La alternativa europea al gas ruso pasa por España: qué hace falta para reactivar el gasoducto MidCat y por qué varios expertos no lo ven como una solución a corto plazo

El proyecto MidCat quedó parado antes de llegar a Francia.
El proyecto MidCat quedó parado antes de llegar a Francia.

Reuters.

La crisis energética desencadenada por la invasión rusa en Ucrania ha disparado el precio del gas, con el consecuente efecto sobre el de la electricidad y la factura de la luz. No es una situación exclusiva de España, sino que es reflejo de la dependencia actual que tiene Europa del gas ruso.

¿Existe alguna alternativa? España quiere sacar del cajón el proyecto del MidCat, un gasoducto que iba a llevar el gas de Argelia a Francia por debajo de los Pirineos, pero que lleva años paralizado.  

La solución, sin embargo, no es tan sencilla como parece.

"Tenemos un 27% de la capacidad de regasificación de toda Europa aquí en España, un 30% de las reservas de gas licuado están aquí en España", resumía hace unos días Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, en una entrevista en LaSexta, donde subrayó la importancia de solucionar el "problema de las interconexiones" para poder aportar más al sistema europeo desde España. 

De hecho, el propio Sánchez reclamaba la semana pasada en Versalles que es "fundamental" poner las interconexiones "en marcha" para que la Península Ibérica "no sea una isla energética".

El 45% del gas que llega actualmente a Europa proviene de Rusia, lo que supone un problema, tal y como ha reconocido la presidenta de la Comisión Europea. "La Unión Europa tiene que poder liberarse de la dependencia del gas y del carbón ruso. Y por eso tenemos que diversificar nuestras fuentes de energía", explicaba recientemente Ursula von der Leyen.

Europa sigue a día de hoy comprando gas a Rusia en medio de los bombardeos a Ucrania, e incluso está importando más metros cúbicos que antes de que estallara la guerra, según datos del think tank europeo Bruegel, a partir de datos de la Red Europea de Operadores de Sistemas de Transportes de Gas.

Ese aumento de las importaciones de gas ruso contrasta con las sanciones impuestas por la Unión Europea para asfixiar la economía rusa. Incluso se han dado algunos pasos en materia energética, como la paralización del gasoducto Nord Stream 2 por parte de Alemania.

Pero la realidad es que, de momento, Europa sigue necesitando el gas de Rusia y España quiere jugar un papel protagonista en reducir esa dependencia. De hecho, de acuerdo con los últimos datos disponibles, nuestro país solo importa un 9,40% del gas a Rusia (en cuarto lugar por detrás de Argelia, EEUU y Nigeria).

Pero, ¿qué es exactamente el MidCat y por qué no se ha puesto en marcha todavía?

El proyecto, iniciado a principios de los años 2000 e interrumpido desde 2018, pretendía reducir la dependencia del gas ruso de muchos países europeos, mediante una red que llevara el gas desde Argelia hasta el centro del continente.

Ese gasoducto comenzaba su recorrido en el país norafricano y conectaba con España vía Almería para proseguir al norte siguiendo el trazado del corredor mediterráneo. De momento está incompleto: muere en el municipio gerundense de Hostalric, sin llegar a conectar con Francia.

El proyecto tenía como promotores a Enagás y a la compañía francesa Teréga, pero en 2019, después de un informe independiente de la Comisión Europea encargado a la consultora Pöyry, el proyecto se paralizó por el elevado coste y las dudas sobre su rentabilidad a largo plazo.

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En lo que se refiere a las características de MidCat, tiene una capacidad de 9 bcm (miles de millones de metros cúbicos el año) de gas, que se añadirían a los dos gasoductos que sí que están en funcionamiento en España y que conectan el País Vasco y Navarra con Francia (unos 8 bcm anuales). 

17 bcm en total representarían una importante fuente de energía, pero en cualquier caso bastante lejana de los 190 bcm que aporta actualmente Rusia a Europa. 

Ahora bien, a ese gasoducto habría que sumar la capacidad de España en cuanto a las a plantas de regasificación. Estos centros permiten convertir el gas natural licuado (GNL) que llega a la Península en gas convencional. "España cuenta con una gran cantidad de plantas de regasificación que traen gas de 14 países diferentes, además de la conexión con Argelia", cuenta Raúl Fernández, director general de Factor Energía, a Business Insider España.

España cuenta con seis de estos centros, al que se podría sumar uno más situado en Portugal, mientras que Francia solo tiene tres y Alemania no tiene ninguno. Todo ello hace que España tenga la mayor capacidad de importación de gas natural licuado de la UE: 60 miles de millones de metros cúbicos (bcm) al año, una cifra que sí podría ayudar a compensar el abandono del gas ruso.

¿Qué hace falta entonces para que el MidCat se complete y se ponga en marcha? Ismael Morales, portavoz de la Fundación Renovables, asegura a Business Insider España que "no hay apetito inversor, ya sea público o privado", para desarrollar la infraestructura del MidCat. 

"En plena transición energética, con un cambio en la cartera de activos de las gasistas hacia proyectos de hidrógeno verde o reconversión a renovables, las empresas privadas no van a financiar un proyecto que puede quedar varado antes de finalizar su vida útil, siendo así una ruina económica", añade.

Además, Morales cree que el Gobierno lo sabe y por ello delega en Bruselas su financiación. "Sería una inversión de unos 3.100 millones de euros que nadie está dispuesta a asumir porque, aunque sea un momento de tensión energética, el futuro es renovable y eléctrico, como dicta el Acuerdo de París". 

El Gobierno busca además la fórmula de reiniciar los trabajos para completar el MidCat sin tener que tramitar de cero todo el proyecto, lo que retrasaría durante años su ejecución. Todavía faltan 235 kilómetros por completarse, y si Bruselas finalmente se decide a apoyar el proyecto, puede que exija una ampliación de su capacidad prevista para ponerlo en marcha

Alejandro Núñez-Jiménez, investigador postdoctoral especializado en hidrógeno en el Belfer Center de Harvard, explica a Business Insider España que si la UE mantiene su compromiso de reducir su dependencia del gas ruso será necesario diversificar las importaciones para cubrir esa demanda. 

Prevé que "si Europa apuesta por el gas natural licuado hará falta nueva infraestructura como las terminales que planea Alemania y gasoductos como el MidCat, que deberán ser compatibles con hidrógeno".

"La península Ibérica podría convertirse en el mayor proveedor de hidrógeno verde a partir de energías renovables para toda la Unión Europea en el largo plazo. Para ello es necesario no solo que se construyan gasoductos como podría ser el MidCat, sino que sean compatibles con el transporte de hidrógeno, como requiere la Comisión Europea con el plan RepowerEU", explica.

El proyecto inicial, sin embargo, no contemplaba la posibilidad de que pudiera servir para transportar gases renovables como el hidrógeno verde. Y cualquier modificación del diseño primario requeriría al menos actualizar el certificado de impacto ambiental.

¿Por qué se detuvo el proyecto?

Los expertos del sector apuntan a la falta de rentabilidad, debido a que su construcción podría demorarse alrededor de unos 10 años, algo que provocaría ingresos lejanos para los promotores.

Según Javier García Breva, experto en modelos de negocio energético, "se paralizaron la realización de infraestructuras gasísticas y regasificadoras en un real decreto ley de 2012 por el 'déficit estructural del sistema gasista'. Había una sobrecapacidad e infrautilización de este tipo de infraestructuras. Estaban funcionando a menos del 30% de su capacidad, y claro, eso lo pagaban los consumidores y por eso lo suspendió el Gobierno, entre ellas el MidCat".

"Tampoco hay demanda de gas suficiente como para justificar esas nuevas construcciones", añade en conversación con Business Insider España.

En lo que se refiere a la UE, García Breva afirma que la Comisión Europea sacó en 2018 el MidCat de los proyectos de interés comunitario, alegando que no había ni demanda ni mercado a ambos lados de los Pirineos que justificara la rentabilidad de la obra.

"En mi opinión, si esta infraestructura la tienen que pagar los consumidores, de ninguna de las maneras, porque costaría miles de millones a Francia y a España", agrega.

Desde Francia, además, cuestionan que sea una solución a corto plazo para dejar de depender el gas ruso. "Sería imposible prever la puesta en marcha antes de 2030", han explicado sobre el proyecto, que no cuenta con el apoyo de la opinión pública francesa, fuentes de la Commission de Régulation de l'Énergie (CRE) a El Periódico de España

¿Cuáles son las alternativas?

Aunque ya existen conexiones gasistas con Francia y España no tiene tanta dependencia del gas ruso, los expertos aseguran que es momento de mirar al futuro impulsando las renovables, aumentando la rehabilitación energética de los edificios e invertir en I+D+i para disminuir el coste y aumentar la eficiencia de los procesos para obtener hidrógeno verde. 

García Breva asegura que "para la urgencia que tiene sobre todo el norte de Europa, MidCat no va a servir, porque el gasoducto tardaría años en completarse desde que se tome la decisión. A lo mejor para entonces la vía de suministro se soluciona de otra manera".

El experto en modelos de negocio energético expone que sería mucho más rápido y más eficaz que el norte de Europa invirtiera en regasificadoras y en buques metaneros. "Como hicimos nosotros hace muchos años", resume. 

De hecho, García Breva resalta las palabras de Josep Borrell en el Consejo Europeo de hace unos días?:

"A mí me sorprende que el Consejo Europeo haya hablado de todo menos de eficiencia energética, excepto Borrell. La gente se ha reído de él y, sin embargo, es la única cosa sensata que se ha dicho, y es que hay que racionalizar el consumo de energía, y el ejemplo del termostato es algo que todo el mundo entiende", argumenta.

Morales asegura que esta situación se encuentra justo en plena transición energética. "El gas es una tecnología de respaldo con una alta capacidad de gestionabilidad, almacenaje y transporte, lo que la hace muy útil y manejable, pero sin olvidar que es un combustible fósil que debemos erradicar. El sustituto del gas en el sistema eléctrico son las baterías de almacenamiento, el hidrógeno verde en la industria y las bombas de calor en los hogares. Las empresas lo saben y no van a amenazar su propio futuro y porvenir", resume.

Además, coincide con García Breva en que se deben instalar más regasificadoras en otros países y aumentar la diversificación de países de donde procede el GNL, "sobre todo en aquellos que tienen acceso al mar y más dependencia, como es el caso de Alemania", apunta.

"La Comisión Europea acierta al proponer una acción combinada para reducir demanda y diversificar suministro. A largo plazo, la clave será reemplazar gas por electricidad limpia siempre que sea posible y por hidrógeno renovable donde sea necesario. Para llegar allí hay que empezar hoy a instalar renovables y planear la infraestructura de transporte de hidrógeno necesaria", concluye Alejandro Núñez-Jiménez.

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