El cambio climático está trastornando nuestro sistema alimentario, lo que lo hace vulnerable a futuras crisis

El cambio climático está trastornando nuestro sistema alimentario, lo que lo hace vulnerable a futuras crisis

REUTERS/Ivan Alvarado

En Kansas, más de 2.000 reses murieron en una ola de calor sin precedentes. En Túnez, los incendios arrasaron los campos de cereales. En el sur de China, unas inundaciones históricas dañaron casi 100.000 hectáreas de cultivos. En el norte de Italia, un grupo de presión agrícola advirtió que la sequía podría llevarse la mitad de la producción agrícola de la región.

Todo eso fue solo en el mes de junio.

El suministro mundial de alimentos se está viendo afectado por la escasez de mano de obra provocada por la pandemia, las interrupciones en la cadena de suministro y la guerra en Ucrania. En la base de todo ello está la crisis climática.

"Sin duda, siempre está ahí. Y a partir de ahora siempre va a estar ahí", afirma Ed Carr, director del Departamento de Desarrollo Internacional, Comunidad y Medio Ambiente de la Universidad de Clark.

El aumento de las temperaturas lleva décadas modificando las condiciones climáticas y los ecosistemas de todo el planeta, antes de que empezara la pandemia o la guerra. Eso está minando la seguridad de nuestro sistema alimentario y preparándolo para nuevas crisis.

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No todo son malas noticias, pero el futuro de la alimentación pende de un hilo. Esto es lo que nos dicen los expertos, los estudios científicos y los informes internacionales sobre el clima.

¿Qué es el cambio climático? ¿Cuál es el problema?

Un incendio forestal arrasa España durante la segunda ola de calor del año, en Tábara

Cuando el ser humano quema carbón y petróleo como combustible, libera dióxido de carbono. La concentración de este gas en la atmósfera ha aumentado un 50% desde 1850, y el ritmo de aumento se ha triplicado desde la década de 1960

Todo ese dióxido de carbono (además de otras emisiones, como el metano, procedentes de nuestra agricultura, los vertederos y la destrucción de la tierra) está atrapando cada vez más el calor del sol, aumentando la temperatura global.

El gráfico de líneas muestra el rápido aumento del dióxido de carbono atmosférico a medida que aumentan las emisiones humanas

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La cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera (línea azul) ha aumentado junto con las emisiones humanas (línea gris) desde el inicio de la revolución industrial en 1750. NOAA Climate.gov

La cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera (línea azul) ha aumentado junto con las emisiones humanas (línea gris) desde el inicio de la revolución industrial en 1750.

Desde 1850, la dependencia de los combustibles fósiles por parte del ser humano ha provocado un aumento de la temperatura media mundial de 1,1 grados centígrados, y los científicos advierten que podemos enfrentarnos a un calentamiento catastrófico de 1,5 grados en 20 años. 

Puede que no parezca mucho, pero está alterando el clima y los ecosistemas del planeta, en detrimento del suministro mundial de alimentos.

Entonces, ¿cómo están conectados exactamente el cambio climático y la crisis alimentaria?

El cambio climático está haciendo que las sequías, las inundaciones, los incendios forestales y las olas de calor sean más graves y frecuentes, según la sexta evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, publicada por entregas a lo largo del año pasado.

Los científicos no pueden relacionar cada uno de los fenómenos con el cambio climático, pero las investigaciones demuestran que el aumento de las temperaturas afecta a la aparición general de fenómenos meteorológicos extremos. Estos fenómenos pueden devastar las cosechas y matar al ganado, como ocurrió en Kansas, Túnez, China e Italia el mes pasado.

El cambio climático también provoca daños crónicos a largo plazo en nuestros sistemas alimentarios.

A medida que aumentan las temperaturas, los científicos temen que algunas regiones del mundo se vuelvan inhóspitas para los alimentos de los que dependen las economías. 

Varios estudios han demostrado que el aumento de las temperaturas puede reducir el rendimiento de los cultivos básicos que representan dos tercios de todas las calorías que consumen los seres humanos: trigo, arroz, maíz y soja. El año pasado, un estudio de la NASA preveía que la crisis climática provocaría un descenso del 24% en el rendimiento del maíz, un cultivo que forma parte de innumerables productos alimenticios y alimenta al ganado en todo el mundo.

"La mayoría de las grandes regiones productoras de cereales del mundo están viendo algún tipo de señal climática, algún tipo de estrés climático", apunta Carr, que también es coautor del informe del IPCC.

En 2021, los investigadores de la Universidad de Cornell calcularon que la productividad agrícola mundial era ya un 21% inferior a la que habría sin el cambio climático. Otras investigaciones sugieren que el aumento de los niveles de dióxido de carbono agota los nutrientes de algunos cultivos.

"Vemos menos proteínas, menos hierro y menos zinc en los granos con niveles de CO₂ más altos", comenta Toshihiro Hasegawa, que estudia el arroz y colaboró en el capítulo sobre alimentos del informe del IPCC. "Eso es realmente preocupante, y alarmante para las personas que dependen sobre todo de la dieta de los principales alimentos básicos".

Los océanos también se están calentando. Eso está forzando la migración de las poblaciones de peces, una fuente crítica de proteínas para miles de millones de personas. Islandia, por ejemplo, está perdiendo peces clave, como el capelán y el bacalao, que nadan hacia el norte en busca de aguas más frías. Los ríos también se están calentando, lo que ha provocado un descenso de las poblaciones de salmón en el noroeste de Estados Unidos.

Los océanos también se han vuelto un 30% más ácidos al absorber parte del dióxido de carbono que las actividades humanas han añadido a la atmósfera. Los mariscos, como las ostras, las almejas y los mejillones, no pueden escapar del calentamiento y la acidificación de las aguas, por lo que son más propensos a morir.

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El informe del IPCC afirma que los efectos del cambio climático en determinadas poblaciones de peces no se han estudiado suficientemente, pero concluye que el calentamiento y la acidificación de los océanos están agotando las poblaciones de peces.

En general, el IPCC ya ha documentado la disminución de la calidad o el rendimiento de los alimentos en todos los continentes a causa del cambio climático, como se muestra en el siguiente mapa.

mapa cambio climático

Eso suena mal, ¿es lo peor?

No. Si no reducimos las emisiones, hasta el 10% de las actuales zonas de cultivo y ganadería del planeta podrían dejar de ser aptas para la agricultura en 2050, según las proyecciones del IPCC.

Especialmente en África, Australia y el Mediterráneo, los científicos prevén que el calor y la escasez de agua pondrán a prueba la agricultura. Si las temperaturas globales aumentan 2 grados centígrados por encima de la norma preindustrial —lo que está bien dentro de nuestra trayectoria actual— el IPCC prevé un aumento de la malnutrición, sobre todo en el África subsahariana, el sur de Asia, América Central y del Sur, y en las islas pequeñas. 

Muchos de estos lugares ya luchan contra el hambre, y la situación podría empeorar.

"A menos que nosotros, como comunidad mundial, hagamos recortes muy significativos en nuestras emisiones de gases de efecto invernadero, podemos anticipar que tendremos muchas más crisis e incidentes de inseguridad alimentaria aguda, así como impactos en términos de precios de los alimentos", asegura Rachel Bezner Kerr, la otra colíder del capítulo del informe del IPCC sobre alimentos.

El cambio climático también supone un aumento de los riesgos para la seguridad alimentaria. 

Este año, en Estados Unidos, un brote de gripe aviar provocó un aumento de casi el 300% en el precio de los huevos. El IPCC advierte que es probable que haya más brotes de enfermedades infecciosas, ya que el aumento de las temperaturas permite que nuevas plagas y patógenos se superpongan al ganado y a los cultivos.

Mujeres que huyeron de la sequía hacen cola para recibir alimentos distribuidos por voluntarios locales en un campamento de desplazados en el barrio de Daynile, en Mogadiscio, Somalia, el 18 de mayo de 2019

 ¿Serán mis alimentos favoritos más caros o difíciles de encontrar?

No está claro. Son muchos los factores que influyen en los precios de los alimentos, como la oferta de mano de obra, las relaciones internacionales, la eficiencia de la producción de alimentos y la demanda de los consumidores de determinados alimentos.

Por ahora, los principales alimentos no corren un peligro inminente de desaparecer, pero algunos favoritos de los consumidores, como el café, el chocolate y el vino, son especialmente vulnerables al cambio climático.

"Realmente se reducirá a: ¿Cuánto estás dispuesto a pagar? O supongo que, dada la desigualdad dentro de nuestro país: ¿Cuánto puedes pagar por tu comida favorita?", reflexiona Carr.

Es probable que las zonas de cultivo de café en América Central y del Sur, Vietnam e Indonesia experimenten un aumento de la temperatura media que dificulte la producción del cultivo. 

Un estudio publicado en enero en la revista PLOS One preveía una disminución "drástica", de alrededor del 50%, de las zonas aptas para el cultivo del café en 2050. Entre 2020 y 2021, las condiciones meteorológicas extremas en Brasil hicieron subir el coste del café en un 70%, según informó The New York Times, citando datos del Fondo Monetario Internacional.

El café podría convertirse "en una bebida especial, o en un capricho que se toma de vez en cuando", adelanta Bezner Kerr.

El chocolate podría sufrir un declive similar. La mayor parte del cacao del mundo —el 70%— se cultiva en Costa de Marfil y Ghana, según el Foro Económico Mundial, donde las condiciones más secas podrían hacer que las explotaciones de cacao no sean aptas para las plantas.

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Los trastornos climáticos están provocando escasez en todo el mundo. Los incendios forestales y las sequías están asediando los viñedos de California y el Mediterráneo

La grave sequía en México está reduciendo la producción de chiles y provocando una escasez de Sriracha. Las manzanas sufrieron el calor extremo del año pasado y las heladas de finales de la primavera en Estados Unidos. En Francia y Canadá, los productores de semillas de mostaza informaron de que el cambio climático había reducido la producción a la mitad en 2021.

La crisis climática no es nueva, ¿cómo se han puesto las cosas tan mal este año?

Un miembro del servicio ucraniano sobre un campo de trigo en llamas cerca de la línea del frente, en la frontera entre las regiones de Zaporizhzhia y Donetsk, durante el ataque de Rusia a Ucrania el 17 de julio.

Los daños causados por el cambio climático y otros acontecimientos, como la guerra en Ucrania y la pandemia de coronavirus, se agravan mutuamente. La guerra, por ejemplo, está exacerbando una escasez preexistente de fertilizantes y cortando un suministro mundial crucial de trigo.

Incluso lugares que no dependen del trigo o los fertilizantes de Ucrania han sufrido el aumento de los precios mundiales de los alimentos. 

En Malawi, por ejemplo, los agricultores ya se estaban recuperando de un comienzo tardío de la estación de las lluvias, que provocó graves inundaciones. El país recurrió a las importaciones para reemplazar las cosechas perdidas, pero ahora el aumento de los precios mundiales podría hacer que los alimentos importados sean demasiado caros para muchos malawianos, lo que provocaría una escasez de alimentos.

"El clima por sí mismo, en estos momentos, no suele provocar resultados terribles en el acceso a los alimentos" puntualiza Carr, y añade: "Pero se está cruzando con muchos otros factores de estrés que están ahí fuera". 

La pandemia de coronavirus asestó un duro golpe a las cadenas de suministro y sigue provocando escasez de mano de obra. Esto debilitó la cadena de suministro de alimentos desde la granja hasta el plato y elevó los costes.

"La interacción entre un factor no climático, como un conflicto, y un factor climático, como la sequía, en una región concreta, tiene un impacto cada vez mayor, lo que conduce a crisis alimentarias realmente graves", asegura Bezner Kerr.

¿Podemos arreglarlo?

No podemos evitar que el planeta se caliente en los próximos años, ya que los gases de efecto invernadero que ya hemos añadido a la atmósfera seguirán atrapando el calor. Pero podemos reducir los gases de efecto invernadero que emitimos y adaptar nuestros sistemas alimentarios a los cambios que ya se están produciendo.

Esas adaptaciones son diferentes según la región y los problemas climáticos a los que se enfrenta. Algunas explotaciones ya han tenido éxito con nuevas tácticas de gestión del agua, la diversificación de los cultivos y la integración de éstos con la ganadería y los bosques para mejorar la calidad del suelo. Las instituciones de investigación también están desarrollando variedades de cultivos básicos más resistentes a la sequía, como el maíz.

Los investigadores tienen que estudiar más esas soluciones para saber si funcionarán a escala.

Para evitar que la crisis se acelere aún más, debemos dejar de añadir carbono a la atmósfera y hacer la transición de los combustibles fósiles a fuentes de energía más renovables, como la solar y la eólica.

Tenemos que hacer esos cambios ahora, o "el futuro se presenta sombrío", alerta Bezner Kerr. "Creo que es una oportunidad, una oportunidad esperanzadora, y es una ventana que se cierra".

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