El transporte de las vacunas contra el COVID-19: una odisea repleta de medidas de control y seguridad

El transporte de las vacunas contra el COVID-19: una odisea repleta de medidas de control y seguridad

Piroschka van de Wouw/Reuters

  • El transporte y la distribución de las vacunas contra el coronavirus supone un enorme reto logístico que involucra numerosos responsables, protocolos y medidas de control.
  • El mantenimiento de la temperatura y la seguridad durante su viaje son claves, y se logran gracias a diversos medios: desde vehículos especialmente diseñados hasta geolocalizadores y alarmas, pasando por hielo seco y camuflaje.
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Aerolíneas, empresas de transporte, compañías farmacéuticas, aeropuertos y personal de aduana, policía y un largo etcétera. Existe toda una compleja red de actores y procesos detrás del transporte y la distribución de las vacunas del coronavirus.

En cuanto a los medios, son igualmente numerosos y variados: ultracongeladores, tecnología, hielo seco, alarmas, camiones refrigerados, aviones de carga, geolocalizadores y camuflaje se encuentran entre las medidas que se han debido llevar a cabo para garantizar la vacunación contra el COVID-19 en los distintos puntos del mundo.

Todo ello junto forma parte del enorme desafío logístico que ha supuesto el transporte de vacunas.

"La distribución segura de las vacunas contra el coronavirus será la misión del siglo para la industria aérea de carga global", previó ya en septiembre pasado Alexandre de Juniac, director general de la IATA (Asociación Internacional de Transporte Aéreo, por sus siglas en inglés).

Se trata del "mayor reto de transporte de la historia", declaró entonces a BBC, cuando calculó que sería necesaria una capacidad de carga equivalente a 8.000 aviones Boeing 747, en el caso de que solo hiciese falta una dosis de la vacuna por persona, lo que se ha visto que no es así.

Pero los aviones son solo uno de los eslabones de esta cadena. En ella, el control de la temperatura es uno de los puntos clave del proceso, ya que puede afectar a la calidad de las dosis.

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Vacunas como la de AstraZeneca requieren temperaturas relativamente normales, mientras que la de Moderna necesita estar en torno a los -20 °C. 

La vacuna contra el coronavirus de Pfizer-BioNTech sube un poco más la apuesta, con una conservación que se sitúa entre 70 °C y 80 °C bajo cero, aunque nuevos datos dan esperanzas para que se puedan almacenar a temperaturas menos extremas.

Para conseguirlo, el protagonismo recae sobre el hielo seco. Se trata de dióxido de carbono congelado, una sustancia catalogada como peligrosa para la seguridad de las aerolíneas, ante la que se levantan muros de protección como fuertes protocolos, aviones especializados y contenedores estancos, informa RTVE.

Por supuesto, las instalaciones y los camiones para el transporte por carretera también deben estar especialmente diseñados para mantener la cadena de frío en todo momento y garantizar que no se produzcan cambios de temperatura en el producto, como explica la empresa de transporte AirPharm: una de las compañías autorizadas por la Agencia del Medicamento para actuar como operador de aduanas.

La presencia de indicadores que registran la temperatura y las puertas herméticamente cerradas de los vehículos se suman a unos contenedores especiales con capacidad para almacenar las vacunas en las condiciones adecuadas durante un máximo de 30 días. Fuera de ellas, solo aguantarán hasta cinco días más a una temperatura de entre -2 °C y -8 °C sin perder su eficacia, según Economía Digital.

Asimismo, comunidades autónomas como Aragón o Madrid han adquirido equipos de ultracongelación para su almacenamiento.

Además del frío, la seguridad es otro factor vital en el transporte de las vacunas de COVID-19. En regiones como la Comunidad Valenciana, el protocolo incluye una constante revisión de los lotes, la caducidad y la cantidad de las dosis, antes de enviarlo a su lugar de destino.

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Unas tiras térmicas hacen saltar una alarma si se produce un cambio de temperatura en la mercancía, y otra se dispara ante un intento de robo. Además, la presencia de un geolocalizador permite saber en todo momento la ubicación de las vacunas. Y, por último, estas van camufladas en cargamentos junto con otras mercancías que requieren similares condiciones, informa Nius.

Toda una odisea repleta de protocolos, medidas, controles y responsables con el fin de garantizar el viaje de las vacunas, desde los laboratorios de las compañías farmacéuticas que las crean hasta el brazo de cada paciente.

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