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Laura Soucek, la investigadora que se lanzó a emprender para acabar con el cáncer: "Hay muchos tratamientos que aspiran a cronificar el cáncer, pero yo quiero erradicarlo"

Laura Soucek y Marie Eve
Marie-Eve Beaulieu (izquierda) y Laura Soucek (derecha), cofundadoras de Peptomyc. Vall d'Hebron Instituto de Oncología
  • Laura Soucek era una estudiante en prácticas cuando se obsesionó con inhibir Myc, la proteína responsable de la proliferación descontrolada de las células en el cáncer. 
  • La investigadora del Instituto de Oncología del Vall d'Hebron y fundadora y CEO de la startup Peptomyc explica a Business Insider España cómo ha sido su viaje de décadas al corazón del cáncer para dar con una cura contra la mayoría de tipos de esta enfermedad.
  • Superando el escepticismo que había en el propio mundo científico y asumiendo el papel de emprendedora cuando fue necesario, Soucek ha conseguido un fármaco que empezará ensayos en humanos en 2021 y que podría revolucionar la lucha contra el cáncer. 
  • "Sé que hay muchos tratamientos que aspiran a cronificar el cáncer, pero yo quiero eliminarlo", dice.
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"Pelos de punta". Así recuerda Laura Soucek el momento en el que se dio cuenta de que el tratamiento contra el cáncer que estaba probando en ratones no solo reducía los tumores, sino que acababa con ellos por completo. 

La investigadora del Instituto de Oncología del Vall d'Hebron y fundadora y CEO de la startup Peptomyc explica a Business Insider España cómo ha sido su viaje de décadas al corazón del cáncer para dar con una cura contra la mayoría de tipos de esta enfermedad. 

El lema que ha guiado la carrera de Soucek puede leerse en su biografía de Twitter: "El cáncer será derrotado un día y quiero estar allí para verlo". No es demasiado optimista pensar que lo va a lograr. 

Soucek, italiana de nacimiento, era una estudiante en prácticas cuando se obsesionó con la cura contra el cáncer y, en concreto, con la proteína Myc. 

Myc participa en la transcripción de muchos genes involucrados en la regeneración y en la división celular, y la investigación del cáncer ya había arrojado suficiente evidencia del papel que jugaba en la proliferación descontrolada de células en la mayoría de tipos de cáncer.

En las palabras sencillas de quien está acostumbrada a explicar de forma clara procesos complejos, Soucek lo describe así: "En los tejidos sanos, Myc se enciende y se apaga como un interruptor. En las células cancerígenas, Myc está siempre expresada".

Es decir, el interruptor está siempre encendido, por lo que a la joven investigadora le pareció "lógico inhibirlo".

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Apagar Myc: el gran desafío de Soucek 

Dicen que la ciencia no conoce límites, pero no todos los científicos deben creer en ello. Desde el momento en el que Soucek se decidió a inhibir Myc, recibió los primeros "eso no se puede hacer" que marcarían el resto de su carrera.  

Lo cierto es que los desafíos de "apagar" Myc eran variados. Por un lado, la proteína está en el núcleo celular, por lo que cualquier intento de llegar a él debería atravesar primero una doble barrera. Además, cambia de forma todo el tiempo, por lo que era como "intentar buscar una llave para una cerradura que se transforma", explica Soucek. 

La investigadora decidió atacar primero uno de los potenciales problemas más severos: al estar también en células sanas, inhibir Myc podría tener unos efectos secundarios desastrosos. Sin embargo, Soucek se encontró con que esa hipótesis no se había puesto a prueba. 

Para solucionar el problema de la estructura cambiante de Myc, la investigadora se centró en la pareja de baile que la proteína utiliza para unirse al ADN y llevar a cabo su actividad: Max. 

"Myc forma pareja con Max y, en ese momento, una parte adopta una estructura definida", asegura Soucek. Así nació la idea de Omomyc: un falso Max que engañaba a Myc, se unía a él forzándolo en una estructura permanente e impedía la unión con el ADN y, por tanto, la proliferación descontrolada. 

Aquí llegaron las primeras buenas noticias. Las células enfermas se morían y las sanas simplemente ralentizaban su actividad. Sin embargo, la investigadora tenía que probar su idea en animales.

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El momento decisivo: probando Omomyc en ratones 

La siguiente fase de la investigación la llevó a Estados Unidos y, en el laboratorio de Gerard Evan, se dispuso a demostrar que Omomyc era lo que estaba buscando. 

"Gerard Evan es una de esas personas inspiradoras que marcan tu carrera", asegura la científica. "Me dijo que siguiera mi instinto", recuerda. 

Y eso hizo. Utilizó ratones modificados genéticamente con Omomyc, que se "activaba" al administrarles un antibiótico. El primer respiro de alivio vino cuando se comprobó que la modificación no afectaba a los animales. 

Sin embargo, el momento que le quitó el aliento a la investigadora llegó cuando los tumores de los ratones enfermos de cáncer de pulmón empezaron a disminuir a los tres días y acabaron por desaparecer. 

Soucek había aspirado, en un principio, a bloquear el crecimiento de los tumores, pero el hecho de que Omomyc consiguiera hacerlos desaparecer por completo fue un momento decisivo en la carrera de la investigadora. 

En 2008, tras más de 10 años de investigación y varios artículos sobre su trabajo, Nature publicaba el artículo de Soucek en el que se hacía eco del potencial de inhibir Myc en la lucha contra el cáncer. 

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El reto de convertir Omomyc en un fármaco: así nace Peptomyc 

A pesar del éxito en ratones modificados genéticamente, Soucek descartó la posibilidad de utilizar la terapia génica. "Nos enfocamos en convertir Omomyc en un fármaco que actuara igual que lo hacía como gen", apunta. 

De nuevo, llegaron los "eso no se puede hacer", ya que se le advertía de que Omomyc nunca funcionaría como fármaco porque sería demasiado grande.

Sin embargo, Laura Soucek tenía un as en la manga: el conocimiento de la científica Marie-Eve Beaulieu sobre proteínas recombinantes con el que lograron asegurarse de convertir  Omomyc en un fármaco que podía atravesar la barrera celular y cumplir su función. 

Junto a Marie Eve Beaulieu, Soucek fundó Peptomyc para acelerar la investigación con Omomyc. "En investigación se hacen verdaderos milagros para conseguir financiación, como empresa ha sido más fácil", asegura. 

Entre fondos públicos y privados, la startup ha conseguido más de 9 millones de euros en financiación. Entre algunos de sus principales inversores se encuentra lta Life Sciences y Healthequity. También ha recibido apoyo de la Unión Europea, especialmente gracias al trabajo de aceleración de EIT Health

De cara al futuro, Soucek no descarta que una compañía farmacéutica entre en juego y reconoce que ha recibido muchas muestras de interés, ya que actualmente no hay ningún otro inhibidor de Myc tan avanzado. 

Y es que Omomyc, ya listo para empezar ensayos en humanos en 2021podría ser una auténtica revolución en la lucha contra el cáncer. 

Tal como explica esta publicación en Science, el fármaco ha demostrado su capacidad de llegar al núcleo, inhibir a Myc reducir los tumores sin efectos secundarios. Todo aquello que, supuestamente, era imposible de hacer. 

"La maravilla es lo opuesto de la medicina personalizada", señala Soucek. Un fármaco para la mayoría de tipos de cáncer nada a contracorriente en medio de las tendencias que se han ido consolidando y que apuestan por las terapias a medida. 

Además de inhibir a Myc para evitar la proliferación descontrolada, Omomyc consigue retirar "la capa de invisibilidad" que tienen las células tumorales gracias a Myc y que las ocultan del sistema inmunitario. Eso lo convierte en un candidato perfecto para combinarse con las inmunoterapias contra el cáncer. 

El fármaco puede administrarse tanto de forma intranasal como intravenosa. 

La investigadora sabe que el tratamiento contra el cáncer no suele realizarse desde un único frente, por lo que era muy importante no agravar los efectos secundarios que sufren los pacientes por las terapias. 

"Cuando se empieza a probar un tratamiento nuevo, no se retiran los demás", explica, sino que se van añadiendo. Precisamente por eso, se enorgullece de que, con Omomyc, "no añadimos toxicidad". 

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Con los ensayos en humanos a la vuelta de la esquina, Soucek está impaciente 

Las primeras fases de los ensayos estarán enfocadas a pacientes con cáncer de pulmón. En la fase III, si todo va bien, incluirá otros tipos de cáncer como el de mama o el de colon.

Para alguien que lleva décadas dedicada a una investigación en la que poca gente creía, la posibilidad de empezar ensayos en humanos en 2021 debería ser un tiempo que pasa en un suspiro.

Sin embargo, Soucek está impaciente. La lucha contra el cáncer no se libra sólo en laboratorios y la científica ha tenido mucho contacto con la enfermedad. 

"Los pacientes de cáncer, incluso aunque lo hayan superado, viven siempre con miedo", reflexiona. "Sé que hay muchos tratamientos que aspiran a cronificar el cáncer, pero yo quiero erradicarlo", asegura.

"Quiero eliminar el miedo". 

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