Estados Unidos aprueba aumentar la exportación de gas mientras Europa da la espalda a Rusia: a finales de 2022 será el primer país del mundo en capacidad exportadora de GNL

Un buque de transporte de GNL.
Un buque de transporte de GNL.

Reuters/Issei Kato

A pesar de que los países de la Unión Europa y sus aliados continentales llevan casi 3 semanas intentando buscar una alternativa eficaz y eficiente al gas ruso, no es tan fácil cortar el grifo de un día para otro.

Multitud de líderes europeos, tanto nacionales como internacionales, han manifestado la necesidad imperiosa de cortar relaciones económicas con Rusia para poner fin a la financiación de la invasión de Ucrania.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europa, dejaba claro que, aunque no es un solución que corta de raíz esta problemática, aumentar la inversión y la generación energética proveniente de fuentes renovables es el camino a seguir desde ya mismo.

"Cada kilovatio-hora que genera Europa de energía solar, eólica, hidráulica o biomasa reduce nuestra dependencia del gas ruso y otras fuentes de energía", señalaba von der Leyen. "Es una inversión estratégica porque, por encima de todo, una menor dependencia del gas ruso y otros combustibles fósiles implica menos dinero para el cofre de guerra del Kremlin".

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Pero como esto es un plan a medio y largo plazo, Europa necesita diversificar sus importaciones para lograr sus objetivos, tal y como indicaba Euractive.

Varios países productores de gas cercanos a la UE, como Noruega o Argelia, han aumentado significativamente sus exportaciones de gas natural licuado (GNL) para poder satisfacer la demanda continental.

Esta solución, que sirve como parche para lo poco que queda de invierno en Europa, no sirve a largo plazo si se busca que sustituya por completo la dependencia energética rusa, según opinaba en una entrevista en France Inter la CEO de Engie, Catherine MacGregor.

Argelia, que tiene infraestructura de conexión con España e Italia, ya ha abierto conversaciones con el país transalpino para estudiar la posibilidad de aumentar el flujo de gas al continente para ayudar a reducir ese 40% de importaciones de gas ruso, según El Mundo.

Ahí es donde Estados Unidos, uno de los mayores productores de gas del mundo puede jugar un papel fundamental en este giro de 180º de la política energética de Europa.

Precisamente este miércoles, Estados Unidos aprobaba aumentar las exportaciones de GNL a terceros países en medio de una crisis de precios de la energía que está pasando factura a prácticamente todos los sectores de la economía.

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"Esta autorización permitirá un mayor flujo operacional para nosotros y nuestros clientes en este momento crucial y en las próximas décadas", señalaba en un email recogido por Euractive la compañía Chenerie, operadora de los gasoductos de Sabine Pass, Luisiana y Corpus Christi.

Esta nueva ampliación aceleraría el objetivo de convertirse en el mayor exportador mundial en términos de GNL del mundo para finales de este 2022, según comunicaba el propio Gobierno estadounidense.

Para poder recibir esas ingentes cantidades de GNL, Europa necesitaría mejorar su infraestructura de interconexión entre los países que poseen regasificadoras de GNL. Especialmente con los países del centro, norte y este del continente, los más dependientes del gas ruso.

Uno de los inconvenientes del GNL es que es más caro que el que proviene a través de gasoductos, y haría que el precio de la luz siguiera alto. Requiere ser licuado, transportado en grandes buques a través del océano, después volver a ser gasificado y, por último, transcurrir de nuevo por gasoductos. A todo este proceso se le suma el inconveniente de tener que competir con la alta demanda asiática de GNL.

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