Me contagié de COVID-19 estando embarazada después de meses de estricto aislamiento y mi caso sigue siendo un misterio médico

Hayley Peterson.
  • Pasé meses aislándome estrictamente antes de dar positivo en la prueba del coronavirus en junio, cuando estaba embarazada de 19 semanas. 
  • Desde entonces, he luchado por entender el misterio de mi infección. 
  • Ahora me cuento entre los afortunados supervivientes de este virus, pero siento poco alivio a largo plazo. 
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Realmente creía que con suficiente desinfectante y aislamiento social, podría evitar el coronavirus

Así que durante meses me mantuve alejada de la gente, me lavé las manos constantemente y me limpié todo lo que estaba a la vista. Incontables veces me senté en mi porche con guantes amarillos de neón puestos hasta los codos, y sistemáticamente desempaquetaba y desinfectaba los alimentos antes de meterlos a mi casa completamente desinfectada. Una vez dentro, limpiaba mis productos frescos con agua jabonosa y luego los enjuagaba.

Durante este tiempo, rara vez salía de mi casa. Cuando me aventuraba a ir a una cita con el médico o para recoger comida en la acera, siempre me ponía la mascarilla. Nunca puse un pie dentro de una tienda o un restaurante. 

Mi esposo, mi hijo de 2 años y yo estuvimos expuestos a solo otras 3 personas regularmente para el cuidado de los niños. Todas estas personas tomaban precauciones similares contra el virus y ninguna de ellas era la fuente de mi infección (todas dieron negativo posteriormente). 

Desarrollé estos estrictos sistemas de cuarentena porque estaba aterrorizada por el virus. Descubrí que estaba embarazada al principio de la pandemia y, en ese momento, —como desafortunadamente sigue siendo el caso hoy en día— los médicos tenían poco conocimiento sobre los efectos del virus en los fetos y el embarazo

Pero había leído suficientes historias anecdóticas horribles de nacimientos prematuros en madres infectadas por el COVID-19, mujeres separadas de sus bebés al nacer para evitar la infección y signos de que el virus atraviesa o daña la placenta como para no estar preocupada.

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Fue entonces cuando mi prueba de COVID-19 dio positivo.

Nunca pases por alto los síntomas leves o creas que no representas una amenaza para los demás

Me desperté una mañana de junio con dolor de cabeza y dolor de los senos nasales, así que fui al médico. Me diagnosticaron una infección sinusal y me recetaron un antibiótico. Pregunté sobre el COVID-19 y el doctor dijo que casi no había posibilidad de que tuviera el virus.

La tasa de infección eran relativamente baja en mi área de Virginia (EEUU) y no tenía conocimiento de ninguna exposición a nadie que se sintiera enfermo. La doctora dijo que solo había visto un caso positivo en las 2 semanas anteriores de pruebas a los pacientes. Además, seguía teniendo mi sentido del olfato y del gusto, y no tenía tos ni fiebre alta, que son los síntomas más comunes del virus, dijo. 

Pedí una prueba de COVID-19 de todos modos por una cuestión de precaución.

Después de 2 días, mi marido tuvo un fuerte dolor de cabeza y fiebre leve. Visitó al mismo médico y también le dijeron que era muy improbable que el COVID-19 fuera la causa de sus síntomas. Nos tranquilizó la certeza del doctor de que lo que teníamos no era el coronavirus.

Cuando pasaron 5 días completos después de haberme hecho la prueba del coronavirus, mis resultados fueron positivos.

Como era de esperar, nos sorprendieron. Las horas y días siguientes fueron una mezcla de terror, ansiedad y confusión total.

Para entonces, había pasado meses absorbida por las noticias del COVID-19 por mi trabajo como periodista. Lo que se había convertido en mi mayor temor durante esos meses había roto silenciosamente todas mis defensas y nos había infectado y estaba potencialmente perjudicando a mi hijo no nacido.

Por mi propia investigación, sabía que si mis niveles de oxígeno en la sangre bajaban, un problema común en los casos graves de COVID-19, mi bebé estaría en grave peligro. Él depende de esto para sobrevivir, e incluso un par de horas de oxígeno bajo puede causar serios problemas.

No era nada tranquilizador que mis síntomas hubieran sido hasta ahora algo leves. El coronavirus es muy impredecible y con frecuencia los pacientes pueden empezar a sentirse mejor antes de terminar hospitalizados con respiradores. Algunos pacientes incluso han sufrido "hipoxia silenciosa", lo que significa que sus niveles de oxígeno en la sangre han bajado a niveles peligrosos sin que ellos lo sepan.

Estos temores me atenazaban día y noche, mientras controlaba compulsivamente mis niveles de oxígeno con un oxímetro de pulso. Al mismo tiempo, trataba de cuidar de forma segura a mi niño pequeño y protegerle de la fatiga debilitante y los ataques de pánico que me golpeaban sin previo aviso. 

Durante la enfermedad, también me torturó la posibilidad de que pudiéramos haber infectado a las 3 personas que veíamos regularmente para el cuidado de los niños. Afortunadamente, ese miedo se desvaneció después de que descubrimos, tras una semana de espera de los resultados, que todos dieron negativo.

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Otro momento de consuelo llegó cuando finalmente pude hacerme una ecografía de mi bebé, donde supe que parecía estar desarrollándose por buen camino. Mi cita se retrasó 3 veces después de que terminara mi cuarentena de 14 días por COVID-19, ya que mis doctores  —que aún no habían tratado a una paciente con positivo en mi etapa de embarazo— se esforzaron por decidir cuándo se sentirían cómodos al verme. Esta espera fue insoportable.

Mi marido y yo nos contamos ahora entre los afortunados supervivientes de este virus pero sentimos poco alivio a largo plazo. Todavía hay muchas incógnitas sobre si nos enfrentaremos a impactos a largo plazo y ya temo la reinfección dadas las recientes noticias sobre la corta vida de los anticuerpos del COVID-19 que proporcionan inmunidad. También me enteré recientemente de que un bebé infectado con el coronavirus en el útero nació con una inflamación en su cerebro. Me obsesiona lo poco que sé sobre cómo este virus afectará a mi hijo no nacido. 

Pero espero que nuestra historia sirva como un claro recordatorio de nunca pasar por alto los síntomas leves o creer que no representas una amenaza para los demás porque has estado alerta. La investigación muestra que este virus puede afectar a todos nuestros órganos principales y sabemos que puede matar. Pero incluso si sobrevives, incluso si no tienes ningún síntoma, los científicos simplemente no tienen suficientes datos para saber si el daño que inflige será permanente.

Lo que es seguro es que el misterio de nuestra fuente de infección nunca se resolverá.

¿Exhaló un corredor infectado sobre mí mientras salía a caminar? ¿Lo contrajimos a través de la contaminación superficial del correo, que los expertos han considerado una fuente de infección poco probable

Nunca lo sabremos. 

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