Una oferta (casi) irrechazable: el día que Steve Jobs propuso a Michael Dell una alianza que pudo haber cambiado para siempre el destino Apple y la tecnología

Steve Jobs, cofundador de Apple.
Steve Jobs, cofundador de Apple.

REUTERS/Lou Dematteis

  • A finales de los 90, tras volver a Apple, Steve Jobs ofreció a Michael Dell, el fabricante de los populares PC, un acuerdo que pudo cambiar el destino de ambas empresas y de la tecnología.
  • Contemplaba la posibilidad de que los usuarios pudieran escoger entre el sistema operativo de Microsoft o el de Apple en sus ordenadores, según ha confesado el propio Dell en su biografía.
  • El intento de Jobs de querer cobrar canon por cada ordenador vendido y no por cada terminal con su sistema operativo acabó con la operación: "Obviamente, adoptaron otro camino", explica Dell.
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Antes de sentarse a hablar de negocios, una demostración. 

—Mira, tenemos esto.

A finales de la década de los 90, tras volver a la compañía que él mismo había fundado y de la que había salido tras fuertes desavenencias con el anterior consejo de administración (y previo pago de más de 400 millones de dólares por parte de Apple), Steve Jobs es un hombre en busca de opciones.

Mira al futuro con optimismo a pesar de que Apple ha estado muy cerca de quebrar. Tiene un entusiasmo y una ambición casi tan desmedida como su ego y una fe infinita en las posibilidades de sus productos. Bajo su dirección, Apple volvería a ser lo que era. No, sería lo que siempre tuvo que ser. No, sería más, mucho más, siempre más.

Por eso, cree de verdad en lo que le ha comentado a Michael Dell unos minutos antes de enseñarle la sorpresa que tiene para él. Fiel a su estilo, con su acostumbrada franqueza, le ha dicho: "Tú sabes que el sistema operativo de Mac es mucho mejor que el de Microsoft".

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Dell era el fundador de una empresa homónima que en 1997 se encontraba ya cada vez más cerca de su objetivo: meter un PC en cada casa. Su fórmula del éxito consistía en construir terminales de buena calidad a precios asequibles. Nada más fácil y difícil a la vez.

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El caso es que funcionó. Ya en 1999, terminaría declarando beneficios por valor de 25 millones de dólares.

Pero la historia siempre pudo haber sido otra. Dos años antes, de muy buen grado, Dell accede a echar un vistazo a la máquina que le quiere enseñar Steve Jobs. 

Se trata de uno de sus ordenadores, un Dell movido por procesadores Intel x86. Pero tiene una particularidad: su sistema operativo es el de Apple.

—Tenemos este ordenador de sobremesa de Dell y está ejecutando Mac OS. ¿Por qué no licenciáis el Mac OS?—, le pregunta Jobs.

Dell echa un vistazo. Desde luego, le interesa.

Steve Jobs, inspiración de Michael Dell

La escena ha sido relatada por el propio Michael Dell en su biografía, escrita con la ayuda del novelista James Kaplan y publicada esta semana.

Esta lleva por título Play Nice But Win (Juega limpio pero gana, editorial Porfolio), y en unos fragmentos a los que ha tenido acceso la web Cnet, Dell cuenta por qué la oferta de Jobs, además de haber podido cambiar la tecnología mundial tal y como la conocemos hoy, tuvo para él un fuerte componente simbólico.

Para entenderlo, hay que remontarse a 1979, cuando un Dell de apenas 14 años, fascinado por la informática y por el ruido que hacía una inmensa computadora que usaban en su casa, pidió a sus padres un Apple II, que costaba 1.298 dólares de la época.

"Siempre he pensado que para entender algo hay que abrirlo", cuenta Dell. Fiel a esta idea, el adolescente se apresuró a abrir su Apple II y analizar cada uno de sus componentes. Aquello fue como una revelación.

 "Lo mejor del Apple II es que en su interior estaba muy claro para qué servía cada chip. Había libros enteros que explicaban lo que hacía cada componente del Apple II. Los devoré", cuenta la biografía de Dell.

Un año después, en la mente de Dell el fundador de Apple no solo era un genio de la informática, sino alguien que había transgredido esa figura para convertirse en el modelo de emprendedor que Dell quería llegar a ser algún día.

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Esto ocurrió sobre todo después de que Jobs, que en 1980 apenas tenía 25 años, visitara a un grupo de jóvenes informáticos que unos pocos jóvenes entusiastas habían montado en Houston. Entre estos se encontraba un tal Michael Dell. Todavía no lo sabe, pero no faltan muchos años para que trate de tú a tú al hombre que tiene frente a sí y que tanta fascinación le causa.

"Jobs en persona era aún más convincente que a través de la prensa. Cuando entró en la sala donde nos íbamos a reunir con él, fue casi como si las aguas se separaran. Habló con pasión sobre cómo el ordenador personal (su ordenador personal) estaba revolucionando el mundo. Habló con metáforas muy elevadas... Decía que, con sus ordenadores, la gente tendría la capacidad de lograr lo inimaginable", relata Dell.

El resto de la historia conduce al momento en que Jobs le tiende la mano a Dell para hacerse juntos invencibles. 

Apenas 5 años después de escuchar a Jobs en persona, Dell empezaría a copar el mercado con su propia empresa fabricante de ordenadores. Mientras, al fundador de Apple le daría tiempo a pelearse con el consejo de administración de su propia empresa, fundar otra y ser absorbido de nuevo por Apple. 

Ahora, de nuevo en la casilla de salida, Jobs se encontraba otra vez en el camino de Michael Dell, el hombre que de adolescente había aprendido buena parte de lo que sabía sobre informática desmontando equipos de Apple y leyendo manuales sobre sus componentes.

Jobs y Dell, una sola oferta y caminos separados

¿Licenciar Mac en los ordenadores de Dell y dar a los usuarios la opción de escoger entre el sistema operativo de Apple y de Microsoft? Naturalmente que le interesaba. Dell sabía que Jobs pediría a cambio una buena cantidad de dinero y estaba dispuesto a dárselo por cada usuario que se decantara por usar Mac en sus ordenadores. 

Pero Jobs tenía otra idea.

En vez de tener que pagar un canon por cada usuario que eligiera Mac, Jobs quería una cantidad fija de dinero por cada ordenador que vendiera Dell, independientemente del sistema operativo que luego utilizara el usuario del terminal.

"El canon del que hablaba Jobs ascendería a cientos de millones de dólares, y las matemáticas no salían porque la mayoría de nuestros clientes, especialmente los grandes clientes empresariales, no querían usar Mac", cuenta Dell. "La propuesta de Steve habría sido interesante si hubiéramos dicho: 'Vale, te pagaremos cada vez que usemos el Mac OS', pero pagarle por cada vez que no lo usáramos... ¡Buen intento, Steve!".

A eso había que añadir otro problema: Jobs no garantizaba a Dell el acceso a Mac OS apenas 3, 4 o 5 años después de sellado el acuerdo, ni siquiera aunque se firmase bajo sus draconianas condiciones. Eso podría dejar a los clientes de Dell que estuvieran usando Mac sin las nuevas versiones del sistema operativo a medida que el software evolucionara.

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Dell, con todo, reconoce que hubiese sido un acuerdo histórico: "Podría haber cambiado la trayectoria de Windows y Mac OS en los PC. Pero, obviamente, tomaron una dirección diferente".

"La personalidad de Jobs marcó siempre a Apple, desde el día uno, aún en el período en el que no estuvo entre 1985 y 1997, porque su ausencia dejó un hueco tan grande que Apple perdió su personalidad, dice sobre Jobs Leandro Zanoni, periodista especializado en tecnología autor de La gran manzana (Random House Mondadori), un libro sobre la historia de Apple.

"Es imposible saber lo que hubiese supuesto una alianza entre Apple y Dell. También es difícil imaginar alguna decisión mejor de las que tomaron en su momento para que Apple sea aún más grande de lo que es hoy. Haciendo absolutamente un futurismo arriesgado, diría que una alianza con Dell hubiera sido un error. Pero no lo sé, sinceramente", explica Zanoni a Business Insider.

La historia fue la que fue. Jobs y Dell tomaron caminos distintos y el sistema operativo de Apple solo vería la luz nuevamente a través de los terminales fabricados por la propia empresa. Después, llegaron el iPad y, sobre todo, el iPhone, un dispositivo que marcaría el paso de la tecnología hacia los smartphones y cambiaría la vida de todos para siempre.

Para Zanoni, fue la culminación de un regreso triunfal: "Lo peor para una empresa es no saber quién es. Cuando Jobs volvió, con su famoso tridente iPod-iPhone-iPad, puso a la empresa en su lugar: diseñar grandes productos innovadores y centrarse en el usuario, las personas. Hoy, hombres como Jeff Bezos o Elon Musk son comparables a Jobs, pero no lo superaron".

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