Cómo funciona el ciclo vital de las inversiones

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  • La estrategia de inversión no es igual para las mismas edades: a mayor edad, más exposición al riesgo se podrá asumir, y viceversa.
  • Sigue leyendo para saber en qué consiste el ciclo vital de las inversiones y cuáles son las diferentes fases.
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Uno de los conceptos básicos de las finanzas personales tiene que ver con el funcionamiento del ciclo vital de las inversiones

Es una idea que los inversores deben tener presentes, pues la planificación financiera, la gestión del presupuesto y del dinero ahorrado no es igual para todo el mundo. Dependen factores como los ingresos, las deudas, pero, sobre todo, la edad. 

Cuando se habla del ciclo vital de las inversiones esto tiene que ver con los diferentes momentos de la vida de un producto, de una inversión propiamente dicha, de una empresa o de la persona física, en los que las necesidades financieras son diferentes. Dicho de otra manera, tiene relación con que la estrategia para invertir no siempre es uniforme, sino que evoluciona y varían en función de la época del producto, compañía o individuo.

No hay una norma de por vida. Mucho menos en el ámbito de la inversión y los mercados. Lo que sí hay son algunas pautas que dependen del rango de edad en el que te encuentres. De ahí al término de ciclo vital o de vida de las inversiones que se tienen. 

En esta línea, es de gran relevancia esta filosofía a la hora de gestionar el dinero porque incorpora la disciplina del largo plazo, que con toda seguridad es lo más difícil de cumplir y una de las claves del éxito, de que vayas acumulando un capital que vaya creciendo con el transcurso de los años. 

Tener una planificación financiera adecuada a lo largo de tu vida hará cumplas de forma sistemática y una distribución de activos de tu cartera adecuada. Esa es la base que debes tener presente. No necesitas absolutamente nada más. Tampoco, estar en constante lectura de conceptos financieros. 

La distribución de los activos en los que invertir cambiará a medida que avance el tiempo. No te centrarás en las mismas inversiones con 30 años que cuando estás muy cerca de jubilarte: a menor edad, más riesgos podrás asumir, y a mayor edad, más énfasis en la preservación de tu patrimonio tendrás que poner. Es ley de vida. 

Es un camino en el que primero vas convirtiendo tu esfuerzo laboral en activos para posteriormente, en tu jubilación pasar a vivir de esos activos (financieros). Diferentes edades conllevan diferentes necesidades y obligaciones que representan distintas percepciones del riesgo de inversión.

El enfoque del ahorrador joven

La primera parte del ciclo vital del ahorrador representa a las personas que van de los 20 a los 39 años. Este perfil se inicia en el ahorro en sus primeros años de trabajo de una manera más o menos sistémica. 

El control del riesgo y selección de sus inversiones es importante, pero lo más importante en esta fase es el desarrollo del hábito de ahorrar, porque hacerlo de forma regular hará crecer su patrimonio futuro más rápidamente. En este sentido, el mayor error es no aprender a ahorrar.

Centrarse en ser capaz de guardar el 10% de los ingresos puede ser un buen punto de partida. Lo interesante, según varios estudios es el 20% en general, pero teniendo en cuenta que es un ahorro temprano, la referencia del 10% puede no ser mala

En esta primera fase ya se pierde la mayoría, puesto que comprar una casa que exija más de un 40% del sueldo y la incertidumbre de cambiar varias veces de trabajo hacen que la disciplina del ahorro se diluya.

En este momento del ciclo se puede invertir del 60% al 80% de renta variable y del 60% al 40% de renta fija

El ahorrador maduro: ya empieza la cautela

Este tramo lo comprenden las personas que se enmarcan entre los 40 y 59 años. Por lo general es un perfil en el que se ha estabilizado en todos los órdenes de su vida material y familiar y es un acumulador neto gracias a esa mayor solidez; ingresos, casa, coche, etc . Saben dónde están y hacia dónde va su vida.

De la misma forma que una persona en esa edad ha madurado física y psicológicamente, también ha madurado en términos financieros. Un ahorrador maduro ha vivido una o 2 crisis financieras y ha sabido reponerse. Esto hace que vea con otros ojos la distribución de las inversiones. 

La composición de renta variable de su cartera puede ir del 40 al 70% y de renta fija del 30 al 60%, dependiendo del perfil de riesgo

Prejubilado y jubilado activo: la idea de preservar patrimonio

Esta fase abarca una etapa muy diversa. Se mueve entre los años antes de la jubilación en que todavía trabaja a los años de vida activa como jubilado, esos en los que disfruta de su merecido descanso.

Comienza en los 2 o 3 años previos a la jubilación o retirada del trabajo. Generalmente coinciden con el salario más alto y estable de la carrera profesional. Los gastos domésticos están estabilizados, los hijos son autosuficientes o empiezan a serlo y la tasa de ahorro es la más alta.

Pasar de esta secuencia a la jubilación es un paso trascendental. Se ingresará menos, habrá menos autonomía.

Todo esto marca la distribución de activos de inversión; por encima de todo el ahorro acumulado a lo largo de la vida tiene que estar seguro. La seguridad es lo más importante; no perder antes que ganar.

La cartera pivotará en torno a un 60%-80% en renta fija, y el resto en renta variable

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