España debate sobre la creación de una empresa pública de energía: así son 5 de las compañías estatales de electricidad más importantes del mundo

Central nuclear de la empresa pública francesa EDF en la localidad gala de Nogent-sur-Seine.
Central nuclear de la empresa pública francesa EDF en la localidad gala de Nogent-sur-Seine.

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  • España bate día tras día récords de precio de la luz en los mercados mayoristas mientras el Congreso se prepara para debatir una propuesta para crear una empresa pública de electricidad.
  • Esta permitiría que el Estado pueda quedarse con las centrales hidroeléctricas a medida que las concesiones de estas a empresas privadas caduquen.
  • No hay un modelo único de intervenir el mercado eléctrico por parte de los gobiernos: en Europa y en el mundo hay ejemplos de todo tipo.
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Ha sido noticia tantas veces que, por desgracia, a fuerza de repetirse, ya casi ha dejado de serlo. Este jueves, España bate su récord histórico en el precio de la luz en el mercado mayorista. Otra vez.

Desde hace unos meses, la situación ha ido de mal en peor. Hace unos meses, que España superara el umbral de los 100 euros por megavatio hora en el pool encendía todas las alarmas. 

Hoy, alcanzar los 140 euros no ha extrañado a casi nadie.

Y subiendo. El modo en que China está acumulando stock de gas natural anticipa un invierno aún peor: en los meses de frío, esta materia prima no solo genera electricidad, sino que calienta las casas.

El Gobierno busca fórmulas para que el precio de la electricidad no castigue aún más la maltrecha economía de unos hogares que aún tratan de sacudirse las consecuencias de la pandemia.

Se trata de un debate muy abierto en el que, como ha advertido recientemente Teresa Ribera, ministra de Transición Ecológica, no hay fórmulas mágicas ni inmediatas.

La última idea la ha puesto sobre la mesa Unidas Podemos. Los socios del actual Gobierno presentaron la semana pasada en el Congreso una proposición de ley para crear una empresa pública de energía.

Esta, que recibiría el nombre de Producción Eléctrica Española (EPE), recogería las concesiones de explotación de energía hidráulica que se vayan extinguiendo en los próximos años.

La medida permitiría gestionar una fuente de electricidad de producción barata y almacenable que podría hacer de contrapeso en el sistema de subasta en momentos de precios disparados como el actual.

El proceder sería exactamente el contrario del que se ha visto este verano, cuando las hidroeléctricas han aprovechado el alto precio de la luz para vaciar embalses y vender mucha electricidad.

Lo han hecho tanto, que han marcado el precio más alto en más de la mitad de las horas durante el verano. Y eso que no tienen que pagar bonos de emisión de dióxido de carbono ni importar gas natural.

La empresa pública de energía mira muy a largo plazo. Muchas de las actuales concesiones no se extinguen hasta 2030, y algunas no lo harán hasta dentro de 70 años.

Países tan cercanos como Francia y tan lejanos como Japón cuentan con empresas públicas eléctricas. Todas ellas tienen sus pros y sus contras.

Para ubicarnos, así son 5 de las empresas estatales de electricidad más importantes del mundo.

1. Francia: EDF, la joya de la corona

Sede de EDF

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Recién terminada la II Guerra Mundial, el New Deal, la política intervencionista puesta en marcha en EEUU por Roosevelt para sacar el país de la crisis del 29 era el espejo en el que se miraba Europa.

Bajo esta mentalidad, en 1946 Francia fundó Électricité de France como resultado de un masivo proceso de nacionalización de empresas productoras.

Con los años, EDF se convirtió un gigante que hoy presume de ser el primer productor y distribuidor de electricidad en Europa y estar al menos entre los 5 primeros a nivel mundial.

Además, para los franceses, EDF es algo más que una empresa estatal: es motivo de orgullo, la joya de la corona del país.

Tanto es así que, cuando en 2005, en el marco de la privatización masiva del sector a nivel europeo, se puso en venta el 15% de la empresa, sus trabajadores salieron a protestar.

Estos llegaron incluso a cortar el suministro de electricidad a países como España.

Los disturbios ocasionados por la venta de este 15% acabo de un plumazo con la tentación de vender toda EDF en mitad de la ola de privatizaciones europea de finales de los 90. 

Por ello, algo más de 15 años después, Francia conserva intacto algo más del 84% de EDF

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Hay quien ve en esto una de las claves de que, por ejemplo, este jueves Francia se vaya a los 131 euros en el mercado mayorista mientras España supera los 140.

Pero esto no es gratis. Más del 65% de los ingresos de EDF provienen de la ingente cantidad de centrales nucleares con que cuenta la empresa.

Esto la hace dependiente de una fuente de energía que ya genera importante consensos en torno a la necesidad de su paulatina desaparición.

A ello hay que sumar una importante deuda que se va por encima de los 40.000 millones de euros.

Como respuesta, Francia explora la posibilidad de poner en marcha el Proyecto Hércules, una remodelación integral que daría entrada a capital privado para promover la energía limpia.

2. Italia: Enel, entre lo público y lo privado

Enel italia
Reuters

El nombre de Enel empezó a sonar con fuerza en los medios españoles hace algo más de 10 años, cuando la empresa se lanzó a la compra de Endesa.

El movimiento tuvo algo de simbólico. Endesa, que había sido la gran eléctrica pública española, pasaba a formar parte de una unión de empresas en la que una de ellas estaba gestionada por Italia.

La apuesta no les salió mal, como recordó en 2019 el periodista económico Carlos Segovia en El Mundo al hacer balance de lo que ha supuesto para Enel la operación.

Esta, resumió Segovia, había adquirido Endesa por menos de 38.000 millones de euros. En 2019, ya había recibido de Endesa algo más de 30.000.

Además, el 70% que mantiene en Endesa vale algo más de unos 16.500 millones sin contar la prima de control que exigiría en una eventual venta. 

Sumada a la anterior cifra, Enel acumula una una plusvalía de 10.000 millones de euros en su compra de Endesa.

Esto, después de que las inversiones de Enel en 2018 fueran la mitad que en 2009 y la plantilla se recortara un 28% con respecto a 10 años antes. 

En resumen, un gran negocio para Italia. Y para el resto de inversores, entre los que se encuentra BlackRock, el considerado fondo de inversión más grande del mundo.

Tanto es así que Enel puso sus ojos este mismo 2018 en Electropaulo, una de las principales distribuidoras eléctricas en Brasil, para repetir la jugada.

El problema es que también lo había hecho Iberdrola. Esta, tras un cruce de ofertas y contraofertas con Enel por Electropaulo, emitió una carta a la Comisión Europea.

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En ella, se quejaba de la posición de ventaja de Enel como empresa intervenida por el estado italiano, algo que, entendían, les ponía en ventaja a la hora financiarse, por ejemplo.

Además, acusó a la empresa de origen italiano de estar haciendo ofertas fuera de mercado.

Enel casi ni se molestó en contestar. Apenas unos meses después, adquirió el 73% de Electropaulo por algo más de 1.200 millones de euros.

3. Japón: Tepco, el desastre de Fukushima y el gobierno al rescate

Un dispositivo mide la radiación en Fukushima, Japón.
Un dispositivo mide la radiación en Fukushima, Japón.

Reuters

El nombre de Tepco estará para siempre marcado por la tragedia.

Es una empresa japonesa de producción, transmisión y distribución de electricidad que suministra energía a la región de Kantō, lo que incluye zonas como Tokio, la populosa capital de Japón.

Todo cambió para ellos el 11 de marzo de 2011. Ese día, el país nipón vivió una triple tragedia: un terremoto provocó un tsunami que acabó afectando a la central de Fukushima I, de Tepco.

Pero las cosas no son tan simples. Con el paso de los meses, lo que inicialmente pareció un desastre natural inevitable, como sostuvo durante semanas la propia Tepco, cobró pronto visos de ser algo más.

Lo confirmó una investigación independiente ordenada por el Parlamento de Japón. En un duro informe, esta explicó que en el accidente se dieron una concatenación de errores humanos.

"El accidente de la central nuclear de Fukushima fue resultado de la connivencia entre el Gobierno, los reguladores, Tepco y la falta de gobernabilidad de dichas partes", señaló el informe de 641 páginas citado por El País.

Esta se saldó con una persona fallecida (reconocida años después) y al menos 50.000 hogares desplazados que nunca podrán volver a su casa debido a la contaminación radioactiva.

A ello se añade el coste económico. Algunos analistas situaron el coste del accidente en reparaciones e indemnizaciones por encima de los 500.000 millones de euros. Y Tepco debía pagarlos.

Básicamente, el accidente puso a la compañía, una empresa privada que ejercía un fuerte monopolio en sector eléctrico en Japón, ante la duda de quebrar o aceptar una nacionalización.

El rescate llegó en 2012 en forma de un fondo para afrontar los primeros pagos de indemnización a las víctimas de Fukushima de algo más de 11.000 millones de euros. Ya entonces, Tepco pidió 9.000 más.

A cambio, el Gobierno japonés se hizo con el control de Tepco en un momento en el que el valor de sus acciones llegó a bajar un 80% tras el accidente.

4. Suecia: Vattenfall, algo más que saltos de agua

Vattenfall

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Si algo se parece en el mercado de la generación eléctrica a lo que quiere hacer España con su hidroeléctrica estatal es lo que en principio fue Vattenfall, una empresa sueca totalmente pública.

Nacida a principios del siglo XX, como su propio nombre indica, esta empresa se dedicaba inicialmente a explotar la electricidad de los ingentes saltos de agua que hay en el país.

Hablamos de muchos saltos de agua. Infinidad de ellos. 

Tantos, que los expertos explican por ahí que algunas regiones de Suecia y su vecina Noruega vayan a pagar mañana en los mercados mayoristas apenas algo más de 50 euros por el megavatio hora.

En España se van a pagar casi 100 euros más.

Hay también quien da parte del mérito al carácter estatal de Vattenfall, que, en todo caso, hace ya mucho que es algo más que una empresa hidroeléctrica.

Tras operar solo explotando el agua sueca durante 60 años, a mediados de los 70 Vattenfall se interesó por apuntarse al último grito en generación de electricidad: la energía nuclear.

Pronto abrió 2 centrales, Ringhals I y II, y terminó siendo dueña de 7 de los 12 reactores que hay en Suecia. 

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Después llegó también la apuesta por los combustibles fósiles y la expansión por Alemania, Polonia, Países Bajos, Reino Unido, Dinamarca, Finlandia y algunas regiones de Alemania.

En los últimos años, sin embargo, como una suerte de retorno a los orígenes, la empresa pública sueca ha hecho notables esfuerzos por volverse algo más verde.

A ello ayuda el hecho, por ejemplo, de que el solo el 35% de la generación de electricidad en Suecia procede de la energía nuclear y que ya en 1980 el país votó a favor de eliminarla.

Han empezado por el principio, por desmontar Rhingals I y II, una decisión tomada en 2015. 

Hace unas semanas, el Gobierno sueco advirtió de que Vattenfall deberá cerrar 4 de las 5 centrales que aún conserva antes de 2025.

5. EEUU: TVA, energía pública en mitad de la meca del capitalismo

Central nuclear de TVA en Spring City, Tennessee, EEUU.
Central nuclear de TVA en Spring City, Tennessee, EEUU.

Reuters

Como en el caso francés, para entender el origen de la Autoridad del Valle de Tennessee (TVA, por sus siglas en inglés), la energética pública más grande de EEUU, hay que irse de nuevo a 1929: al New Deal.

En mitad del descontento de buena parte de la población por el proceder de las empresas privadas de electricidad en mitad de la crisis tras el crack, Roosevelt firmó la Tennessee Valley Authority Act.

Esta daba el pistoletazo de salida a TVA, una empresa pública estadounidense creada para aprovechar la energía generada por el río Tennessee, que baña 7 estados de EEUU.

"¿Las renovables están de moda? Nosotros llevamos con ellas desde 1933", afirma la empresa, provocativamente, en su web.

Ubicada en un país en el que cualquier iniciativa de intervención pública es tomada como poco menos que una manifestación de socialismo intolerable, TVA ha concitado el interés de propios y extraños.

Y eso que no empezó con buen pie. 

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Por si una empresa estatal no lo tuviera ya de por sí difícil EEUU, una de las primeras cosas que tuvo que hacer TVA fue desplazar a trabajadores del campo para inundar sus tierras.

Todo, para aprovechar la fuerza del agua, una energía limpia. Esto ha sido siempre en TVA de una importancia capital, incluso cuando, como dice su web, nadie hablaba de ello.

Hoy, presumen de que el 60% de su generación eléctrica está libre de emisión de dióxido de carbono a la atmósfera. Lo logran gracias, entre otras cosas, a sus 29 presas hidroelétricas.

"Estamos desmantelando algunas de nuestras unidades de carbón más antiguas para dar paso a estas nuevas formas más eficientes de producción de energía", explican en su web.

"Es una evolución natural que encaja con nuestra misión histórica de proporcionar energía fiable y de bajo coste que mejore la vida de las personas a las que servimos".

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