Los expertos advierten de que el movimiento antivacunas contra el COVID-19 podría retrasar el final de la pandemia

A protester holds a placard during the Irish Freedom Party an anti-vaccination and anti-lockdown rally outside the Custom House, on day 39 of the nationwide Level 5 lockdown. On Saturday, November 28, 2020, in Dublin, Ireland.
A protester holds a placard during the Irish Freedom Party an anti-vaccination and anti-lockdown rally outside the Custom House, on day 39 of the nationwide Level 5 lockdown. On Saturday, November 28, 2020, in Dublin, Ireland.

Artur Widak/NurPhoto via Getty Images

  • Las vacunas son una forma segura y controlada de ganar inmunidad a un virus sin contraer la enfermedad, pero algunos estadounidenses todavía se muestran escépticos ante la próxima vacuna contra el nuevo coronavirus.
  • Los anti vacunas en Estados Unidos están preocupados de que no haya suficiente información para tomar una decisión educada sobre si obtener una vacuna para protegerse contra la enfermedad o prevenirla.
  • Los expertos aseguran a Insider que sus dudas podrían hacer descarrilar el progreso a nivel nacional en la reducción de la propagación del virus, que ha infectado a más de 13 millones de estadounidenses y ha matado a 272.000.
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Mientras las compañías farmacéuticas aceleran para desarrollar vacunas de éxito para terminar con la pandemia de coronavirus, las comunidades antivacunas se muestran escépticas en cuanto inmunizarse para detener la propagación de COVID-19.

A pesar de las pruebas científicas que demuestran la seguridad y eficacia de las vacunas, la proporción de estadounidenses que dicen que las vacunas son importantes y seguras ha disminuido alrededor del 10% en las últimas dos décadas, según las encuestas de Gallup. Este año, los críticos han aparecido en los titulares durante la pandemia al protestar por una posible vacuna contra COVID-19, intentando desacreditar a los científicos y asegurando que no se vacunarían contra el nuevo coronavirus.

Los expertos advirtieron a Insider que este escepticismo podría hacer que se tarde más en reducir la propagación del virus en Estados Unidos y en todo el mundo.

El martes, Reino Unido aprobó la primera vacuna COVID-19 para su distribución pública. Se espera que Estados Unidos siga el ejemplo de los principales candidatos de las compañías farmacéuticas Moderna y Pfizer cuando los organismos reguladores terminen de revisar los datos de seguridad y eficacia de los ensayos clínicos que miden las vacunas.

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La mayoría de los estadounidenses, el 58%, revela en una encuesta de Gallup en noviembre que se pondrían una vacuna contra el coronavirus si estuviera disponible hoy en día sin coste alguno para ellos. Aun así, una gran parte, el 42%, afirmó lo contrario. La mayoría de las personas que dudaron citan preocupaciones sobre el desarrollo apresurado o el deseo de saber más sobre la seguridad o la eficacia de las vacunas. De las personas que dijeron que no recibirían la vacuna COVID-19, solo el 12% dijo que "no confían en las vacunas en general".

Pero la lucha, indican los expertos en salud a Insider, será conseguir que suficientes personas se pongan una vacuna.

Joseph Varon, the doctor in charge of the COVID-19 unit at United Memorial Medical Center in north Houston, checks on a COVID-19 patient.

Las comunidades antivacunas en las redes sociales vistas por Insider están divididas sobre si confiar en las inyecciones de COVID-19. Algunas personas temen que no hay suficiente información clara sobre el nuevo coronavirus para tomar una decisión educada. Otros rechazan de plano la vacuna contra el coronavirus.

Peter Hotez, experto en desarrollo de vacunas del Colegio de Medicina Baylor, dice a Insider que las comunidades que sospechan de las vacunas incluyen a personas de la extrema derecha que abogan por la libertad de salud individual, así como algunos grupos étnicos y religiosos.

"El movimiento antivacunas no siempre habla con una sola voz", advierte Hotez.

No existe una definición única de lo que significa ser un antivacunas. Algunos antivacunas autoproclamados están vehementemente en contra de todas las vacunas. Algunos son escépticos respecto a vacunas específicas, como las desarrolladas para el coronavirus, por ejemplo.

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"No creo que las vacunas sean malas, pero con la cantidad de mentiras y engaños que rodean a COVID, realmente no confío en esta vacuna", dice a Insider Michael Freeman, de Alabama, que forma parte de un grupo antivacunas online. 

Un hombre de Michigan que ha estado en contra de las vacunas durante 12 años asegura que tuvo una experiencia negativa la última vez que se vacunó. Mitchell Frost recibió una vacuna contra el tétanos en el colegio que le causó "un dolor intenso" y lo obligó a permanecer fuera del equipo de atletismo durante semanas, recuerda. Esa experiencia está arraigada en la mente de Frost, especialmente a medida que el progreso en el desarrollo de la vacuna COVID-19 se acelera.

Frost dice que piensa que las vacunas están llegando "demasiado rápido al mercado", y añade que las compañías que desarrollan las vacunas dependen de los humanos para ser "ratas de laboratorio".

No es inusual que la gente sea escéptica con respecto a las vacunas, y algo de escepticismo puede venir bien, según Jennifer Reich, socióloga de la Universidad de Colorado Denver que ha estudiado el escepticismo de las vacunas.

Reich declara a Insider que hay un pequeño grupo de la población "que nunca creerá que las vacunas son útiles". Sin embargo, añade, es más productivo enfocarse en las personas que no están seguras de querer vacunas.

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"Las vacunas son diferentes a otros medicamentos porque requieren que una persona sana acepte asuma un riesgo mínimo para protegerse contra el riesgo de infección que a menudo puede poner en peligro la vida", admite Reich. "El resultado es que las personas sopesan los riesgos y los beneficios y deciden si confían en la seguridad de la vacuna y sopesan sus percepciones del riesgo de la vacuna contra su comprensión del riesgo de la enfermedad. Es posible que estas percepciones no reflejen las pruebas científicas sobre el riesgo, pero sí reflejan los temores, las preocupaciones y las creencias de las personas sobre su capacidad para controlar la enfermedad".

Añade que antes de la pandemia de COVID-19, alrededor de un tercio de los padres retrasaron la administración de las vacunas a sus hijos.

"La mayoría de las personas que dudan de las vacunas no son antivacunas", explica. "Están tratando de sopesar la información y tomar decisiones que les hagan sentir seguros y les ayuden a lograr sus objetivos para ellos y sus familias. Esto me hace creer que no estamos tan separados como podría parecer a veces", señala.

Lisa Taylor receives a COVID-19 vaccination from RN Jose Muniz with the help of Karenda Palmer, a staff member, as she takes part in a vaccine study at Research Centers of America on August 07, 2020 in Hollywood, Florida.

La desinformación y las políticas desiguales son barreras para alcanzar la inmunidad

Desde la aparición del nuevo coronavirus, los funcionarios estatales han respondido a los brotes de forma individual, haciendo cumplir los reglamentos y advirtiendo a los ciudadanos de diversas maneras. Hay indicadores que no es probable que cambien una vez que las vacunas se desplieguen.

De un estado a otro, los funcionarios del gobierno están determinando si la vacuna, cuando pase por sus etapas finales de aprobación y esté lista para su distribución, será obligatoria. El Departamento de Bomberos de la ciudad de Nueva York, por ejemplo, ha declarado que sus socorristas y médicos de primera línea no estarán obligados a recibir una.

La investigación sobre la inmunidad pasar el COVID-19 está en curso. Los científicos aún no saben exactamente cuánto tiempo una persona es inmune a ser infectada por el virus por segunda vez. Pero las vacunas de Pfizer y Moderna tienen una eficacia del 95% en los ensayos y se espera que empiecen a desplegarse en los próximos meses.

El principal científico del grupo de la Operación Velocidad Warp del gobierno de los Estados Unidos encargado de supervisar el desarrollo y la puesta en marcha de la vacuna ha dicho que espera que 100 millones de estadounidenses reciban una vacuna en los próximos 100 días una vez que sean aprobadas.

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Un portavoz de la Organización Mundial de la Salud dice a Insider que los puntos de vista antivacunas pueden ser "peligrosos" porque "no están respaldados por la ciencia".

"La negativa a vacunarse puede provocar lagunas en la inmunidad de la manada y tener una serie de consecuencias", añade el portavoz. "Estas consecuencias pueden ir mucho más allá de la salud de los individuos y las comunidades y tener un impacto más amplio en la sociedad y las economías también".

Las vacunas son una forma segura y controlada de obtener inmunidad a un virus sin contraer la enfermedad, pero con factores como la desinformación que alimenta la duda, Hotez admite que le preocupa que Estados Unidos no llegue al 70% debido al movimiento antivacunas.

Houston Fire Department medics transport a man to a hospital after he suffered cardiac arrest on August 11, 2020 in Houston, Texas. Heart failure is a frequent result of COVID-19. Firefighters and medics wear protective masks on all medical calls, whether

"Necesitamos expandir las comunicaciones sobre la vacuna a través de nuestras agencias federales de HHS, FDA, CDC, pero también a nivel estatal y local", dice a Insider. "Paralelamente, necesitamos educar mejor a los profesionales de la salud acerca de las vacunas, y finalmente, explorar cómo podemos eliminar algunos de los contenidos antivacunas que ahora están generalizados en Internet, las redes sociales y las plataformas de comercio electrónico".

Durante los primeros meses, los estadounidenses recibieron una guía confusa sobre cómo evitar la enfermedad. Los funcionarios de salud frecuentemente tropezaron especificar las medidas de precaución a tomar. En marzo, en parte debido a la grave escasez de equipos de protección para los profesionales de la salud, el Cirujano General Jerome Adams advirtió contra el uso de mascarillas. Apenas unas semanas después, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades cambiaron de rumbo al evaluar "nuevas pruebas" y comenzaron a instar a las personas a usar mascarillas.

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La confusión se debe a la información errónea que surgió online en sitios menos oficiales. Desde el inicio de la pandemia en la primavera, los teóricos de la conspiración y los estafadores han estado publicando información ficticia o inexacta sobre la propagación del coronavirus.

Reich dice que enfrentarse a la desinformación puede ser difícil y no es una forma particularmente útil de persuadir a la gente para que se vacune. Dice que los expertos en salud pública y las autoridades deberían centrarse en la transparencia y en "proporcionar información clara" sobre el proceso de desarrollo de la vacuna.

"Descubrí que, al investigar las vacunas, los Estados Unidos tienen un sistema impresionante de múltiples capas de revisión científica de múltiples comités de expertos. Sin embargo, la mayoría de la gente no sabe mucho sobre este proceso y necesita más información para sentirse cómoda confiando en que las vacunas son seguras", señala Reich. "Proporcionar información clara que explique por qué el público debe confiar en el proceso de desarrollo de estas vacunas y por qué son dignas de su confianza contribuiría en gran medida a persuadir a la gente para que las obtenga", asegura.

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