El impuesto global a las multinacionales que propone Joe Biden tendrá varios enemigos: pequeños países europeos que compiten con baja fiscalidad y que por ahora son conciliadores

Sede de Google en Dublín (Irlanda)
Sede de Google en Dublín (Irlanda)

REUTERS/Cathal McNaughton

  • El plan de un impuesto mínimo global a las grandes empresas propuesto por el presidente de EEUU Joe Biden ataca a países que han hecho de su baja tributación una ventaja competitiva, como Irlanda o Países Bajos.
  • Estos países ya hicieron caer un primer intento de 'tasa Google' de la Unión Europea en 2018, que Von der Leyen quiere aprobar este año si no hay acuerdo en la OCDE.
  • "Los países pequeños necesitamos la política fiscal para compensar las ventajas de escala, recursos y localización de los grandes", defiende el ministro de finanzas irlandés, Pascal Donohue.
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El presidente estadounidense Joe Biden ha propuesto a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) un plan para acordar un impuesto global a los beneficios de las grandes multinacionales, incluidas las tecnológicas estadounidenses, en función de la facturación que obtienen en cada país. 

El demócrata pretende que las grandes compañías paguen un mínimo del 21% o un 15% respecto a los beneficios de sus cuentas consolidadas, lo que supone un golpe para países como Irlanda, cuyo tipo efectivo de este impuesto es del 12% según la OCDE, Hungría, Chipre (10%) o Países Bajos (donde el tipo efectivo es del 22,6%, pero donde es más sencillo llevarse las ganancias a otros países, en lo que se conoce como sándwich holandés)

De entrada las primeras reacciones de estos fueron positivas. "Estamos a favor de un acuerdo que pueda dar estabilidad al escenario impositivo internacional", señalaron desde Dublín, según recoge el Financial Times, o reciben la iniciativa de Biden como "un paso adelante para encontrar soluciones globales", como opinó el secretario de estado de finanzas neerlandés, Hans Vijlbrief.

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No obstante, se espera que planten batalla. "Pocos países criticarán los planes para evitar la evasión fiscal. Pero cuando echen a andar las negociaciones veremos a varios países caminar en la dirección opuesta", opina en declaraciones al FT Tove Maria Ryding, responsable de políticas de Eurorad, una red de organizaciones no gubernamentales que investiga sobre la reducción de la pobreza.

De hecho, la negativa de los países nórdicos e Irlanda provocaron que fracasara el acuerdo europeo para una Tasa Google en 2018, que volvió a demorarse en 2020 en el seno de la OCDE, aunque la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen se comprometió a aprobarla este año incluso si no se producía un acuerdo. En esta pelea, la UE sufrió un verdadero varapalo cuando el Tribunal General de la Unión Europea anuló una decisión de la Comisión que exigía a Apple devolver 13.000 millones de euros en impuestos a Irlanda.

Un golpe duro para países como Irlanda

Un impuesto de sociedades armonizado al 21% o incluso al 15% supondría un duro golpe para economías como la irlandesa, que reclaman su independencia para mantener una política fiscal diferente.

"Los países pequeños como Irlanda necesitan poder utilizar la política fiscal como una forma legítima de compensar las ventajas de escala, recursos y localización que disfrutan los países grandes. Al mismo tiempo, admitimos que tiene que haber límites para asegurar una competencia justa y sostenible", opina el ministro irlandés de finanzas, Pascal Donohoe, según recoge el FT.

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Algunos expertos en el país consideran que una tasa global es algo inevitable contando con el apoyo de Biden, y esperan que esté por debajo del 21%. "Teniéndola Estados Unidos en sus planes, supongo que va a producirse algún tipo de consenso global... No creo que acabe en el 21%, supongo que estará más en la decena", opina el socio de la firma Grant Thornton en Dublin Peter Vale, en declaraciones a la BBC.

No obstante, el país insular confía en que su competitividad con las grandes multinacionales va más allá de sus tipos impositivos, y cree que elementos como la formación de sus trabajadores o su larga relación con estas compañías le pueden ayudar aun contando con menos ventajas en cuanto a impuestos. "Los impuestos son solo uno de los muchos atractivos que tiene Irlanda. Si esto hubiera ocurrido hace 20 años sí habría provocado más preocupación", considera Donohoe.

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