mapa muestra cómo el capital chino recorre el mundo a la caza de megaproyectos con los que expandir su influencia

Yuan Chino
Reuters
  • Entre el año 2000 y el 2014, el gobierno de la República Popular China destinó más de 273.600 millones de dólares (unos 245.000 millones de euros) a financiar un total de 3.485 proyectos en 138 territorios de todo el mundo.
  • Los datos de AidData plasmados en forma de mapa dibujan la creciente influencia del gigante asiático en todo el mundo, muy especialmente en África y el Sudeste Asiático. 
  • China emerge como una fuente de financiación, con la iniciativa de la Ruta de la Seda como estandarte y una política mucho más laxa en términos de estándares de cumplimiento.
  • Seis de las diez economías de más rápido crecimiento del mundo se encuentran en África y no es casual que China sea el principal socio comercial del continente.
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China no ha dudado en extender sus imperiales alas a través de todo el globo. Se acostumbró a esparcir estratégicamente su influencia, continente por continente, sirviéndose de la seducción del capital. Fue entre el año 2000 y el 2014, que el Gobierno del la República Popular China destinó más de 273.600 millones de dólares (unos 245.000 millones de euros) a financiar un total de 3.485 proyectos en 138 territorios de todo el mundo.

Y para hacer gala de poder qué mejor que megaproyectos, en los que el Gobierno chino ha esparcido su semilla en forma de líneas de ferrocarril, aeropuertos, minas, granjas solares, eólicas y plantas de producción energética y hasta la construcción de un parlamento para Zimbabue y algún que otro centro de convenciones por aquí y por allá. Y sí, el gigante asiático ha mostrado una clara predilección, velada de mesiánica, por el continente africano y ciertos países en vías de desarrollo, tal y como muestran los datos recogidos por el laboratorio de datos AidData.

El laboratorio de investigación del W&M Global Research Institute ha recopilado información de los proyectos de desarrollo, proyectos comerciales y proyectos de representación financiados por China entre el año 2000 y el 2017. Unos datos plasmados en forma de mapa que no hacen sino dibujar la creciente influencia del gigante asiático en todo el mundo, muy especialmente en África y el Sudeste Asiático. 

Mapa de las inversiones de China en proyectos de todo el mundo.Mapa de las inversiones de China en proyectos de todo el mundo.
Mapa de las inversiones de China en proyectos de todo el mundo.
AidData

China ya se ha convertido en la mayor fuente de financiación de infraestructuras económicas en África, Asia, Latinoamérica y Oriente Medio, así como Europa Central y del Este, según la información de AidData. No está claro, sin embargo si estas inversiones suponen concentración de la actividad económica pero lo que concluye el estudio es que los proyectos de desarrollo chinos, y concretamente los de transporte, reducen las desigualdades económicas entre las diferentes regiones.

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El capital chino ha irrigado megaproyectos de sectores dispares: tanto en el energético, como el del transporte pasando por las comunicaciones, la educación, suministro de agua, respuesta a emergencias, agricultura y pesca o infraestructuras. En este cómputo, África adquiere relevancia. El capital chino supone hasta el 53% de la financiación de las instalaciones energéticas de la región en la última década, frente al 22% que supone el capital de agencias internacionales o el tímido 3% de contribución de las instituciones estadounidenses, según la base de datos IJGlobal.

Y no son nada despreciables las sumas destinadas a estos megaproyectos, con cifras que oscilan entre los 10 millones de dólares y los 10.000 millones de dólares en forma de préstamos, becas, créditos de exportación, crédito de proveedor o asistencia independiente. Se trata de financiación para contribuir al desarrollo sostenible en los países en vías de desarrollo, aunque también figuran otros flujos financieros que no cumplen con los criterios de los objetivos de desarrollo sostenible y una tercera categoría que desde AidData apuntan que no tienen suficiente información. 

AidData

El despliegue económico no sólo permite a la economía china avanzar posiciones en la carrera mundial sino posicionar a sus empresas en primera línea. Grandes corporaciones chinas entran en este juego, como constructoras, proveedoras de materiales e infraestructuras o proveedoras de un servicio del que, desde luego, obtienen un rédito económico. Un ejemplo fácil: Huawei.

China emerge como una fuente de financiación, con la iniciativa de la Ruta de la Seda como estandarte y una política mucho más laxa en términos de estándares de cumplimiento. Y es que resulta que  los bancos chinos tienden a no insistir en criterios tan estrictos como otros países. Criterios como el número de puestos de trabajo creados o la lucha contra la corrupción, tal y como recoge el Financial Times. Así es que los préstamos chinos atraen a los políticos por la rapidez en su concesión, por que son más baratos e implican menos obligaciones.

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Y la polémica está servida cuando se trata de cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible en lo relativo a proyectos de generación de energía. Y es como mínimo controvertido porque si entre 2005 y 2017, sólo el 1,7% de los fondos del Banco Mundial destinados a energía fueron a parar a proyectos de plantas de carbón, frente a un 30,8% que destinó a proyectos eólicos y solares; en el caso de la financiación china, hasta un 41,8% fueron a parar al carbón frente a un 5,3% destinado a eólica y solar, según subraya el Financial Times.

El despliegue de infraestructuras en África

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África se ha antojado un territorio de especial interés para el gobierno chino y no es casualidad. Responde su estrategia a la relevancia que este continente está a punto de adquirir en la contribución al crecimiento económico mundial. Todo y cuando ya seis de las diez economías de más rápido crecimiento del mundo se encuentran en África. Además, China es el principal socio comercial del continente.

El capital chino ha volcado sus esfuerzos incidiendo en África Subsahariana. Kenia, Burundi, Uganda y Tanzania, países que destacan por la fuerte inversión económica china. Por ejemplo, los fondos de la República Popular China han servido para mejorar las conexiones fronterizas de Etiopía con varios proyectos de transporte en su capital, Addis Ababa, en forma de una línea de metro o una circunvalación. Pero en la capital etíope puede encontrarse el edificio futurista de 200 millones de dólares de la formación política African Union, que China donó a la ciudad.

Otros países africanos han sido objeto de una inversión similar por parte de China que ha transformado las infraestructuras del país. Sin ir más lejos, han sido más de 3,2 millones de dólares los que ha destinado al despliegue de fibra óptica en Uganda. Un proyecto que ha puesto en marcha en 2007 de la mano del gigante tecnológico Huawei.

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Otros 8,5 millones de dólares se destinaron a la construcción de un aeropuerto en Kenia en una concesión a cargo de la empresa China Road& Bridge Corporation. Esta compañía también ha estado a cargo de la construcción de la carretera entre Nairobi y Thika, conjuntamente con la constructora China Wu Yi, ambas empresas propiedad del estado, por una suma de cerca de 19 millones de dólares. 

Pero hay cifras mucho mayores, como los 800 millones de dólares que donó China para la construcción de los proyectos de carreteras en Namibia, los 1.000 millones de dólares que a modo de préstamo recibió la compañía petrolera angoleña Sonagol por parte del Banco de Desarrollo de China o un segundo préstamo de 500 millones de dólares para la construcción de la red de ferrocarril en Nigeria a manos de la empresa china Guangdong Xinguang International Group.

Enclaves estratégicos en el Sudeste Asiático

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La inversión del gobierno chino en el sudeste asiático ha ido a parar en su mayor parte a proyectos de desarrollo energético así como de transporte. Aunque han tomado un papel relevante tanto los proyectos relacionados con la salud en respuesta a emergencias. 

Y no ha despreciado Sri Lanka los 12.000 millones de dólares que entre el año 2000 y el 2017 destinó en forma de préstamos el gobierno chino a un país considerablemente endeudado. 

Muestra del vínculo entre ambos países es el puerto de Hambantota que se configura como punto estratégico de una de las rutas marítimas más concurridas del mundo. El gobierno chino financió el proyecto y contrató a una empresa estatal para construir el puerto con trabajadores chinos. 

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El puerto estaba construido en 2011 pero en 2017, el gobierno de Sri Lanka se vio inundado por las deudas adquiridas por  la anterior administración. El resultado de la negociación no fue otro que, finalmente, China se quedó con el puerto y las tierras durante 99 años. Una victoria que, sin duda, benefició y mucho al gigante asiático que de repente se hizo con un punto estratégico en el mapa a nivel comercial y que le permite competir con India en esa zona del globo.

En Indonesia, por ejemplo, el banco chino Exim realizó un préstamo por valor de 481 millones de dólares para construir una planta energética. Una cifra que se sumaría a los 592 millones de dólares que prestaron las instituciones financieras chinas e internacionales  a la planta de Indramay o 200 millones para una carretera en el país.

El corredor económico y el petróleo en Oriente Medio

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El gobierno chino esparce la semilla de su capital por todo el globo y no fue excepción Turquía. Hasta 720 millones de dólares del gobierno chino se comprometieron para la construcción de la red ferroviaria Ankara- Estambul  a manos de otras dos compañías del gobierno chino. 

En 2015, el presidente chino Xi Jingping inauguró en Islamabad (Pakistán) el corredor económico China-Pakistan que contó con la nada despreciable cifra de 46.000 millones de dólares de inversión. El gobierno chino transformó, de hecho, el sistema de transporte chino y su red de distribución eléctrica. Ejemplo de esto último, sin ir más lejos, son los 1.350 millones de dólares que el gobierno chino destinó a la construcción de la planta pakistaní de Suki Kinari.

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Otros 4.000 millones de dólares de préstamo para el yacimiento de petróleo y gas de South Yolotan ubicado en Turkmenistán en una operación para la compañía China National Petroleum Corporation. 

Las hidroeléctricas y el petróleo Latinoamérica

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El capital chino tocó Latinoamérica en forma de proyectos de exploración de petróleo, de plantas energéticas pero también de infraestructuras de transporte. Hasta 1.200 millones de dólares destinó el gobierno chino al yacimiento petrolífero ecuatoriano de Ishpingo. Un proyecto ejecutado por China National Petroleum Corporation ubicado en el parque nacional de Yasuni en Ecuador. 

Para la construcción de una instalación de producción de energía hidroeléctrica realizó un préstamo de 1.700 millones de dólares. El proyecto ubicado en tres puntos: en la reserva ecológica de Cayambe Coca, en Guayaquil y en Cuenca lo llevó a cabo la empresa estatal china SinoHydro.  Pero esta planta hidroeléctrica no es la única. China realizó otro préstamo de 621,7 millones de dólares para construir la planta hidroeléctrica Sopladora, a cargo, en este caso, de Corporación Hidroeléctrica Ecuador y otros 95,5 millones de dólares para la construcción de la planta hidroeléctrica de Quijos, a cargo de China National Electric Equipment Corporation.

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En los intereses petrolíferos también ha puesto los ojos el gobierno chino en Brasil. Concretamente, el Banco de Desarrollo Chino ha concedido un préstamo de 3.500 millones de dólares a Petrobras en Sao Paulo, de una línea de crédito de 5.000 millones de dólares concedida a la compañía estatal petrolera brasileira. 

Argentina también ha sido objeto de una prolífica inversión del gobierno chino. China comprometió 2.100 millones de euros para la rehabilitación de la vía ferroviaria de Belgrano Cargas, a cargo de  dos compañías estatales del gigante asiático: China Machinery Engineering Corporation y China South Locomotive & Rolling Stock Corporation Limited. Que se sumarían a otros 84 millones de dólares para la compra de la maquinaria del tren.

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