Me he puesto una paga a mí misma a mis 30: ha sido infinitamente menos estresante que tener un presupuesto cerrado

Jen Glantz.

Cortesía de Jen Glantz

  • Solía controlar al detalle mis gastos mensuales en diversas categorías.
  • Pero la realidad es que mis ingresos y mis gastos fluctúan tanto que el presupuesto termina siendo un motivo de estrés.
  • Ahora lo que hago es ver cuánto gasto en total cada semana.

Cuando empezó la pandemia, me di cuenta de que necesitaba dedicar tiempo de calidad a mis finanzas

Tuve que reorientar partes de mi trabajo como autónoma en el negocio de las bodas, porque muchos clientes estaban posponiendo sus celebraciones o no necesitaban mis servicios. También tuve que ser un poco más creativa para corregir mis gastos y ahorros debido a una caída importante de mis ingresos.

Fue entonces cuando, por primera vez en mi vida, decidí tomarme en serio lo de crear un presupuesto mensual realista y cumplirlo a rajatabla. Calculaba meticulosamente cuánto podía gastar cada mes en las distintas categorías de mi vida, desde la compra hasta las actividades, pasando por la ropa y los artículos básicos de mi perro.

Aunque he estado 2 años siguiendo estrictamente el presupuesto, ya creo que es demasiado restrictivo para mí. Por eso, a principios de 2023, me he planteado hacer algo diferente. En vez de fijarme un objetivo de gasto para las diferentes categorías de mi vida, me estoy centrando en cumplir objetivos de ahorro semanales. Así es como lo he estado haciendo hasta ahora.

Fijo un objetivo de ahorro semanal

Como empresaria autónoma, mis ingresos mensuales fluctúan mucho y dependen del número de clientes nuevos que consiga y de los productos que venda. 

Para fijarme un objetivo de ahorro realista, lo que hice fue sacar la media mensual de ingresos del año pasado y la utilicé como referencia para este. Luego, cogí esa cifra de ingresos mensuales y calculé que podía ahorrar al menos un tercio cada mes.

 

Me he fijado un objetivo de ahorro cada semana. Por ejemplo, si mis ingresos mensuales son 5.000 dólares, voy a ahorrar 1.666 dólares cada mes, por lo que, a la semana, debería ahorrar 416 dólares.

Como mis ingresos llegan a mi cuenta bancaria, empezaría la semana cogiendo 416 dólares y pasándolos a una cuenta de ahorros llamada "ahorros semanales", de modo que ya estuvieran reservados y separados del resto de mis ingresos, que se gastarían en facturas, alquiler y otros gastos a lo largo del mes.

Me doy una paga a mí misma

También establezco un límite de gasto semanal para saber, en general, cuánto puedo gastar en todas las categorías de mi vida. Lo veo como una paga, y si me paso una semana, me doy menos para gastar la siguiente. 

Así me aseguro de mantener mi objetivo de ahorro del mes y, al mismo tiempo, establecer un límite de gasto que me permita mantener el control de mis finanzas, pero sin limitar cuánto puedo gastar en cada categoría de mi vida.

 

Decidí hacer esto porque, cuando seguía un presupuesto, algunos meses no gastaba nada en una categoría y necesitaba más dinero en otra. En vez de ampliar mi partida para gastar en comida y sacar ese dinero del presupuesto de ropa, por ejemplo, luchaba por comprar una determinada comida para no pasarme de mi presupuesto.

Ver los gastos y los ahorros de esta manera me permite saber de cuánto dispongo cada semana y luego deducir los gastos a partir de esa cantidad asignada uno a uno. Puedo permitirme gastar el dinero según lo necesite, no en función de una cantidad fija por categoría. Esto me da más libertad y menos restricciones a la hora de gastar cada mes, sin abandonar mi objetivo de ahorro.

Reviso los gastos al final de la semana

Al final de cada semana, hago un seguimiento de mis gastos para saber cuánto dinero necesito para cubrir los gastos corrientes del mes. Así determino mis límites de gasto para la semana siguiente. 

Si veo que tengo una semana en la que gasto más dinero de lo habitual, tomo nota mentalmente de reducir el gasto (siempre que pueda) la semana siguiente. Es la única forma de comprometerme con mi objetivo de ahorro semanal.

 

Cuando tenía un presupuesto, lo hacía por categorías, y eso me mostraba en qué áreas tenía que recortar (por ejemplo, algunas semanas me daba cuenta de que gastaba demasiado en la categoría de comida a domicilio). 

Pero mirar mis gastos a un nivel más global me permite no recortar sólo en una categoría y ser un poco más estratégica sobre los patrones generales de gasto, mientras soy realista sobre las necesidades de la semana que tengo por delante.

Con esta estrategia en marcha ya desde enero, puedo decir que he sido capaz de mantener mi objetivo de ahorro y, al mismo tiempo, controlar y moderar mis gastos para satisfacer mi estilo de vida y mis necesidades semanales.

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