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La NASA ha abierto un concurso para buscar un nuevo diseño de retrete espacial que consiga acabar con la bolsa para los desechos: estos son los premios que hay en juego y las bases de la convocatoria

NASA
Smithsonian / Dave Mosher / Business Insider

  • La NASA necesita un nuevo baño para viajar a la luna —que funcione en la microgravedad y en la superficie de la luna—.
  • La entidad financiará las mejores ideas con un premio de hasta 18.000 euros. El reto se llama 'Baño lunar' ('Lunar Loo', en inglés)
  • Tradicionalmente, los aseos espaciales son pequeños, del tamaño de una bolsa y una especie de tubo aspirador.
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La última vez que los humanos pisaron la luna, en diciembre de 1972, los astronautas llevaban pañales.

La razón es que la NASA nunca se ha ocupado de diseñar un retrete apropiado para las misiones lunares. Por eso, los astronautas hacían pis en una especie de depósito con forma de manguito y las aguas mayores se metían en una bolsa. Fuera de las naves espaciales, usaban pañales. 

"Defecar y orinar han sido siempre los grandes inconvenientes de los viajes espaciales, desde los orígenes de las misiones tripuladas", como consta en un informe de oficial de la NASA de las misiones Apolo, publicado en 1975

Casi 5 décadas después, cuando EEUU se prepara para llevar astronautas a la superficie lunar, en 2024, la agencia espacial espera poder hacer el viaje algo más cómodo.

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"Los astronautas eran inflexibles en eso: no volverían a usar las bolsas que usaron en la misión Apolo", ha dicho a Business Insider Mike Interbartolo, quien forma parte del equipo de ingenieros de la operación que prepara la NASA.

Esta vez, la entidad financiará un nuevo diseño de retrete para el proyecto Artemis en 2024. Y el concurso que ha lanzado para buscar propuestas se llama 'Baño lunar' ('Lunar Loo', en inglés).

"Necesitamos un baño que funcione durante una semana en la superficie lunar, así como durante el trayecto de ida y vuelta", explica Interbartolo. 

Eso significa que este sistema deberá funcionar en la microgravedad y ya en la luna. Es decir, un sexto de gravedad de La Tierra. Además, debe servir para hombres y mujeres. 

Ir al baño en el espacio no es glamuroso 

The Italian astronaut Samantha Cristoforetti demonstrated how to use the Russian toilet on the International Space Station in 2015.
YouTube/ESA

La NASA no ha cambiado apenas los primeros sistemas de aseo que diseñó para sus primeras misiones espaciales.

El modelo original lo creó Skylab en 1970 y era, básicamente, un agujero en la pared. Hoy en día, en la Estación Espacial Internacional se usa una especie de embudo con un ventilador que succiona el pis. Sin embargo, las heces se siguen tirando en una bolsa. Es una de las cosas más desagradables de la vida en el espacio.

Después, Rusia consiguió hacer un retrete más actual para la operación ISS —un dispositivo de 16,9 millones de dólares que sigue usándose desde 2008—. Y el nuevo y misterioso inodoro de la nave Crew Dragon del SpaceX seguramente se base en un sistema de letrina y bolsa. 

Sin embargo, 2020 parece que será el año clave para los retretes del espacio: un nuevo modelo de reciclaje de orina (como el de ISS) estará listo este año, en principio.

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Pero el baño para la luna, fuera de la nave, será más difícil de desarrollar. Además de que necesita funcionar en su superficie y en la microgravedad, tendrá que ser mucho más compacto que los actuales para que se pueda controlar el gasto de combustible del viaje.

Y ahí es dónde aparecen los hackers, desarrolladores, pensadores y científicos, dice Interbartolo.

"Buscamos esa perspectiva diferente en estos 2 meses de concurso de ideas. Algo que sea capaz de abrirnos los ojos y darnos una solución, ya que estamos tan centrados en el problema específico, que puede que no nos estemos dando cuenta de que hay opciones fuera de nuestro nicho", añade.

Se trata de algo parecido a lo que la NASA y HeroX hicieron en 2017, lanzando la convocatoria 'Space Poop Challenge'. Entonces, Thatcher Cardon, cirujano de vuelos y coronel de las fuerzas aéreas estadounidenses, encontró una forma de que los astronautas fueran al baño, sin necesidad de quitarse su traje espacial, y sin pañales. Ganó 13.400 euros con ese proyecto.

Dr. Thatcher Cardon's system hinges on an air-lock port that astronauts could use to slip items like inflatable bedpans and space underwear in and out of their suits without depressurizing them.
Courtesy Dr. Thatcher Cardon; Business Insider

El nuevo inodoro espacial tiene que ser pequeño, silencioso y fácil de usar

Primero, su masa no puede ser mayor a los 15 kilogramos y su volumen máximo puede llegar a los 0,12 metros cúbicos. Es decir, tiene que ser más pequeño que el típico congelador portátil.

Las bases del reto que ha lanzado la NASA también especifican que el inodoro debe ser fácil de limpiar y mantener: "debe tardarse cerca de 5 minutos en volver a ponerse a punto". Además, las propuestas deben ser fáciles de usar, tienen que ser capaces de retener el agua y evitar los malos olores. 

"Es muy probable que nos propongan algo parecido a lo de la bolsa para resolver la cuestión de la microgravedad. Simplemente porque el cuerpo no deja expulsar los desechos tan fácilmente", comenta Interbartolo.  

Las bases del concurso son:

  • Que funcione en la microgravedad y en la superficie lunar
  • Que tenga una masa menor a los 15 kilogramos (medida conforme a la gravedad de La Tierra)
  • Que el volumen sea inferior a los 0,12 metros cúbicos
  • Que consuma menos de 70 vatios de energía
  • Que haga un ruido máximo de 60 decibelios
  • Que sea válido para hombres y mujeres
  • Que sirva para personas de una estatura entre los 150 y 195 centímetros y un peso de 130 kilogramos.

"Se puntuarán de manera especial los diseños que permitan vomitar sin que la persona tenga que meter la cabeza en el retrete", según la NASA.

El plazo para enviar propuestas termina el 17 de agosto. El primer premio es de 18.000 euros, el segundo de 9.000 y el tercero de 4.500. 

El concurso está abierto a niños, quienes pueden presentar sus ideas, aunque solo podrá obtener un reconocimiento y algún premio de la agencia espacial, que no sea en efectivo.

"La cuestión es que el diseño no puede romper las leyes de la física", zanja Interbartolo.

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