Esta pareja compró un castillo por puro capricho para convertirlo en un Airbnb de lujo: así lo han hecho

Simon Hunt y Steff Burgon.
Simon Hunt y Steff Burgon.

Simon Hunt y Steff Burgon

En enero de 2014, Steff Burgon, que en aquel momento ejercía como presentadora de radio en Reino Unido, vio en un periódico un anuncio de un castillo en Escocia que le llamó inmediatamente la atención. 

"Decía que se podía comprar un castillo escocés por el precio de un aparcamiento en Londres", cuenta a Business Insider

Burgon y su marido, Simon Hunt, director creativo australiano, acababan de regresar a su casa de Dubai (Emiratos Árabes Unidos) de un viaje por carretera de 3 semanas por Escocia, y echaban de menos sus verdes colinas y lagos.

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"Nos preguntamos por qué no llamar al agente inmobiliario", cuenta Burgon. A partir de ahí, dice, la cosa se fue descontrolando.

Después de pedir una hipoteca y completar el papeleo, compraron un castillo de cuento de hadas, Kilmartin, en Argyll, Escocia, en mayo de 2015 por 463.000 dólares. "Nuestros amigos nos dijeron que no lo hiciéramos y eso nos dio más ganas de hacerlo", cuenta Hunt. 

He aquí la historia de cómo convirtieron aquella ruinosa finca en un galardonado alojamiento.

Abandonar su trabajo para renovar un castillo

Castillo de Kilmartin

El castillo, del siglo XVI, llevaba 10 años vacío cuando dieron con él, explica Burgon. Cuando lo vieron por primera vez, el agua corría por la parte trasera de la chimenea y los cuadros colgados parecían haberse fundido con las paredes. 

Pero la pareja no se dejó intimidar. "Parecía sucio, pero me pareció que lo único que necesitaba era una mano de pintura", explica Burgon.

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Se tomaron tres semanas de vacaciones y volvieron a Escocia para ayudar a darle un lavado de cara. Mientras, organizaron a los albañiles para que arreglaran las goteras del tejado. 

Una vez terminada la tarea, al final del verano, pusieron el renovado castillo en Airbnb por 379 dólares la noche. Contrataron a un gestor local y al instante recibieron reservas, explican.

Steff Burgon, durante los trabajos de reforma del castillo.

"Viajábamos mucho y nos alojábamos en un montón de Airbnbs extravagantes. Éramos grandes fans de la empresa", cuenta Burgon. 

"No lo anunciamos en ningún otro sitio", explica la pareja. Pero cada mes que pasaba llegaban cada vez más facturas por los trabajos de mantenimiento de un castillo que seguía estando en no muy buenas condiciones.

La pareja decidió entonces ahorrar todo lo que pudiera, dejar sus respectivos trabajos en Dubái y gestionar a tiempo completo el castillo como un alojamiento para dormir y desayunar. 

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Dejaron sus trabajos en el verano de 2018, viajaron por Europa y llegaron a Escocia en enero de 2019 dispuestos a hacer de la renovación del castillo su nuevo empleo

Esta vez, en lugar de hacer trabajos puntuales, hicieron una remodelación completa. La casa de tres dormitorios con una ducha se convirtió en 5 dormitorios en suite con 3 baños. El castillo entero se alquila ahora por unos 2.200 dólares la noche, algo más de 2.000 euros.

"Yo lo llamaría una restauración más que una renovación, ya que redujimos a los huesos el edificio y lo reconstruimos a partir de ahí", explica Hunt.

Una de las habitaciones del castillo de Kilmartin, donde la cama está bajo un techo de piedra vista con doble bóveda que sigue en pie desde 1550.

Ninguno de los dos había llevado a cabo nunca antes una obra de estas características. "Lo máximo que había hecho era lijar una escalera", recuerda Burgon. 

Pero estaban decididos. No lo tuvieron fácil, ya que también tuvieron a un cámara siguiéndoles durante las reformas para un programa de televisión del Reino Unido llamado The Great Hotel Escape.

Hunt colabora en las labores de renovación del castillo.

Hunt y Burgon contrataron a un arquitecto y a un equipo de constructores, pero para ahorrar costes, la pareja trabajó gratis como peones de obra

Mientras los constructores hacían el trabajo especializado, ambos llevaban a cabo tareas como subir las bañeras de cobre por las escaleras de caracol y cargar las vigas del techo al último piso. 

"Los constructores se marchaban por la noche y decían: 'Tenéis que recoger la basura del último piso y llevarla al vertedero'", rememora Burgon. 

"Así que la tirábamos por la ventana, la metíamos en la autocaravana y la llevábamos hasta allí. Luego teníamos que limpiar la autocaravana para poder dormir en ella. Eran días interminables para nosotros".

YouTube se convirtió en un recurso para consultar todo lo que no sabían sobre la obra que estaban acometiendo. En ese tiempo, el mayor trabajo que emprendió la pareja fue levantar las losas originales de la planta baja. 

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Tardaron seis semanas en desenterrar aquellas difíciles piedras para poder colocar debajo el aislamiento y la calefacción.

Durante los 10 meses que duró la obra, tuvieron que hacer frente a numerosas desgracias, incluida una inundación a mitad del proyecto porque no había drenaje alrededor del castillo. 

Además, no todas las compras para la remodelación del castillo llegaron enteras. Rápidamente tuvieron que renunciar a la idea de poder colocar una caja de azulejos cuando vieron que todos ellos se estrellaban contra el suelo en mitad de un traslado.

Pero las catástrofes se convierten a menudo en momentos memorables. En una ocasión, cuando parecía que iban a tener que recurrir a puertas cortafuegos de aspecto moderno para cumplir la normativa contra incendios, un equipo de artesanos que construyó las puertas del castillo de Disneyland París se ofreció a fabricar piezas de aspecto más auténtico. 

"Nos pasamos mucho del presupuesto", dice Burgon. "Queríamos incorporar elementos y accesorios que resistieran el paso del tiempo".

Hacer frente a los cierres por pandemia

Recibieron a sus primeros huéspedes tras la renovación en un acogedor castillo lleno de toques de lujo. Pero tres meses después de reabrir el castillo, el covid golpeó y tuvieron que volver a cerrar.
"Estuvimos 7 meses encerrados sin poder salir", explica Burgon.

En lugar de dejarse llevar por el pánico, decidieron acelerar sus planes. "Los bancos nos dieron un respiro, y el Gobierno nos dio suficiente dinero para sobrevivir", comenta Hunt.

También solicitaron un préstamo de recuperación que el Gobierno británico ofreció a las pequeñas empresas durante la pandemia. Estas podían pedir prestados hasta 63.000 dólares a un tipo de interés bajo. "Hicimos nuestro plan de 10 años para el castillo en apenas 2 años", comenta Hunt.

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No podían recibir a ningún huésped durante la cuarentena, pero sí podían trabajar en su jardín. Así que encargaron a un paisajista de la Chelsea Flower Show que creara el jardín de sus sueños.

"Cuando se entraba en el castillo, había un gran campo pantanoso que no se podía cruzar con zapatos normales", dice Burgon. 

"Ahora hay un huerto con manzanos y perales, un césped elevado, una hoguera y un estanque de peces". 

Un estanque en el castillo de Escocia.

También crearon un huerto donde cultivan los mismos productos que sirven en el desayuno

"Hacemos chutneys caseros (variedad de especias dulces y picantes que proviene de la India) que ponemos en el menú del desayuno", comenta Burgon. "Servimos masa madre, labneh y remolacha asada del huerto con pistachos y miel de azafrán".

Simon Hunt, en el jardín de su castillo en Escocia.

Los huéspedes han vuelto. Lo han hecho hasta el punto de que la pareja dice que la ocupación actual se acerca al 90%

Desde el relanzamiento, el castillo ha llamado la atención por ejemplo de un director de cine de Hollywood que lo reservó para su familia en Nochevieja. 

Ese fue un gran momento para la pareja, al igual que también lo ha sido ganar recientemente un premio por ser la propiedad más atractiva de Reino Unido en los Eviivo, que se consideran los Oscar de los hoteles independientes.

Un trabajo satisfactorio y lucrativo

El recibidor del castillo en Esoccia.

Aunque su presupuesto inicial para las reformas era de 125.000 dólares, Burgon y Hunt afirman que acabaron gastando 521.000 dólares. Para ellos, ha merecido la pena. "Ahora ganamos más que lo que ganábamos en nuestras respectivas empresas", calcula Burgon.

"Nos sentimos como si hubiéramos estado trabajando de aprendices de constructores de un castillo", resume Hunt. "Siento que ahora podríamos hacer otro proyecto casi por nuestra cuenta gracias a lo que hemos aprendido".

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Hoy, cuando no están preparando el desayuno para sus invitados o sirviendo bandejas de vino y queso, pasan el día paseando por las laderas escocesas o dando un paseo en barco por la costa. 

"Uno de mis momentos favoritos es el desayuno, cuando la gente se reúne alrededor de la mesa", dice Burgon. "Eso es lo mejor: oír las risas y ver cómo el castillo cobra vida".

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