La misofonía, la aversión a escuchar sonidos como masticar, morder o respirar, se produce por una "conexión anormal" en el cerebro

masticar comer
Gleb Garanich

Reuters

  • Para algunas personas, el hecho de escuchar sonidos cotidianos como masticar, tragar o morder puede suponer una reacción que varía desde la ira hasta la violencia física.
  • Este síndrome se conoce como misofonía y, aunque es producida por una conexión anormal entre la corteza premotora y la región auditiva del cerebro, una nueva investigación asegura que la región visual también tiene mucha importancia.
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Imagina que quedas con una persona y comienzas a notar que algunos sonidos le causan especial irritación. Con el paso del tiempo, dicha irritación se transforma en ansiedad o en una reacción violenta. Este comportamiento tiene nombre e implica un síndrome conocido como la Sensibilidad Selectiva al Sonido (SSS) o misofonía.

Literalmente, proviene del griego y se traduce como "aversión al sonido". Para las personas que padecen esta dolencia, cualquier ruido externo cotidiano puede derivar en una situación agobiante y, de lejos, agotadora para la calidad de vida de esta. Más aún cuando la psiquiatría no reconoció esto como un desorden hasta 2013, aunque se conceptualizó en 2001.

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A pesar de que existen tratamientos que pueden ayudar a que la persona afectada logre una vida más o menos normal, como la terapia cognitivo-conductual, también se pueden observar diferentes niveles de misofonía, concretamente, 11. En el último, la persona puede llegar a utilizar la violencia física contra otras o autolesionarse. 

Por ello, los neurólogos no cejan en los intentos de comprender de cerca qué puede ocurrir en el cerebro de las personas con misofonía, para quienes sonidos como masticar o tragar pueden llegar a suponer un verdadero suplicio. Así, en un artículo publicado en The Journal of Neuroscience, los neurólogos han centrado sus investigaciones en este órgano tan desconocido, en lugar de los sonidos que provocan las reacciones.

"Existe una conexión anormal"

A los sonidos que producen los demás se les conoce como "disparadores" o de activación, es decir, desde masticar hasta la propia respiración. Según un comunicado de prensa de la Universidad de Newcastle (Inglaterra), se calcula que entre dicha dolencia es bastante común, con un porcentaje de afectados que oscila entre un 6% y un 20%.

Aunque comúnmente se ha considerado la misofonía como un trastorno de procesamiento del sonido, este nuevo estudio ha asegurado que también se explica por una comunicación anormal entre diferentes partes del cerebro: el centro auditivo, la corteza auditiva y áreas de la corteza premotora (las que se encargan de los movimientos faciales, de la boca y de la garganta).

“Nuestros hallazgos indican que para las personas con misofonía existe una comunicación anormal entre las regiones del cerebro motor y auditivo; se podría describir como una 'conexión supersensibilizada'", ha explicado Sukhbinder Kumar, investigador de la Universidad de Newcastle, en un comunicado de prensa. "Esta es la primera vez que se identifica una conexión de este tipo en el cerebro para la afección".

De esta forma, las acciones desencadenantes se deberían, además, al apartado visual. Esto significa que no solo los sonidos provocan la reacción de la persona afectada, sino que el mismo patrón se da entre la región visual y la motora, más allá de la auditiva ya mencionada. Los investigadores han denominado esto como "sistema de espejos".

El sistema de espejos

Hasta ahora, todas las terapias se han centrado en los centros de sonido del cerebro, mientras que la novedad de esta última publicación no solo atiende este apartado, sino también la región visual. 

“Creemos que en las personas con misofonía, la sobreactivación involuntaria del sistema de espejos conduce a algún tipo de sensación de que los sonidos emitidos por otras personas están invadiendo sus cuerpos, fuera de su control", ha agregado Kumar. “Curiosamente, algunas personas con misofonía pueden disminuir sus síntomas imitando la acción que genera el sonido del gatillo, lo que podría indicar que se está restaurando la sensación de control". 

En este sentido, la importancia de esta novedosa investigación supone un cambio en las terapias que se ofrecerán, a partir de ahora, a las personas afectadas por este síndrome.

"En lugar de centrarse en los centros de sonido en el cerebro, como hacen muchas terapias existentes, las terapias efectivas también deben considerar las áreas motoras del cerebro", ha concluido Tim Griffiths, neurólogo cognitivo de dicha universidad y autor principal del estudio.

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