España es clave para acortar la cadena de suministro en Europa: "La combinación de la ubicación geográfica, las infraestructuras y los conocimientos logísticos son una oportunidad"

Jóvenes transportan una bandera de España firmada en un acto político.

REUTERS/Eloy Alonso

El mundo va camino a dividirse en grandes áreas comerciales óptimas, lideradas por las 2 economías más grandes del planeta. Europa, que siempre ha querido tener lo mejor de ambos mundos, mira ahora hacia Estados Unidos.

España, en concreto, está en un lugar estratégico para la reestructuración. El país cuenta con una localización ideal como puerta al Mediterráneo, un centro para la distribución terrestre en el Viejo Continente y una importante red de tráfico aéreo a América del Sur, apunta en una entrevista con Business Insider España Gonzalo de Oña, managing director de Estrategia en Accenture.

"Los cambios que se están produciendo ?esa idea de que vamos a cadenas de producción más cortas? nos pueden favorecer", defiende la catedrática de Economía Aplicada y premio de Investigación e Innovación Rosario Gandoy, quien cree que España debería aprovechar las tradicionales buenas relaciones con otras economías.

"Lo tenemos que ver como una oportunidad", insiste. 

El acercamiento de la producción va a garantizar que tengamos lo que necesitamos. Pero, lejos de ser barato y fácil, este proceso nos va a hacer vivir peor, porque los costes de producción, la resiliencia, la sostenibilidad y la transición ecológica no se pueden quedar atrás.

"Las empresas ahora están pagando el enfoque puro precio en el que se han basado durante mucho tiempo. Tenían el proveedor más barato estuviera donde estuviese. Pero ahora el puro precio no vale. Y están pagando el no haber contado con proveedores alternativos y los riesgos de la cadena", cuenta en una entrevista con Business Insider España Rosario Piazza, CEO de Fullstep.

La pandemia no es la razón por la que las empresas tendrán que pagar más por lo mismo: qué ha pasado en 40 años de cadenas globales de valor que ahora nos hará "vivir peor"

El sistema productivo español reacciona mejor de lo que se suele pensar y de lo que los actores son capaces de prever, según el catedrático de Economía Aplicada, José María Serrano Sanz, investigador en el equipo Sector Exterior e Integración Monetaria (SEIM) de la Universidad de Zaragoza.

"Cuando España entró en la Comunidad Europea en el año 1986, los economistas no dejábamos de hacer pronósticos negativos sobre lo que iba a pasar con la industria española en Europa. Pensábamos que nos íbamos a desindustrializar. Y no, no ha pasado. No sólo eso, sino que tenemos superávit comercial de productos industriales con la Unión", cuenta el experto.

Aunque los datos oficiales aún están desactualizados y se desconocen los efectos de la guerra comercial en los flujos de comercio en España, Oña coincide con Serrano Sanz en que el sector ha demostrado capacidad técnica para afrontar cambios y mejoras

"No podemos hablar con mucha seguridad, pero sí que podemos ver en los flujos del comercio que las exportaciones españolas se han comportado muy bien. Y que lo siguen haciendo. Han ido creciendo a muy buen ritmo respecto a las de otras economías", añade Gandoy.

En esta misma línea, cabe destacar que, desde incluso antes de la pandemia del COVID-19, ya se tornaba un comercio más regional, tanto en la participación hacia delante, como hacia atrás, en los eslabones de la cadena global de valor (el mecanismo que mueve la producción internacional).

El país ha aumentado sus acuerdos preferentes con socios europeos en detrimento de los establecidos con países del resto del mundo. La participación con este grupo llegó a estar por encima del 70%. Y ya en 2020 está por debajo del 30%. Los principales socios son también las potencias europeas más importantes y los vecinos europeos más cercanos: Francia, Alemania, Italia y Portugal.

Sin embargo, shocks económicos como la guerra de Rusia en Ucrania plantean nuevos riesgos, porque "es muy difícil sustituir el puesto de un país como Ucrania, el granero de Europa", dice Piazza. "España se está viendo gravemente afectada, sobre todo a nivel de precios, que se están incrementando exponencialmente por la falta de productos que no llegan a nuestro país", añade.

Las infraestructuras y los conocimientos logísticos, el oro

La ubicación geográfica no está sola. La oportunidad realmente viene por la combinación de la localización, la existencia de infraestructuras y el campo de conocimiento logístico de trabajadores y empresas, explicita Oña.

"Eso, combinado con una buena formación de la mano de obra y unas buenas infraestructuras, nos puede favorecer dentro del conjunto europeo", añade la experta en cadenas globales de valor.

Sobre todo, gracias a la posición de periferia de los países del Este y los salarios "sustancialmente menores" de los españoles en comparación con los trabajadores del centro de Europa:

"Cuando esa brecha salarial va cerrándose, los motivos laborales dejan de tener tanto peso. Y, mientras se imponen tasas medioambientales en las fronteras, cada vez es más importante la cercanía al mercado. Por eso, esta situación puede ser una oportunidad para España, porque puede favorecer ese acercamiento", apunta Gandoy.

El problema está en que aún quedan por identificar las industrias e invertir en la formación de la mano de obra. 

"Muchas industrias están trabajando decididamente en cadenas más competitivas en costes. Aunque el país debería tener entre sus principales objetivos cambiar el modelo productivo, que ya no sea tan basado en servicios y que tenga un mayor componente de la parte industrial", señala Iker Barricat, director general de Adecco en España, en una entrevista con Business Insider España .

De acuerdo con los datos del Asian Development Bank (ADB), España tiene una participación muy importante en el sector de Equipos de transportes en las cadenas globales de valor. Le sigue la especialidad en Sustancias y productos químicos. Y, aunque en los últimos años ha reducido su participación, también Metales básicos y metales manufacturados.

"Tendremos que apoyar esa mejora en las cualificaciones y en la formación. Uno de los problemas que ha generado más críticas a todo el proceso de globalización y a las cadenas de valor es ese abandono que ha habido de la mano de obra, del mercado de trabajo. Si te llevas una planta y pierdes puestos, no puedes lavarte las manos y decir aquí 'no pasa nada'", critica Gandoy.

Barricat, al frente de una de las mayores empresas de empleo temporal del país, cree que la reforma por sí sola no va a poder atajar la brecha que hay entre la formación de la mano de obra y las ofertas de trabajo. Pero se necesitaría aún más formación para poder garantizar la estabilidad de los trabajadores fijos discontinuos y la flexibilidad que necesitan las empresas.

De momento, la tecnología también juega a nuestro favor

Según cuenta Oña, la analítica se está desarrollando para minimizar la pérdida de ingresos o de rentabilidad gracias a la anticipación ante situaciones de riesgo proveedor, falta de materias primas o restricciones en flujos logísticos.

"Estamos colaborando con múltiples empresas en definir estrategias de segmentación, desarrollar gemelos digitales que permitan evaluar múltiples escenarios de crecimiento, eficiencia, resiliencia, sostenibilidad y capacidad, así como en ayudarles a generar una mayor visibilidad o trazabilidad de lo que está ocurriendo de principio a fin en sus cadenas", especifica.

Aunque aún no hay estudios concluyentes, los que han cuantificado el efecto de la robotización sobre el comercio sugieren que está favoreciendo las exportaciones. En el caso de España, también las importaciones de bienes intermedios.

 

"Esa es otra manera de participar en las cadenas de producción", señala Gandoy. Aunque el comercio de insumos está más cerca de las etapas de ensamblaje que del consumidor final, que es donde se posicionan las economías más avanzadas ?y donde debería estar España?.

"Lo que pasa es que, con nuestro nivel de renta, ya no podemos ensamblar. Tenemos que ocuparnos de producciones más complejas. Ese es nuestro reto: innovación y facilitación para avanzar en la complejidad de nuestras producciones", sugiere la experta.

Hasta ahora, España había ido desplazándose en las cadenas de producción hacia la exportación de bienes intermedios a otras economías y hacia una mayor especialización de la cadena, visible en su presencia en los intercambios de intangibles: gestión, marketing y otros servicios para empresas. 

Además, los servicios en empresas se han comportado muy bien incluso a pesar de la pandemia, en la que los servicios turísticos han caído estrepitosamente ?hasta considerarse el peor año de la historia del turismo español?. 

"Los servicios a las empresas pueden ser también muy importantes a la hora de actuar como capital de reacción. Hemos ido ampliando nuestras exportaciones de productos intermedios, hemos intentado y hemos sido sobre todo a ensamblaje, pero es verdad que nos hemos ido moviendo en los últimos años (desde la pandemia) en esa dirección", señala.  

No obstante, dar un paso atrás a corto y medio plazo podría ayudar a impulsar el sector porque la industria genera muchos puestos de trabajo y tiene un efecto spillover, "que contagia al resto de sectores", sugiere la experta.

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