La pandemia no es la razón por la que las empresas tendrán que pagar más por lo mismo: qué ha pasado en 40 años de cadenas globales de valor que ahora nos hará "vivir peor"

Una mujer trabaja en una fábrica.

REUTERS/Flavio Lo Scalzo

  • La producción mundial sufre una transformación sin precedentes para blindar la seguridad de suministro y pese al incremento de los precios.
  • Los peores efectos se han registrado tras la propagación de la pandemia, pero los riesgos venían acechando desde la crisis financiera de 2008. Como pronto.
  • Esto es lo que ha pasado en 40 años de cadenas globales de valor —el mecanismo que se llegó a considerar el paradigma de la producción internacional—, que hará que que a partir de ahora "vivas peor", según los expertos.
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La PlayStation 5 se lanzó al mercado el 12 de noviembre de 2020. Pocos (muy pocos) fueron los afortunados que pudieron hacerse esa Navidad con el último modelo de Sony Interactive Entertainment. Dos años después, la consola sigue siendo difícil de conseguir en todo el mundo y los retrasos en las reposiciones se mantendrán hasta 2023. 

Para devolver la normalidad al suministro, el fabricante necesita un semiconductor que se utiliza para la fabricación de coches, ordenadores y otros equipos electrónicos. La remesa de chips no está asegurada para ninguno de ellos, aunque dependan de esas piezas para sacar el producto al mercado.

Toshiba, que proporciona estos procesadores de potencia a TSM (Taiwan Semiconductor Manufacturing, por sus siglas en inglés), ha advertido de que es poco probable que la situación se normalice incluso en 2022

Con los parones y las restricciones que se impusieron durante los inicios de la pandemia, los retrasos en la fabricación de este tipo de chips se han convertido en la mayor evidencia de hasta qué punto es peligroso que la economía internacional dependa de un bien de alta especialización producido en un único rincón del mundo.

Sin embargo, a pesar del impacto de la propagación del virus, este tipo de disrupciones en el suministro no son fruto de la pandemia y se seguirán produciendo en los próximos años.

Como sucedió durante la crisis financiera de 2008 y, ahora, con la guerra de Rusia en Ucrania, el coronavirus tan sólo ha acelerado los efectos propagadores que tiene el mecanismo que mueve la producción internacional.

Este instrumento se conoce como cadenas globales de valor (CGV) y representa las etapas de la producción de un bien dividida entre diferentes países. A día de hoy, supone el 50% del comercio internacional y, hasta ahora, se consideraba el paradigma de la producción a gran escala.

La gran apuesta: una producción barata y especializada

Desde los años 80, los avances tecnológicos en el sector de los transportes, las telecomunicaciones, los acuerdos comerciales y la reducción de las barreras arancelarias permitieron la deslocalización de la producción a nivel mundial para producir más por menos

Las multinacionales, que tenían más poder y capacidad para invertir en nuevas infraestructuras más allá de sus fronteras, repartieron su producción por todo el mundo. Esto hizo posible que hoy puedas cambiar de móvil cada año o disponer de frutas exóticas fuera de temporada

Se llevaban sus centros de producción o llegaban a acuerdos comerciales con proveedores en países donde la mano de obra, los costes de producción y la obtención de materias primas eran muy baratos.

Hasta ahora.

Estos países se han ido convirtiendo en economías especializadas en producciones clave —como sucede con los semiconductores—, donde la entrada de inversión extranjera directa, la tecnología y los acuerdos comerciales han propiciado un crecimiento sostenido de las rentas. China, por ejemplo, era uno de ellos y hoy es la segunda economía más grande del mundo.

"La dependencia de China, que tenía un peso muy pequeñito en los mercados internacionales, ha ido aumentando y también la que tenemos de productos intermedios chinos. Esto es una vulnerabilidad para las economías occidentales", explica en una entrevista con Business Insider España, Rosario Gandoy, catedrática de Economía Aplicada y premio de Investigación e Innovación.

Básicamente, ya no sale tan rentable irse a fabricar a miles de kilómetros

Para más inri, los factores que impulsaron la creación de estas cadenas son los principales desaceleradores de su crecimiento.

El precio del transporte no había dejado de reducirse desde los años 70. Desde la propagación del coronavirus, los costes del porte, el combustible, la energía, la propia tecnología y la libertad de comercio están tensando los eslabones de la cadena. 

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Esta situación se ha agravado por la pérdida de control de las tendencias inflacionistas con la guerra de Rusia en Ucrania; el impacto del incremento de los costes laborales unitarios de las economías emergentes; y por la subida del precio de los bienes intermedios (los insumos con los que se fabrica el bien final, como la PlayStation).

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Las barreras arancelarias y no comerciales también se han incrementado en beneficio de un mayor grado de proteccionismo. El caso más evidente es el de la guerra comercial entre China y Estados Unidos, pero también lo es la salida de Reino Unido de la Unión Europea. Y las restricciones a las subvenciones a la exportación, a la concesión de licencias y a la contratación pública.

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En este escenario, este tipo de disrupciones no serán algo circunstancial

Los riesgos (im)previstos

Los problemas que podrían surgir por trasladar la producción a miles de kilómetros del mercado no eran desconocidos. Por esta misma razón, y por las necesidades de suministro, los actores llevan años reduciendo los eslabones de la cadena para estar más cerca de donde van a vender sus productos, señala Gandoy.

"Todo esto tiene su propia lógica, que es la lógica de la globalización", aclara el catedrático de Economía Aplicada, José María Serrano Sanz, investigador en el equipo Sector Exterior e Integración Monetaria (SEIM) de la Universidad de Zaragoza.

"No es un efecto de la crisis sanitaria, como no fue un efecto de la crisis financiera de 2008. Esos son aceleradores. Aunque es cierto que, cuando llega una crisis sanitaria y te das cuenta de que no puedes fabricar los antibióticos tú solo, el problema es más grande de lo que te imaginabas", señala.

"La necesidad de reorganizarse ya venía de un poquito antes y la de acortamiento de las cadenas también. La pandemia lo ha acentuado muchísimo porque cadenas más cortas son también cadenas más seguras en la medida en que tienen menos eslabones y, por lo tanto, se controlan mejor", coincide Gandoy.

La crisis de la cadena de suministro va a crear aún más caos en los próximos años, y esta vez podrás culpar al cambio climático de la subida de los precios

Estos riesgos se podían haber previsto, según la experta. Las cadenas generan una dependencia muy intensa entre los países. Eso significa que cuando ocurre algo en una de las economías, el efecto se traslada rápidamente a lo largo de la cadena afectando a las demás. 

"La menor diversidad de fuentes disminuye la resiliencia y una cadena más larga asume más riesgos que una más corta", explica a este medio Gonzalo de Oña, managing director de Accenture Strategy. 

Imagina que, como la PlayStation, tienes que ensamblar un coche

Si, para montarlo, necesitas pasar cada una de sus partes por una o más fronteras, un retraso podría demorar la entrega del modelo durante meses. Si el problema está en que falta una de las piezas imprescindibles para el funcionamiento del coche —que sólo se diseña en un país en concreto, como los microchips—, el modelo directamente podría no salir al mercado en años, con el consiguiente impacto para las empresas.

"Igualmente, parecía algo tan excepcional que no era fácil de ver", reconoce la experta. "Lo que ha hecho la pandemia es poner de manifiesto la necesidad de conocer mejor estas cadenas de producción".

En los inicios de la propagación del virus, por ejemplo, muchos creían que, como entre sus proveedores de primer orden no había ningún fabricante chino, no sufrirían las consecuencias de los cierres. Pero desconocían que sus propios proveedores muchas veces tenían un segundo o tercer abastecedor de procedencia china —y estos les harían sufrir igualmente las consecuencias de los cierres—.

Ahora lo más importante es tener productos pese al aumento de los precios

El replanteamiento de las cadenas globales de valor es inevitable para salvar las economías dependientes de la cadena de producción global, recuperar la competitividad dañada y asegurar el suministro —que es ahora mismo lo más importante, según los expertos—.

En adelante, veremos un acortamiento de las cadenas para evitar el efecto amplificador de la transmisión de shocks económicos. Pero el proceso es lento y costoso

"Uno habla de la seguridad, la seguridad y la seguridad, pero es importante transmitir también que avanzar hacia la resiliencia conlleva costes que probablemente se materializan en los precios", advierte Gandoy.

Este gráfico muestra cómo afecta la inflación al consumo por generaciones: los 'boomers' ahorran más en energía, los 'millennials' y los Z cancelan vacaciones y la generación X recorta en transporte

"Es un proceso caro. Como colectivo, nos va a hacer vivir peor, porque vas a tener el teléfono móvil un poco más caro que si se fabricase en China. Y no se hace de un día para otro. Pero nos vamos a asegurar de tener lo que necesitamos", explica Serrano Sanz.

"Cuando tú empiezas a ver que la seguridad en el suministro no está garantizada, empiezas a pensar que la seguridad vale más que el precio", añade.

Un informe de McKinsey concluyó que las empresas que tenían como objetivo recuperar la producción en 2020, cuando la pandemia cerró fábricas en todo el mundo, en 2021 habían optado por aumentar el inventario disponible e incluso unirse a rivales para activar instalaciones de respaldo de emergencia.

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Como consecuencia, se espera que los principales actores de las CGV contemplen mercados alternativos, productos sustitutivos, aumenten las existencias y recurran a nuevas tecnologías para la detección temprana de disrupciones en la cadena o para dar soluciones al incremento de los costes en las economías donde era más barato producir. 

"Estamos colaborando con múltiples empresas en definir estrategias de segmentación, desarrollar gemelos digitales que permitan evaluar múltiples escenarios de crecimiento, eficiencia, resiliencia, sostenibilidad y capacidad. Así como en ayudarles a generar una mayor visibilidad de lo que está ocurriendo de principio a fin (donde está la mercancía, stock en tránsito) en sus CGV", explica Oña.

Los expertos creen que se van a establecer en el mundo 2 grandes áreas comerciales óptimas, que compartan rasgos económicos y culturales. 

"El mundo probablemente va a reconfigurarse en grandes áreas económicas y grandes áreas comerciales porque ahora estamos descubriendo que lo único importante no es tener productos baratos, sino simplemente tener productos. Y, cuando interesa la seguridad, el mundo de la globalización pierde enteros", sugiere Serrano Sanz.

No es lo mismo que España dependa de Francia —que está también en la Unión Europea, que sigue las mismas normas y tiene instituciones comunes— que depender de China o de Rusia.

"Eso significa acercarnos más a los países vecinos y, probablemente, en ese mayor acortamiento de las cadenas de valor, contar más con los próximos y afines", vaticina Gandoy.

En este escenario, España tiene una oportunidad, gracias a la combinación entre su ubicación geográfica, la existencia de infraestructuras y el campo de conocimiento logístico de trabajadores y empresas. 

"España dispone de una localización óptima como puerta al Mediterráneo, como hub de distribución a Europa a nivel terrestre y tiene una importante red de tráfico aéreo de Europa a América del Sur", señala Oña, que cree que aún es demasiado pronto para hablar de 2 grandes bloques comerciales.

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