El nuevo plan de China para dominar el futuro tecnológico va a transformar el mundo

  • El Partido Comunista de China lleva desde 2017 diseñando un plan que le permita dominar el sector de la inteligencia artificial, para lo que necesitará crear una herramienta que se adapte a su necesidad de limitar la información.
  • El empeño de China en desarrollar su industria de IA podría dar paso a una era distópica de división como nunca antes hemos visto.
Xi Jinping.

Kiran Ridley/Stringer/Getty, jonnysek/Getty, Tyler Le/BusinessInsider

Para cambiar el equilibrio de poder mundial, no hace falta una tecnología nueva. Basta con una conocida.

El Partido Comunista chino (PCCh) lleva desde 2017 trazando un cuidadoso plan para acabar dominando la creación, aplicación y difusión de la inteligencia artificial generativa: concretamente, trabajan en programas que utilizan enormes conjuntos de datos para aprender a reconocer patrones tan rápido que parecen crear conocimiento de la nada. De acuerdo con su plan, China habría logrado en 2020 "avances icónicos en modelos y métodos de IA, dispositivos centrales, equipos de alta gama y software fundacional". 

No obstante, el lanzamiento de ChatGPT en otoño de 2022 pilló a Pekín con el pie cambiado. Su viralidad reafirmó a las empresas estadounidenses (al menos de momento) como las líderes en la carrera de la IA. Además, hizo pública una competición entre ambos países por dominar este sector, que hasta entonces se disputaba a puerta cerrada.

Pero no hay garantías de que el liderazgo de Estados Unidos en IA vaya a ser permanente. Los campeones tecnológicos nacionales de China se han unido a la carrera y han conseguido adaptar una tecnología que se alimenta de información libre, encajándola en la restringida información del país. La censura pueden ralentizar el desarrollo de la IA en China y limitar la comercialización de modelos nacionales, pero no impedirá que Pekín obtenga beneficios cuando lo vea oportuno. 

Xi Jinping ve en la tecnología la clave para que el país supere sus problemas económicos. Incluso si no acaban siendo los líderes de la IA, ocuparán el segundo lugar, lo que ya de por sí puede ser peligroso.

"Podemos hacer mucho con esta tecnología. Pekín no fomenta las interacciones con el consumidor", resume Reva Goujon, directora de relaciones con el cliente del equipo de asesores sobre China de la consultora Rhodium Group. "En China se está produciendo una verdadera innovación. Entre los modelos que las empresas chinas han sido capaces de desplegar y los estadounidenses no vemos una gran brecha. En lo que se están centrando sus innovaciones es en canalizar las aplicaciones hacia la ciencia dura", añade.

En sus documentos internos, el Partido Comunista chino afirma que utilizará la IA para reforzar su control del poder dentro de sus fronteras: básicamente, represión política, vigilancia y control de la disidencia.  Sabemos que el partido también utilizará la IA para impulsar avances en ingeniería industrial, biotecnología y otros campos que el partido considera productivos. En algunos de estos casos ya ha tenido éxito. Por tanto, aunque se quede unos años rezagada con respecto a la tecnología estadounidense, puede tener un poderoso impacto geopolítico. 

Hay muchos líderes con ideas afines que también quieren utilizar las herramientas del futuro para reforzar su autoridad e incluso distorsionar el pasado. Y no hay duda de que Pekín estará más que encantada de facilitarles los medios. La visión china del futuro de la IA es de código cerrado, está estrictamente controlada y se puede exportar a otras partes del mundo.

Xi Jinping (izquierda), presidente de China, observa a los expresidentes, Jiang Zemin y Hu Jintao, durante un desfile militar con motivo del aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial.

En el mundo de la IA moderna, la tecnología es tan buena como lo que devora. ChatGPT y otros grandes modelos lingüísticos se atiborran de decenas de páginas web, artículos de noticias y libros. A veces, esta información provoca intoxicaciones alimentarias a los LLM: cualquiera que haya utilizado un chatbot sabe que a veces alucinan o mienten. Debido a que la enorme cantidad de información a la que acceden, saber qué ha fallado es tan difícil como saber qué ingrediente de una cena copiosa te ha sentado mal. Los conjuntos de datos son tan amplios y los cálculos tan rápidos que las empresas que controlan los modelos no saben qué falla, y puede que nunca lo sepan.

En una sociedad como la china, donde la información está estrictamente controlada, esta incapacidad plantea un problema existencial para el control del poder por parte del Partido Comunista chino: de repente, un chatbot puede decir una verdad incómoda y nadie sabrá por qué. La probabilidad de que eso ocurra depende del modelo con el que se haya entrenado. Para evitarlo, Pekín está alimentando a la IA con información que fomenta una "construcción social" positiva.

El Consejo de Estado de China escribió en su Plan de Desarrollo de la Inteligencia Artificial de Nueva Generación de 2017 que la IA sería capaz de "comprender la cognición del grupo y los cambios psicológicos de manera oportuna", lo que, a su vez, significa que la tecnología podría "elevar significativamente la capacidad y el nivel de gobernanza social, desempeñando un papel insustituible en el mantenimiento efectivo de la estabilidad social". 

Es decir, si se construye con las especificaciones correctas, el Partido Comunista de China cree que la IA puede ser una herramienta para fortalecer su poder. Por eso este mes, la Administración del Ciberespacio de China, el regulador de la IA del país, lanzó el chatbot ChatCCP, entrenado enteramente en la filosofía política y económica de Xi Jinping: "Pensamiento Xi Jinping sobre el Socialismo con Características Chinas para una Nueva Era" (un nombre ingenioso, lo sé).

Por supuesto, ChatGPT está vetado en China y en Hong Kong.

El gobierno de China ha lanzado un chatbot entrenado íntegramente en la filosofía política y económica de Xi Jinping.
El gobierno de China ha lanzado un chatbot entrenado íntegramente en la filosofía política y económica de Xi Jinping.

Xie Huanchi/Xinhua via Getty Images

El Partido Comunista chino está en un momento idóneo para encontrar un medio de vigilancia y dominación de la información. Considera por un momento la situación de la economía china. Wall Street, Washington, Bruselas y Berlín han aceptado que el modelo que ayudó a China a convertirse en la segunda economía del mundo ya no funciona y que Pekín aún no ha encontrado nada que lo sustituya. La construcción de infraestructuras y la capacidad industrial ya no ofrecen la misma rentabilidad. El mundo está frenando las exportaciones chinas, y los intentos del Partido Comunista de impulsar el crecimiento a través del consumo interno no han dado sus frutos. El mercado inmobiliario está completamente hundido, el crecimiento se ha estancado y la deflación continúa. 

Según Freedom House, un observatorio de los derechos humanos, los chinos se manifestaron contra las políticas del gobierno en cifras récord durante el cuarto trimestre de 2023. La organización registró 952 actos de disidencia, un 50% más que en el trimestre anterior. El 78% de las manifestaciones tuvieron que ver con cuestiones económicas, como la vivienda o el trabajo. 

Si hay un método efectivo de controlar a la gente, Xi Jinping lo necesita cuanto antes.

Si le preguntas al chatbot de la Administración del Ciberespacio de China sobre la situación económica, te dará un sermón sobre la diferencia entre "fuerzas productivas tradicionales" y "nuevas fuerzas productivas", conceptos del Partido Comunista chino para ocultar la gravedad que enfrenta la economía china. De hecho, si preguntas a cualquier chatbot que opere en el país, te dirá que Taiwán forma parte de China, un tema, cuanto menos, controvertido. Todos los chatbots recopilan información sobre las personas que los utilizan y las preguntas que hacen. 

Las élites del Partido Comunista chino podrán utilizar esa recopilación y difusión de información en su beneficio, pero los ciudadanos no tendrán acceso a ella. Lo que vea el partido no será lo que vea el pueblo.

"Los chinos tienen un gran acceso a la información en todo el mundo. Pero ese sistema de información tiene dos niveles, y así ha sido durante 2000 años", señala Kenneth DeWoskin, profesor emérito de la Universidad de Michigan y asesor principal sobre China de Deloitte.

Para garantizarlo, el Partido Comunista chino ha construido un sistema para regular la IA lo bastante flexible para evaluar los grandes modelos lingüísticos a medida que se crean y lo bastante riguroso para controlar los resultados. Toda IA difundida para consumo público debe ser registrada y aprobada por la CAC (Agencia Nacional de Regulación de Internet). Se debe comunicar a la agencia información como los conjuntos de datos en los que se ha entrenado la IA y las pruebas a las que se ha sometido. De lo que se trata es de establecer controles que abarquen algunos aspectos de la IA para llegar a una conclusión final sobre lo que se puede y no se puede crear por parte de los LLM.

"El verdadero reto de los LLM es que en realidad son la síntesis de dos cosas: pueden estar a la vanguardia del crecimiento de la productividad, pero son fundamentalmente un sistema que obtiene y escupe contenidos, algo frívolo según el Partido Comunista chino", explica Matt Sheehan, investigador y miembro de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional.

En los últimos años, el partido ha demostrado ser capaz de limitar cualquier tecnología que considere frívola o perjudicial para la cohesión social. En 2021, prohibió a los menores de 18 años jugar a videojuegos entre semana, puso en pausa la aprobación de nuevos juegos durante ocho meses y, en 2023, anunció normas para reducir el gasto público en videojuegos.

Pero la IA no es simplemente entretenimiento: forma parte del futuro de la computación. El partido no puede negar la viralidad de lo que fue capaz de conseguir el chatbot de OpenAI, su poder en la competición tecnológica entre Estados Unidos y China, o el potencial de la IA para impulsar el crecimiento económico y el poder político mediante la rápida síntesis de información.

Finalmente, y como dice Sheehan, la cuestión es: "¿Pueden lobotomizar la IA y los LLM para que la parte de la información no sea un factor?".

No está claro, pero seguro que lo van a intentar.

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Para que el Partido Comunista chino logre disponer de una IA poderosa que controlar, necesitan desarrollar modelos que se adapten a sus propósitos, y está claro que las grandes tecnológicas chinas se están poniendo al día.

Baidu, gigante del comercio electrónico, afirma que su chatbot Ernie Bot, lanzado el pasado agosto, tiene 200 millones de usuarios y 85.000 clientes empresariales. Por ponerlo en perspectiva, OpenAI generó 1.860 millones de visitas solo en marzo. También está el chatbot Kimi de Moonshot AI, una startup respaldada por Alibaba que se lanzó en octubre. Pero tanto Ernie Bot como Kimi se han visto eclipsados recientemente por el bot Doubao de ByteDance, que también se lanzó en agosto. Según Bloomberg, es el bot más descargado del país, y es obvio por qué: es más barato que sus competidores.

"La industria de la inteligencia artificial generativa está aún en sus primeras fases en China", comenta Paul Triolo, socio de China y política tecnológica de la consultora Albright Stonebridge Group. En esta fase se invierte en infraestructura, se entrena, se ajustan los modelos, se reciben comentarios y luego se crea una aplicación que genera dinero. Por lo tanto, las empresas chinas están en un momento de formación y ajuste de modelos", puntualiza.

La cuestión es cuál de estas empresas conseguirá realmente hacer dinero. La actual guerra de precios es una carrera a la baja, similar a lo que hemos visto antes en el espacio tecnológico chino. Por ejemplo, la carrera de vehículos eléctricos: el Gobierno chino empezó repartiendo dinero a cualquier empresa que pudiera producir un diseño, y por cualquiera quiero decir cualquiera. Fue una orgía de dinero. Algunos de estos coches nunca salieron de la fase de anteproyecto. Pero poco a poco, el Gobierno dejó de subvencionar el diseño, y luego la producción, apoyando al consumidor final. Las empresas que no podían fabricar un coche a un precio que los consumidores estuvieran dispuestos a pagar comenzaron a caer como moscas. Con el tiempo, unas pocas empezaron a dominar el sector, y ahora la industria china de vehículos eléctricos es un gigante de la fabricación.

La industria de la inteligencia artificial generativa está aún en sus primeras fases en China

Otras estrategias similares, como el plan chino para impulsar la producción de semiconductores, no han tenido tanto éxito. Históricamente, según DeWoskin, los mandatos de producción dictados por los partidos tienen efectos buenos y malos. Por un lado, tienen la capacidad de conseguir que las universidades y el sector privado se sumen a lo que el Estado quiere hacer, pero a veces se mueven más despacio que el mercado. Hasta 2022, todos en el sector de IA estaban más preocupados por el tamaño de los modelos, pero ahora se están moviendo hacia la innovación en la eficacia del entrenamiento de datos y la capacidad generativa.

También parece que su idea de éxito está cambiando para incluir modelos con fines muy específicos. El CEO de OpenAI, Sam Altman, dijo en una reciente entrevista con la Brookings Institution que, por ahora, los modelos que más necesitan la regulación son los más grandes. "Pero", añadió, "creo que el progreso puede sorprendernos, y se pueden imaginar modelos más pequeños que pueden hacer cosas impactantes". Un modelo específico puede tener un caso de uso empresarial concreto. Después de pasar décadas analizando cómo el Partido Comunista moldea la economía china, DeWoskin puede imaginar un mundo en el que algunos de esos modelos dirigidos estén disponibles para las empresas nacionales que operan en China, pero no para sus rivales extranjeras

Al fin y al cabo, Pekín nunca ha sido tímido a la hora de utilizar la ventaja de jugar en casa. Si no, que se lo pregunten a Elon Musk.

Ilustración China coche eléctrico vs Tesla Musk

Para ganar la competición por construir la IA más potente del mundo, China debe luchar no solo contra Estados Unidos, sino también contra sus propios instintos de innovación tecnológica. Una carrera a la baja podría arruinar el ecosistema chino de IA. Las prisas por ponerse a la altura de Estados Unidos —en medio de la presión de inversores y Gobiernos por ganar dinero lo antes posible— pueden mantener a las empresas chinas fuera de la frontera de esta tecnología.

"Mi principal hipótesis es que quizá haya dos entidades chinas que acaben empujando la frontera y recibiendo todo el apoyo del gobierno. Pero serán un poco más lentas al tener que lidiar con el Partido Comunista chino", opina Sheehan.

Esto no quiere decir que no tengamos nada que cómo gestiona China la IA. Pekín ya ha establecido regulaciones para problemas como los deepfakes y el etiquetado en torno a la autenticidad. Y lo que es más importante, el sistema chino responsabiliza a las personas de lo que hace la IA: quienes crean la tecnología deben responder de lo que hace. La velocidad de desarrollo de la IA exige un sistema regulador dinámico y coherente, China y Estados Unidos son opuestos: el primero va demasiado lejos, y el segundo tiene un marco regulatorio que carece de sistematización. El Departamento de Comercio de Estados Unidos anunció el mes pasado una iniciativa para comprobar la seguridad de los modelos, lo cual es un buen comienzo, pero no es suficiente.

La cortina digital que la IA puede construir en nuestra imaginación será mucho más impenetrable que el hierro, haciendo imposible que las sociedades cooperen en un futuro compartido

Si algo nos ha enseñado China sobre la tecnología es que no tiene por qué hacer más libre a la sociedad: todo depende de la voluntad de las personas que la manejan. El chatbot del Pensamiento Xi Jinping es una advertencia. Si China es capaz de fabricar uno para sí misma, puede utilizar ese modelo de base para crear sistemas similares para aquellos gobiernos autoritarios que quieran limitar la información en sus sociedades. Algunas empresas chinas de inteligencia artificial, como la estatal iFlytek, dedicada al reconocimiento de voz, ya han sido sancionadas por Estados Unidos, en parte por utilizar su tecnología para espiar a la población uigur de Xinjiang. Pero para algunos Gobiernos no importará que la tecnología sea tan útil si va dos o tres generaciones por detrás de su homóloga estadounidense. En cuanto a los chatbots, los modelos no contendrán la suma total del conocimiento humano, pero servirán a su propósito: el contenido será censurado, y los controles volverán al Partido Comunista chino.

Ese es el peligro de la carrera de la inteligencia artificial. Es posible que China no utilice conjunto de datos tan masivos como Occidente, debido a su política de censura. Tal vez China no esté a la vanguardia de lo que la IA puede lograr. Pero eso no significa que Pekín no pueda fomentar la creación de modelos específicos que podrían conducir a avances en campos como las ciencias duras y la ingeniería. También puede controlar quién tiene acceso a esos avances dentro de sus fronteras, sean personas o empresas. Puede vender herramientas de control, vigilancia y generación de contenidos a regímenes que desean dominar sus sociedades y son antagonistas de Estados Unidos y sus aliados.

Estamos ante un punto de inflexión en la guerra mundial de la información. Si las redes sociales han aislado a la gente en universos alternativos, el robot Xi ha demostrado que la inteligencia artificial puede hacerlo con esteroides. Es una advertencia. El telón digital que la IA puede construir en nuestra imaginación será mucho más impenetrable que el hierro, haciendo imposible que las sociedades cooperen en un futuro compartido. Pekín es muy consciente de ello, y ya está aprovechando ese poder a nivel nacional. ¿Por qué no geopolíticamente? 

Tenemos que pensar en todas las formas en que Pekín puede sacar provecho de la IA ahora, antes de que sus máquinas se vuelvan contra el mundo. La estabilidad y la realidad dependen de ello.

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