La gasolina y la restauración disparan los precios un 8,7% en mayo: la inflación amenaza con continuar su escalada durante meses

Un camarero tirando una caña en un bar
Reuters

La cesta de la compra no deja de encarecerse, y parece que va para largo. La crisis de suministros comenzó elevando precios en verano del año pasado, y ahora la guerra ha agravado la escalada.

El precio de los productos aumentó un 8,7% en mayo respecto al año pasado, según los datos del Índice de Precios de Consumo publicado hoy por el INE. 

Parecía que la inflación había empezado a frenarse en abril. Ese mes, los precios subieron un 8,3%, después de haber escalado al 9,8% en marzo, un máximo no visto desde 1985. Pero en mayo ha vuelto a apretar, y todo apunta a que se mantendrá en tasas similares durante el resto del año.

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Según las previsiones publicadas esta semana por la OCDE, España cerrará el año con una inflación media en el 8,1%, lo que significa que todavía quedan meses de subidas importantes. El propio Gobierno no descarta extender las medidas lanzadas para amortiguar la subida de precios, como la rebaja de la gasolina y de la factura de la luz.

La vicepresidenta y ministra de Economía, Nadia Calviño, ha descartado hoy el riesgo de una espiral inflacionista, y ha avanzado que el Ejecutivo va "a extender las medidas mientras sea necesario", y ver si harían falta otras adicionales.

El pico de precios en mayo se debe al encarecimiento de los alimentos, las bebidas no alcohólicas y la gasolina. Estos últimos marcaron su mayor incremento desde enero de 1994, con una subida interanual del 11%. En cambio, el precio de la luz sí ha bajado respecto al año pasado, explica el INE.

En concreto, el alza de los precios de los carburantes llevó al transporte a subir un 14,9%, mientras que los precios de la restauración provocaron que el grupo de hoteles, cafés y restaurantes elevara su tasa en mayo hasta el 6,3%, cinco décimas más que en abril. En el caso de los alimentos, la tasa escaló nueve décimas, hasta el 11%, la más alta en 26 años.

Sin embargo, ahora la alerta está en la inflación subyacente, que en mayo se disparó al 4,9%, un máximo no visto desde 1995. En abril fue del 4,4%, y enero, la tasa era la mitad, y estaba a niveles de 2012.

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Esto es un signo de alarma, porque indica que las subidas de precio podrían estar contagiándose a otros sectores de la economía.

Qué es la inflación subyacente y por qué es un peligro que se incruste en la economía

La inflación subyacente mide cuánto se han encarecido de media los productos sin tener en cuenta la energía y los alimentos no elaborados. Es como sacar estos 2 elementos de la cesta de la compra para calcular cuánto más nos cuesta consumir cada mes.

Hace sólo 4 meses, la inflación subyacente era casi la mitad, del 2,4%. La escasa diferencia entre la tasa general y subyacente es peligrosa, porque si la inflación no se modera ni siquiera excluyendo los productos que más suben, significa que el descontrol de precios ya podría haber contagiado a otros segmentos de la economía. 

La gasolina, por ejemplo, lleva semanas tocando máximos. Aun así, el consumidor no percibe completamente este repunte por la rebaja de 20 céntimos por litro en el precio de la gasolina que aprobó el Gobierno.

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