Por qué todavía nadie sabe si Tesla o cualquier otra marca será realmente capaz de hacer negocio en el mercado de los coches eléctricos

El CEO de Tesla, Elon Musk.
El CEO de Tesla, Elon Musk.
Mike Blake

Reuters

  • Se está produciendo un cambio enorme en la industria automotriz a medida que los motores de combustión dan paso a los trenes de potencia eléctricos.
  • Los fabricantes de automóviles están comprometiendo miles de millones de dólares en la transición y han anunciado docenas de nuevos modelos de vehículos eléctricos para los próximos años.
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Los coches son contaminantes y, con la crisis climática que se avecina, los Gobiernos de todo el mundo están exigiendo menores emisiones para los vehículos. En este sentido, en muchos casos están avanzando para prohibir por completo los motores de combustión interna.

Aun así, hay mucho camino por recorrer. A pesar del progreso fastuoso que lleva desde el 2010, con Tesla logrando una capitalización de mercado superior a los 500.000 millones de dólares —lo que la convierte no solo en la fabricante de automóviles más valiosa del mundo, sino también en una de las compañías más valiosas del planeta— mientras que todo el mercado de los vehículos eléctricos apenas representan el 2% de todas las ventas anuales.

Eso no ha impedido a los fabricantes de vehículos eléctricos a lanzar nuevos modelos y aspirar a introducir muchos más en los próximos 10 años. Solo General Motors ha dicho que gastará 27.000 millones para lanzar 30 vehículos electrificados para 2025.

Por un lado, esta es una situación halagüeña para los fabricantes de automóviles tradicionales. Tesla está creciendo rápidamente, pero la compañía todavía hará entrega de solo alrededor de 500.000 coches a nivel mundial en 2020, mientras que en Estados Unidos se deberían vender entre 16 y 17 millones de vehículos nuevos. Incluso España debería superar holgadamente los números de Tesla: en 2019, antes de la pandemia, se vendieron 1,25 millones de vehículos nuevos. Si todos esos coches y camiones contaminantes necesitan ser reemplazados por eléctricos compañías como Volkswagen, General Motors o Ford, que pertenecen a la industria de la vieja escuela, querrán venderlos.

Llegar por los bajos ingresos y quedarse por las pésimas ganancias

Por otro lado, nadie ha sido capaz de demostrar todavía que pueda ganar mucho dinero vendiendo vehículos eléctricos. En volúmenes modestos, los fabricantes de estos automóviles pueden cumplir cómodamente con las leyes de emisiones y con la legislación sobre los combustibles que se aplican a flotas masivas. Principalmente para camionetas y SUV, que son excepcionalmente rentables. 

Incluso Tesla, que está obteniendo beneficios desde 2019 y va camino de publicar su primer año completo en números verdes en 2020, no está ganando mucho dinero, al mismo tiempo que los críticos señalan que su margen positivo proviene de la venta de créditos de emisiones.

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En el tercer trimestre, Tesla facturó alrededor de 9.000 millones. La semana pasada, el analista de Morgan Stanley, Adam Jonas, publicó una nota en la que anticipó previsiones para General Motors y Ford de cara a sus posibles negocios de vehículos eléctricos.

"Para GM, estimamos unos ingresos por vehículos eléctricos en 2.400 millones de dólares en 2021, aumentando a 5.500 millones en 2022 y 8.900 millones en 2023", escribió. "Para Ford, pronosticamos ingresos por los coches eléctricos de 2.000 millones en 2021, aumentando a 3.900 millones en 2022 y a 7.400 millones para 2023", añadió.

Suena bien, sin duda. Pero dando un paso atrás, hay que considerar esas estimaciones en el contexto de los ingresos que está generando el antiguo negocio de combustión. Para General Motors en el tercer trimestre fueron de 35.000 millones. Para Ford, fueron de 38.000 millones. Y eso, en medio de una pandemia que ha hecho que sea más difícil para los consumidores salir y comprar un coche o un camión nuevo.

Un argumento clave a favor de los vehículos eléctricos es que serán más simples y más baratos de fabricar, por lo que los ingresos reducidos podrían generar márgenes de beneficio superiores, o al menos similares. A Tesla, por ejemplo, le gusta hablar de un margen bruto del 20% que podría, en algún momento futuro, convertirse en un margen neto envidiable, en una industria que considera que cualquier porcentaje cercano al 10% un logro.

Pero hay que tener en cuenta que para obtener ingresos anuales de miles de millones (de un solo dígito) en la industria de vehículos eléctricos necesitas invertir miles de millones (de al menos 2 dígitos). Para seguir el ejemplo de General Motors, 27.000 millones es mucho dinero para dedicar a generar aproximadamente 10.000 millones, anualmente, para 2025.

Los números no cuadran

Por supuesto, en esta discusión se tiene en cuenta la trayectoria de crecimiento del mercado chino, que se espera que supere con creces tanto a Estados Unidos como a Europa. China ahora ve más de 20 millones en ventas anuales de vehículos nuevos y podría aumentar a 40 millones, con gran parte de los nuevos vehículos eléctricos. 

Un fabricante de automóviles como General Motors, con un importante negocio en China que se remonta a hace décadas, ahora tiene que dedicar miles de millones para ponerse al día.

Pero teniendo en cuenta la estrategia de China, las cifras que proyecta Morgan Stanley para los vehículos eléctricos no lucen muy positivas, a pesar de que la tasa de crecimiento sea impresionante. No es probable que la demanda de automóviles colapse pronto o en ningún momento, por lo que traspasar los 160.000 millones en ingresos anuales de los coches de combustión interna por, quizás, 40.000 en ventas de vehículos eléctricos, de manera optimista para 2025, parece una especie de suicidio.

O quizás no.

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Aquí nos topamos una vez más con el problema clave de desplazar un negocio maduro que no está creciendo, con una nueva actividad que podría crecer rápidamente, pero no a la escala necesaria para sustituir al antiguo modelo.

Las recompensas están en esta fotografía: las acciones de Tesla han subido un asombroso 9.000% desde su salida a bolsa en 2010. Pero los títulos de los fabricantes de automóviles tradicionales básicamente no han tenido un comportamiento similar, lo que lleva a deducir que los vehículos eléctricos son menos una oportunidad de negocio que un juego de inversión.

Eso no significa que no haya hueco para los vehículos eléctricos. En el último año, pude conducir unos cuantos y, en su mayor parte, han sido maravillosos. No obstante, cada vez que profundizo en el flujo de caja que genera un negocio de coches eléctricos real, me resulta difícil comparar las esperanzas de esta industria con el lugar en el que se encuentran realmente los vehículos eléctricos en términos de penetración de mercado.

Dicho lo cual, soy un entusiasta de los vehículos eléctricos. Quiero que reemplacen lo antes posible a todos los automóviles y camiones que inundan las carreteras de humo. No voy a lamentar las pérdidas del Ferrari V8 o de las camionetas enormes.

Con todo, hay razones por las que los sueños quedan en eso, mientras que la realidad te golpea. El escenario urgente no lo dictan los ciclos económicos, sino el planeta. Si los científicos tienen razón, entonces tenemos alrededor de una década para trabajar antes de que estemos en problemas profundos, o tengamos que dedicar una gran parte del PIB mundial a descarbonizar la atmósfera para evitar un ajuste existencial.

Llega por el sueño, quédate por los subsidios

He pensado mucho en esto durante los últimos años y la conclusión a la que he llegado una y otra vez es que los vehículos eléctricos son un mal negocio y no es probable que mejoren por sí solos. 

Muchas empresas son un mal negocio, de modo que no pienses que eso significa que deberían desaparecer siempre que mantengan un flujo de caja y un propósito económicamente útil. El escenario de destrucción de ingresos que he descrito podría ser algo que Tesla o cualquier otro fabricante de automóviles simplemente no pueda evitar.

Esta constatación conduce invariablemente a un lugar, y es a una situación políticamente desafiante en la que los Gobiernos respaldan la transición de los coches de combustión interna a vehículos eléctricos. En muchos sentidos, esto es en lo que Wall Street realmente está invirtiendo, con Tesla como el mayor benefactor actual, así como la única forma efectiva de apostar dinero en la actualidad en la revolución de los vehículos eléctricos.

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Esto no me preocupa, pero en la práctica, podría ser difícil de sostener. Las numerosas prohibiciones de gas y diesel contempladas en todo el mundo no han generado conflicto porque hasta ahora no se han aplicado.

También existe una experiencia limitada con el negocio del automóvil en respuesta a una grave crisis de ahorro de combustible. Inmediatamente después de la Gran Recesión, muchos fabricantes de automóviles que antes dependían de los SUV se comprometieron a hacer vehículos pequeños, de bajos márgenes y que consumían gasolina, solo para volver tratar de disparar el consumo de este combustible cuando los precios del petróleo se desplomaron. La industria no quiere repetir ese error.

Bienvenido a la parte incómoda de este análisis. Los Gobiernos no están en condiciones de eliminar lo que podrían ser 2.000 millones de vehículos contaminantes en los próximos 50 o 60 años. Las empresas son las que lo tienen que hacer. Pero esas compañías necesitan generar suficientes ingresos para, al menos, tener flujo de caja, asumiendo que los Gobiernos podrían echar una mano, o 2, o 3, o unos pocos miles de millones, para generar beneficios.

Pero eso es lo complicado de los sueños. Luego tienes que despertarte. Incluso de los que no quieres que terminen.
 

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