La UE va a gastarse 43.000 millones de euros para atraer a fabricantes de chips como Intel y TSMC, pero podría necesitar más de un billón para tener éxito

El comisario europeo de Mercado Interior, Thierry Breton, durante una rueda de prensa.
El comisario europeo de Mercado Interior, Thierry Breton, durante una rueda de prensa.

REUTERS/Yves Herman

Una abrumadora variedad de máquinas depende ahora de los chips informáticos, ya sean smartphones, Teslas o incluso lavavajillas.

Antes de la pandemia, las eficientes cadenas de suministro globales se traducían en que podías pedir un teléfono de una marca occidental de teléfonos inteligentes, con componentes obtenidos y fabricados en Asia, con facilidad.  

Sin embargo, la pandemia dio un vuelco a la demanda de los consumidores, que, bloqueados, pidieron en masa ordenadores portátiles, consolas y teléfonos, lo que provocó una escasez de chips para otros productos, como los coches.

Se espera que la crisis de los semiconductores se prolongue hasta bien entrado el año 2022, y potencialmente se extienda hasta 2023 y más allá, y la interrupción ha hecho que se analice más detenidamente la dependencia de Occidente de los proveedores de componentes de Asia oriental.

Casi el 75% de la capacidad de fabricación de chips se encuentra en Asia oriental y China, según un análisis industrial de Boston Consulting Group de 2021. En Europa, la capacidad es solo del 8% y corre el riesgo de caer al 4%.

Y el 92% de la capacidad de fabricación de chips más avanzada está solo en Taiwán, sede del gigante de los chips Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), que suministra a Apple y AMD, entre otros.

Europa ha pasado de representar una quinta parte de la capacidad mundial de producción de chips en el año 2000 a solo un 8% en 2022.

A Europa no le falta talento ni innovación en materia de semiconductores: la empresa holandesa ASML domina el suministro de las máquinas de litografía utilizadas para la fabricación de chips avanzados, por poner un ejemplo concreto. 

Pero, según la consultora Boston Consulting Group, una debilidad competitiva es la escasez de incentivos para que los fabricantes de chips construyan fundiciones de chips en Europa. Por el contrario, Taiwán ofrece créditos fiscales y otros incentivos a las empresas que crean capacidad de fabricación de chips en el país.

En un intento de ponerse al día, la Comisión Europea lanzó el pasado martes una iniciativa de 43.000 millones de euros para cuadruplicar la producción de semiconductores en el continente en 2030, que incluye hasta 2.000 millones de euros en capital para las startups y scaleups europeas. 

"Europa puede ser la cuna de la próxima revolución industrial", dijo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, al presentar la ley europea de chips.

La UE está hablando con TSMC para intentar convencerla de que traiga a Europa parte de su producción de alto volumen. El fabricante de chips estadounidense Intel también tiene planes para invertir en dos nuevas plantas de chips en Alemania. 

"Solo hay dos empresas en el mundo que saben fabricar chips de 5 nanómetros o menos: TSMC y Samsung", ha dicho a Business Insider Hermann Hauser, cofundador del diseñador de chips británico Arm, refiriéndose a la última generación de tecnología de chips avanzada.

La UE propone incentivos fiscales para las empresas que trasladen sus líneas piloto a Europa. Pero trasladar la investigación y el desarrollo y las primeras fases de producción es más difícil que abrir nuevas fábricas, o plantas de fabricación de chips. 

Aunque Europa tiene talento en I+D, ese talento cuesta más dinero que en Asia. Se necesitan "4.000 doctores trabajando durante cuatro o cinco años para crear este producto tan complejo", explica el especialista en semiconductores de Bain, Peter Hanbury, que asegura que traer eso a Europa "va a ser bastante complicado".

Además, Europa ya va con retraso en la próxima ola de innovación de chips. "Hay un gran énfasis en ponerse al día con los 2 nanómetros, y no estaba realmente claro cómo puede llevarse a cabo. Definitivamente, no es realista para los actuales actores de la UE", explica Hanbury. TSMC ha dicho que su producción de chips de 2 nanómetros comenzará en algún momento de 2023.

La UE también debe superar a Estados Unidos y Japón, que también están ofreciendo incentivos financieros para atraer a los fabricantes de chips. El Congreso de Estados Unidos está estudiando la posibilidad de conceder 45.000 millones de dólares en subvenciones federales para aumentar la producción de semiconductores en Estados Unidos, y los expertos del sector creen que ni siquiera ese montante sería suficiente.

Otro riesgo es que los planes de la UE pueden agravar la crisis en lugar de resolverla. El bloque planea ofrecer una extraña vía de financiación estatal a las empresas que produzcan chips "por primera vez", con la condición de que esas empresas den prioridad a los clientes europeos durante cualquier periodo de escasez.

Según Jan-Peter Kleinhans, analista de semiconductores del centro de estudios berlinés Stiftung Neue Verantwortung, esto podría agravar aún más las crisis de la cadena de suministro mundial. "Es una pendiente resbaladiza".

Si Europa quiere ser "totalmente autosuficiente" en su producción de semiconductores, tendría que gastar algo más de 1 billón de euros, según Cecilia Bonefeld-Dahl, directora general de DigitalEurope, que representa a las empresas tecnológicas del continente. 

Los chips y los fabricantes de chips seguirán siendo fundamentales para el funcionamiento de un mundo cada vez más conectado. Si las startups y scaleups europeas pueden realmente acceder a miles de millones de financiación, "podría ser un nuevo amanecer para Europa", explica Hauser.

"La cuestión es si realmente pueden acceder al dinero", ha concluido Bonefeld-Dahl".

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