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Un billón de euros en inversión y ayudas a los más dependientes de los combustibles fósiles: el plan de la Comisión Europea para que Europa sea la primera región neutra en carbono

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea Reuters
  • La Comisión Europea movilizará más de un billón de euros a través del Plan Europeo de Inversiones Sostenibles presentado hoy para que la región sea la primera neutra en carbono en 2050, tal y como marcan los objetivos del Acuerdo de París. 
  • La cifra representa una cuarta parte de presupuesto comunitario, que se destinaría a la lucha contra el cambio climático. 
  • Esta estrategia financiera pretende establecer las bases para estimular la inversión con un marco legal estable para el capital privado.
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Europa desvela su estrategia financiera en aras de convertirse en una economía verde y con el propósito de hacerse con el título de la primera región del mundo neutra en carbono. Así es que la Comisión Europea movilizará un billón de euros en inversiones para reducir las emisiones de CO2.  Así lo ha confirmado hoy el organismo como pistoletazo de salida para poner en marcha el Green Deal o Pacto Verde anunciado el pasado diciembre.

El Plan Europeo de Inversiones Sostenibles ha visto la luz bajo la batuta de Ursula Von der Leyen y contará con una financiación de un billón de euros hasta 2030, una cifra que implica que una cuarta parte de presupuesto comunitario se destinaría a la lucha contra el cambio climático. La cifra supone hasta 260.000 millones de euros al año más que lo previsto por el anterior colegio de comisarios. El tándem que propone la Comisión Europea es que si el sector público lidera la transición ecológica, el privado aporte los fondos. 

El que ha sido bautizado como Sustainable Europe Investment Plan tiene como finalidad estimular la inversión con un marco legal estable para el capital privado. Además, contempla partidas especiales para los socios de la Unión Europea con menos recursos y aquellas regiones que dependen de fuentes energéticas o industrias de altas emisiones. Para atender a sus necesidades, la Comisión Europea se ha comprometido a apoyar a estos estados miembros de manera que puedan realizar  la transición sin imponer ninguna carga injusta a sus economías.

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Cuenta con varias partidas este Plan de inversión: el Presupuesto comunitario aportará 503.000 millones de euros, el Mecanismo de transición justa pondrá 143.000 millones de euros, los fondos del Esquema de comercio de emisiones sumarán 25.000 millones de euros, el InvestEU (la nueva versión del Plan Juncker) podrá 279.000 millones de euros y otros 114.000 millones de euros vendrán de la cofinanciación de los fondos estructurales.

Además, el Plan Europeo de Inversiones Sostenibles contempla partidas adicionales que serán necesarias en cada sector entre 2021 y 2030. Así la inversión en medidas de eficiencia energética en el sector residencial requerirá 120.000 millones de euros, más 75.000 millones de euros adicionales al año en el caso de los edificios destinados a servicios.  El sector del transporte necesitará 20.000 millones más al año para la electrificación, y eso sin incluir las infraestructuras. Mientras, el sector eléctrico requerirá 40.000 millones anuales para implementar más renovables y reducir la dependencia de los combustibles fósiles en algunas regiones. 

De cara a este verano, la Comisión Europea preparará un informe de impacto económico en el que evaluará si es necesario aumentar los objetivos climáticos hasta el 2030. La lucha contra el cambio climático se ha convertido en una de las puntas de lanza de Ursula Von der Leyen desde que asumió su cargo al frente de la Comisión Europea el pasado diciembre. Así se puso sobre la mesa el Pacto Verde para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y que el Viejo Continente sea neutral en carbono en 2050, tal y como se establece en el Acuerdo de París de 2015. En la hoja de ruta europea se plantea como objetivo reducir entre un 50% y un 55% las emisiones de gases de efecto invernadero hasta 2030. 

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Cerca de la mitad de ese billón de euros procederá del presupuesto a largo plazo de la Unión Europea, los gobiernos contribuirán con 100.000 millones de euros y otros 300.000 millones de euros adicionales los aportará el sector privado. Hasta 7.500 millones de euros de presupuesto entre 2021 y 2017 se destinará a capital semilla como un mecanismo que se espera que genere otros 100.000 millones de euros en inversiones. 

El nuevo y polémico Plan Juncker: Invest-Eu

El programa Invest-EU se articula como una de las piezas centrales del plan de Von der Leyen. El que se podría decir que es el sucesor del antiguo Plan Juncker tratará de movilizar hasta 650.000 millones de euros en los próximos siete años conjuntamente con otros 13 instrumentos financieros. 

Cerca del 30% de esta cantidad se destinará a inversión climática, es decir, 195.000 millones en siete años o 280.000 millones en una década. Por su parte, el Banco Europeo de Inversiones se ha convertido en aliado de la causa climática, dedicando a ello el 30% de su financiación por el momento, aunque se espera que este ratio alcance el 50% en 2025, lo que se traducirá en 608.000 millones de euros. 

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Las reticencias de las regiones más dependientes de los combustibles fósiles

Ha sido Polonia el único estado miembro que se ha negado a aceptar la propuesta apoyándose en el argumento de que su economía depende en exceso del carbón. Y tanto que es así, ya que Polonia produce el 80% de su energía a partir de plantas de carbón. 

Pero por si se trata de una cuestión de voluntad política, Von der Leyen ha puesto sobre la mesa un Fondo para la Transición Justa dotado de 100 millones de euros para que ningún país, como Polonia, quede excluido. Sobre estos fondos, tendrán prioridad aquellos países en los que una gran parte de la fuerza laboral dependa del trabajo con el carbón, la minería o la explotación de petróleo o gas.

Lo cierto es que esta transición energética genera reticencias no sólo en Polonia sino también en otros países del Este como Hungría o la República Checa e, incluso, en algunas regiones de Alemania. Pero otros países más favorables a la economía verde miran con recelo la alta dependencia del bloque ex soviético de los combustibles fósiles. Una dependencia que provoca que estos estados miembros más proclives a la transición energética tengan miedo a perder el acceso a esos fondos comunitarios. 

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