Cualquier esperanza de que la Tierra siga siendo habitable pasa por succionar el carbono de la atmósfera, según concluye un nuevo estudio

El barco de investigación Nathaniel Palmer junto al glaciar Thwaites en la Antártida occidental.
El barco de investigación Nathaniel Palmer junto al glaciar Thwaites en la Antártida occidental.
Adam Jenkins, National Science Foundation

Via International Thwaites Glacier Collaboration

  • Un nuevo estudio revela que incluso si el mundo dejara de emitir gases de efecto invernadero en este momento, la Tierra seguiría calentándose durante siglos.
  • Los investigadores sugieren una práctica de geoingeniería que consiste en extraer dióxido de carbono de la atmósfera y almacenarlo bajo tierra, una solución conocida como captura y almacenamiento de carbono.
  • Descubre más historias en Business Insider España.

Incluso si dejáramos de emitir gases de efecto invernadero hoy mismo, la Tierra continuaría calentándose durante siglos. El hielo ártico ya está en un camino de derretimiento irreversible, así lo ha revelado una nueva investigación publicada en la revista Scientific Reports.

El modelo sugiere que incluso si las emisiones cayeran a cero este año, las temperaturas globales habrán subido hasta 3 grados Celsius entre 1859 y 2500.

"La tundra continuará derritiéndose durante los próximos 500 años, independientemente de la rapidez con la que la humanidad reduzca sus emisiones de gases perjudiciales", comenta a Business Insider Jørgen Randers, autor principal del nuevo estudio.

El mercado de captura de CO2 generará tantos ingresos como el del petróleo en la actualidad.

Esto se debe a que el cambio climático es un círculo vicioso y autosostenido. A medida que el permafrost o permahielo se descongela, este libera más gases de efecto invernadero, como el metano y el dióxido de carbono, manteniendo el calentamiento a lo largo del tiempo.

Para detener ese ciclo será necesario absorber el dióxido de carbono de la atmósfera, según Randers.

El nivel del mar aumentará 2 metros y medio

Grandes icebergs flotan cuando sale el sol cerca de Kulusuk, Groenlandia, 16 de agosto de 2019.
Grandes icebergs flotan cuando sale el sol cerca de Kulusuk, Groenlandia, 16 de agosto de 2019.
Felipe Dana

AP

El acuerdo climático de París se creó con la intención de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero lo suficiente como para evitar que la temperatura mundial suba más de 2 grados Celsius de aquí a 2100.

Sin embargo, el estudio de Randers modeló el efecto de varios escenarios de reducción de emisiones en el clima de la Tierra entre 1850 y 2500. Los datos mostraron que si las emisiones se detuvieran definitivamente en 2020, el nivel del mar en 2500 aún sería 2,5 metros más alto que en 1850.

Para evitar el aumento de temperatura proyectado de 3 grados Celsius, las emisiones deberían haber cesado por completo entre 1960 y 1970.

En ese sentido, la Tierra pasó por un punto culminante sin retorno hace 50 años, antes de que gran parte del público comprendiera las realidades del cambio climático.

"Es una ironía, pero la comunidad científica conocía los peligros del calentamiento global desde 1960", apunta Randers.

Succionar el carbono de la atmósfera

La temperatura de la Tierra ya está en camino de superar los objetivos de este acuerdo internacional, pues el año pasado fue el segundo más cálido registrado en la superficie y el más cálido a nivel de océanos. El derretimiento polar amenaza con desplazar a cientos de millones de personas.

Según Randers, lo que se necesita es que las empresas y los gobiernos comiencen a desarrollar tecnologías para la eliminación, a gran escala, de los gases de efecto invernadero de la atmósfera.

En términos técnicos, esa estrategia se conoce como captura y almacenamiento de carbono (CAC). Para evitar un mayor calentamiento después de que se hayan detenido las emisiones, el nuevo estudio descubrió que al menos 33 gigatoneladas (36,5 mil millones de toneladas) de dióxido de carbono deberían ser succionadas de la atmósfera cada año.

Mitto, la tarjeta sostenible creada en España que te muestra el impacto de tus hábitos de consumo en el planeta.

Esa es aproximadamente la cantidad total de dióxido de carbono que emitió la industria mundial de combustibles fósiles solo en 2018 (36 gigatoneladas).

Las centrales eléctricas de países como Estados Unidos, Canadá y Suiza ya han comenzado a utilizar CAC para reducir sus emisiones. En 2014, la central eléctrica Boundary Dam en Saskatchewan se convirtió en una de las primeras en el mundo en utilizar con éxito esta tecnología.

Biorreactores llenos de algas verdes que consumen dióxido de carbono en Costa de la Luz, España.
Biorreactores llenos de algas verdes que consumen dióxido de carbono en Costa de la Luz, España.
Santiago Urquijo

Getty Images

En total existen 21 proyectos de captura de carbono a escala comercial que ya están operando en todo el mundo y 22 más están en desarrollo, según el Centro de Soluciones Climáticas y Energéticas.

Estos proyectos suelen almacenar carbono a gran profundidad en campos de gas y petróleo agotados o en contenedores de biorreactores llenos de algas que consumen dióxido de carbono.

Las capturas de carbono de Illinois y Texas llegaron a recopilar 1,1 y 1,6 millones de toneladas de dióxido de carbono por año, pero la cantidad de CO2 que debe eliminarse de la atmósfera requiere muchas más plantas de las que exigen los planes actuales.

"En otras palabras: se necesitaría construir 33.000 grandes plantas de CAC y mantenerlas en funcionamiento para siempre", escribieron los autores del estudio.

Los pros y contras de la geoingeniería

La captura de carbono se está aceptando ampliamente como una forma segura y potencialmente eficaz de geoingeniería.

Esta y otras intervenciones climáticas están siendo promovidas cada vez más por científicos y políticos. Es más, Andrew Yang, uno de los candidatos presidenciales demócrata en 2020 ha sugerido establecer un presupuesto de 800 millones de dólares en Estados Unidos para investigar más a fondo sobre geoingeniería.

Sin embargo, esta práctica climática llevaría muchos más riesgos que las propias CAC. Un claro ejemplo sería la geoingeniería solar, que implicaría inyectar aerosoles en el cielo para reflejar la luz solar de regreso al espacio.

Los críticos de esta idea señalan que la mayoría de los modelos predicen que los efectos de la geoingeniería solar no permanecerían localizados, por lo que si un país decidiera implementar de forma independiente tales medidas, es probable que tenga consecuencias en otros lugares del mundo.

Los grandes grupos de combustibles fósiles no están cumpliendo con los objetivos de reducción de emisiones del Acuerdo de París, según alerta un estudio.

Las inyecciones de aerosol desplegadas en el hemisferio sur podrían afectar a la temperatura del océano y la velocidad del viento, lo que provocaría más huracanes en el hemisferio norte.

"La geoingeniería solar tiene ramificaciones geopolíticas, a diferencia de la captura de carbono", comenta a Business Insider Juan Moreno-Cruz, profesor asociado de la Universidad de Waterloo.

Randers explica que su estudio aboga solo por la captura de carbono, no por otras formas más experimentales de geoingeniería.

Estratocúmulos subtropicales sobre la Tierra.
Estratocúmulos subtropicales sobre la Tierra.
Aleksandar Georgiev

Getty Images

"En general, estoy en contra de la geoingeniería debido a sus efectos secundarios no deseados, pero si el mundo continúa retrasando acciones significativas y factibles para eliminar gradualmente los combustibles fósiles es posible que tengamos que recurrir a ella", explica Randers.

Como prioridad inmediata considera que los países deberían invertir por igual en los esfuerzos para reducir las emisiones y construir más plantas de CAC.

"Esta sería una tarea maravillosa para un Green New Deal financiado por el gobierno", añade.

Otros artículos interesantes:

El mercado de captura de CO2 generará tantos ingresos como el del petróleo en la actualidad

Mitto, la tarjeta sostenible creada en España que te muestra el impacto de tus hábitos de consumo en el planeta

Los grandes grupos de combustibles fósiles no están cumpliendo con los objetivos de reducción de emisiones del Acuerdo de París, según alerta un estudio

Te recomendamos

Y además